Semana
37
Charlies

FANTASMAS EN LAS TRINCHERAS (II)

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Relato
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Al fondo de la gavia, había una mujer; estaba parada, mirándolo fijamente. Llevaba un elegante vestido y estaba perfectamente peinada y maquillada, era muy guapa. Una imagen que chocaba demasiado en aquella asquerosa fosa. Se incorporó despacio, o estaba soñando o estaba… ¿habría muerto durante la noche y estaba en algún tipo de limbo? Una ráfaga de aire le dio en la cara, dejando a su alrededor un delicioso olor a perfume. No sabía qué hacer. Miró a su alrededor en busca de sus compañeros, pero no había nadie, imposible. ¿Dónde estaban todos? Se giró a la derecha, pero estaba totalmente vacía: solo fango, trozos de madera, armas medio enterradas, algunos cascos, pero nadie, se volvió de nuevo al otro lado y casi se cae de espaldas del susto, la mujer estaba a apenas medio metro de él. Asustado, con el corazón golpeándole el pecho, dio un paso hacia atrás. ¿Hola? Le susurró. Más que un saludo era una o muchas preguntas, ¿quién eres? ¿qué haces aquí?... La mirada de la mujer le heló la sangre. Abrió despacio la boca y murmuró algo que no entendió, a continuación extendió una mano y le ofreció un papel. Lo cogió despacio, estaba temblando. En ese momento la mujer empezó a gritar y a llorar desesperada. Lo miraba con odio, con rabia. Cayó al suelo de rodilla, y se llevó las manos a la cara desconsolada. Cuando se descubrió el rostro y volvió a mirarlo, tenía el peinado destrozado y el maquillaje se mezclaba de forma grotesca con lágrimas y barro. Los gritos parecieron bajar de intensidad. Se dio cuenta que repetía continuamente una pequeña frase, siempre lo mismo. Se estremeció pensando en que podía estar diciendo. Miró lo que Le había dado, era una carta, y volvió a estremecerse. Despacio comenzó a dar pasos hacia atrás. La mujer seguía de rodilla, gritando y llorando, pero ahora parecía que no lo veía. La sintió sola. El miedo que hacía unos segundos lo tenía paralizado estaba dejando paso a otros sentimientos.

Chocó con la espalda contra unas maderas, había llegado al final de ese tramo, ahí la trinchera se dividía en dos formando una T. Miró a ambos lados, continuaba sin ver a los compañeros, a su izquierda, vio dos siluetas, dos personas juntas, de espaldas a él, dos personas, pero que estaba seguro que no eran soldados, no eran compañeros suyos. Parecían mayores, parecían una parejas, parecían abuelos. De nuevo el miedo. Miró al otro lado, allí no veía a nadie. Sin embargo había algo en aquel tramo, cerca del fondo que no conseguía distinguir, lo que tenía claro es que no era ningún utensilio para la batalla, nada que debiera estar ahí. Volvió a mirar hacia donde estaban las dos siluetas; seguían donde mismo. Decidió ir por donde no veía a nadie. Comenzó a andar despacio, pero tuvo que volver a mirar atrás para asegurarse que las dos siluetas no se habían vuelto, la simple idea de que pudieran estar mirándolo o peor, que fueran hacia él, lo aterraba, pero seguían donde mismo, ahora se abrazaban. Aquello lo angustió. Continuó avanzando. 

Publicado la semana 37. 16/09/2018
Etiquetas
En cualquier momento , Guerra
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