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Charlies

CRÓNICA DE UN SUICIDIO POR EMPAREDAMIENTO (III)

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VIII

Me he quedado dormido. Por fin. Y he tenido un sueño raro. Mi compañero de clase, El Gordo, el que me dio los golpes y me aconsejó comerme el corazón con las tres letras, estaba en mi casa. Se comía una hamburguesa con una cerveza al otro lado del muro, paseaba pegado a la pared, de un lado a otro. Miraba de vez en cuando por los agujeros y se reía. Con esa inmediatez que solo existe en los sueños, le salieron alas en la espalda, de pronto se convirtió en un insecto. Aparecieron más, muchos, revoloteando por la habitación. Todos tenían la misma cara redonda y antipática, la misma sonrisa grotesca. Uno de ellos se asomó al agujero. Cuando desperté habían varios orificios tapados. Los he dejado así. Quizá lo mejor sea que los tape yo mismo. Todos. Y que el hijo de puta del Gordo-insecto se joda. Perdón por esas palabras, pero es que…

Quería quitarme la vida emparedándome, contando el proceso. Quería irme dejando algo escrito que se leyera con suficiente interés. Quería conseguir en mi muerte lo que no fui capaz en la vida. Pensaba hacer una descripción de esta tumba, que la convirtiera en un lugar claustrofóbico, con metáforas geniales. Pensaba ir escribiendo paso a paso mi deterioro físico y mental. Quería, pensaba, y lo único que he conseguido es desvariar con unos insectos y un niño de diez años que ahora tiene más de cuarenta.

No valgo para esto.

Creo que voy a comer sopa de letras… No sería la primera vez.

Me comería mis propias palabras, literalmente.

Ja ja ja. 

 

IX

He estado dudando, no he podido evitarlo. Podría no contarlo, pero que triste de mí, si ni en este momento fuese sincero. Me he arrepentido. He cogido la paleta con la que he hecho el muro, me he acercado y he intentado raspar con ella el mortero para salir de aquí. Lo único que he conseguido es hacer una pequeña marca. Al volverme para sentarme me he vuelto a marear y me he caído. Me he clavado un trozo de ladrillo en la palma de la mano, y he sangrado. Miré ese líquido espeso y oscuro. La sensación de sed se intensificó.

La sangre tiene un sabor extraño. Siempre me dio asco cuando veía a mis amigos chuparse alguna herida. Yo nunca fui capaz de hacerlo. Ha sido un sabor nuevo para mí.

Ha dejado de sangrar. Es una herida grande, seguro que me dejará cicatriz, bueno, me hubiese dejado.

No sé que hay detrás del muro, pero sigue ahí.

 

X

Me ha dado un ataque de nervios, de pánico más bien. No sé de dónde he sacado las fuerzas, pero me levanté, cogí uno de los ladrillos y me puse a dar golpes al muro, y a gritar.

¡Ayuda! ¡Socorro! 

¡¿Hay alguien?! ¡¿Quién eres?!

¡Sé que estás ahí! ¡Sácame de aquí!

¡Por favor!

He gritado con todas mis fuerzas, y he derramado todas las lágrimas que me quedaban.

Las manchas siguen parpadeando. Estará esperando a que me muera.

Con los golpes la sangre ha vuelto a brotar; ya no me da asco.

No sé como describir el hambre y la sed que tengo. Si los ladrillos pudieran masticarse me los comería.

Me cuesta moverme. Me cuesta respirar.
Queda poco. 

 

Publicado la semana 25. 24/06/2018
Etiquetas
Relatos , Solo y a oscuras , Terror, Soledad
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