Semana
39
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EL MONSTRUO (Capítulo I: Soy ginebrino)

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EL MONSTRUO 

"Soy ginebrino"

Lo despierta la melodía del teléfono, antes de contestar sabe que el domingo en el campo se ha ido al garete. Lo coge y descuelga la llamada.

—Buenos días —Su voz suena ronca.

—Buenos días, soy Alberto. Perdona que te moleste tan temprano, pero Ezequiel está inoperativo. Anoche sufrió un dolor de apendicitis; me han pedido que te llame. Han encontrado el cuerpo de una mujer. La cosa pinta seria…Siento fastidiarte este día, de verdad.

—No pasa nada. Tú no tienes culpa. Me preparo y voy para allá. ¿Estás allí?

—Sí. Alberto...

—Dime.

—Ven desayunado.

El "Ven desayunado", no es muy aragüeño. Normalmente un ven desayunado o espero que hayas comido, entre ellos, es preludio de algo, cuanto menos, escabroso.

Se gira en la cama, para ver si su esposa se ha despertado. Parece dormida; está de espaldas a él.

—¿Estás dormida? —le susurra.

—No, lo he oído todo. Vete, ya me invento algo que decirle. No te preocupes.

—Ezequiel está enfermo, tengo que sustituirlo.

—Lo he oído —Su voz fría y el silencio que le sigue, le suenan a resignación.

Se levanta, se asea rápido y toma un café que deja a medias. Se asoma a la habitación para despedirse de su esposa, pero duerme, o lo finge, piensa.

Sale de la casa leyendo el mensaje que Alberto le ha mandado explicándole dónde está el lugar del crimen, «parque municipal». Después de asegurarse a dónde tiene que dirigirse pone en marcha el coche y sale hacia allí. Conduce distraído, y no pensando en lo que pueda encontrar, se maldice, acaba de perder otra oportunidad de arreglar un poco su situación familiar. Lleva mucho tiempo, demasiado, distante con su mujer. Su relación está enfriándose a pasos agigantados y en un intento de acercamiento, había planeado pasar un día de campo los tres, ellos y su pequeña. Ella es ahora mismo, lo único que los mantiene unidos. Está seguro de que si no tuviesen a su hija, ya haría tiempo que no estarían juntos. Hay días que creé que lo mejor es dejarlas; coger una maleta y apartarse de sus vidas, pero otros, como hoy, siente que no podría estar lejos de su niña, que no tiene fuerza para no verla todas las noches; su carita, su sonrisa, sus besos. ¿Y sin su mujer? Le duele, pero esa pregunta está dejando de preocuparle, le duele, pero está dejando de quererla.

Los coches de policía y ambulancias le sacan de sus pensamientos. Aparca, se baja del coche y entra en el parque atravesando el cordón de seguridad, identificándose.

Alberto le hace señas en cuanto lo ve, para que se le acerque.

—Perdona, de vverdad.

—No es culpa tuya —le contesta resignado—. ¿Dónde...?

—Ahí. Justo en el centro del parque.

Se dirigen juntos. Alumbrado por los focos de la científica se encuentra el cuerpo de una mujer. Totalmente desnuda, tumbada boca arriba con los brazos extendidos y pegados al tronco, las piernas también extendidas y juntas. A simple vista solo hay una cosa fuera de lo normal, no tiene cabeza.

 

Publicado la semana 39. 30/09/2018
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En cualquier momento , Novela
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