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Charlies

CRÓNICA DE UN SUICIDIO POR EMPAREDAMIENTO (I)

Un título absurdo, ¿verdad? Escribiendo fui siempre mediocre, pero para los títulos patéticos tenía un don. Este tiene su explicación, porque básicamente es eso de lo que habla, y además basado en un hecho real, como ya habrás o habréis descubierto. 
Se le buscará otra oscura explicación, pero háganme caso, es suicidio, por muy extravagante que parezca. 
Para hacer esto solo me hizo falta tener conocimientos básicos de construcción, y de eso sabía algo. Antes de nada, para que no quede duda explicaré un poco el proceso. Compré el material suficiente para construir una pared como la que habéis encontrado, me aseguré que no me faltará de nada, hubiese sido frustrante y hasta ridículo haber dejado el trabajo a medias. Coloqué el mortero y los bloques a este lado. Cogí papel y bolígrafo de sobra, varias linternas y bastantes pilas, para no quedarme a oscuras. Dudé en si debía coger agua, hay tres formas de morir emparedado, por asfixia, por hambre y por sed. La primera no entraba en mis planes, si quiero escribir sobre mi muerte, la asfixia acortaría demasiado los plazos. Mi duda era si mantenerme hidratado o no.

***

Hace un momento he colocado el último ladrillo tapando con mortero la ranura que queda en el techo y he quedado totalmente emparedado.
Siempre me gustó la soledad, pero ahora la siento de otra manera. Aún puedo golpear las últimas hileras que no han fraguado, pero estoy totalmente convencido. Coloqué unos cuantos ladrillos formando un banco sobre la pared de enfrente y ahí me he sentado. Por los pequeños orificios que he dejado de vez en cuando para que entre aire, se cuela una leve claridad. He apagado la linterna y agujas de luz han atravesado la oscuridad desde los agujeros hasta la pared donde me apoyo. Me he arrepentido de no dejar las persianas de la casa cerradas.
He vuelto a encender la linterna y las agujas  volvieron a convertirse en pequeñas manchas. La he apagado y encendido varias veces. Es divertido. 
Miré las libretas, reuní varias, sabía que no las gastaría todas, pero es mejor que sobren a quedarme sin papel. Cogí la primera y empecé a escribir. Y aquí estoy, haciendo una crónica de mi muerte. A partir de ahora iré contando a modo de diario el proceso.

I

No sé cuanto tiempo llevo, decidí no traer reloj, pero he tocado el mortero y está seco, así que supongo que han pasado varias horas, ya no hay marcha atrás. No he podido evitar la tentación de mirar por uno de los orificios. Se ve el salón. Entra luz por el ventanal, por el tono creo que pronto será de noche.
Tenía mucha sed, pero solo he bebido un pequeño trago, tengo una botella, y tendré que racionarla. Algo de lo que me he arrepentido es de no haber traído, al menos, un cojín; estoy muy incómodo. Mucho.
De momento tengo que tener paciencia, tardará tiempo en llegar el final, mi final. 


II

Me he quedado dormido, es de noche, pero la oscuridad no es total, por el ventanal entra claridad y se cuela dentro con discreción.
No puedo evitar imaginarme el exterior. El cielo despejado con luna llena, o casi llena. La noche templada. Las hojas de los árboles, apenas mecidas por una brisa inapreciable. ¿Habrán personas paseando? Seguro que alguna. ¿El vecino de enfrente paseando con su pastor alemán? ¿La hija del farmacéutico, llegando de estudiar? ¿El dueño del bar “La barca”, que suele cerrar temprano? ¿Me echará alguien de menos? Seguro que no. 
Tengo miedo, no sé porqué ni de qué, pero lo tengo. Me he despertado intranquilo. Siempre he sido un cobarde. Es más, mi cobardía es la que me ha llevado hasta aquí, a la soledad más extrema, aquí nadie me juzga.
Tengo sed y hambre.
No he contado ciertas cosas que probablemente os preguntéis. Vivo solo en un unifamiliar, nadie me echará de menos en algún tiempo. Llegado el momento, espero que el suficiente, terminarán viniendo a mi casa a buscarme. Al entrar en mi salón encontrarán en la pared frontal escrito con letras grandes, “Estoy ahí dentro”, con una flecha señalando hacia aquí. Sé que resulta todo muy extravagante; es mi intención.
Llevo toda la vida pasando desaparecido, mi muerte no será igual.
Tengo hambre. He dado otro trago al agua, quizá demasiado grande, y sigo con sed.

III

He vuelto a quedarme dormido. Al despertar he notado algo que no me cuadra, no conté los agujeros que dejé en la pared, pero juraría que falta uno. Hay siete. He examinado la pared y he descubierto algo extraño. Había un hueco, un supuesto orificio de los que dejé, que parece que estuviera tapado desde fuera, alumbré, pero no conseguía ver qué podía ser. Le introduje un bolígrafo, me costó un poco, pero lo que sea cayó al otro lado. Eran ocho.
¿Qué demonios era eso? ¿Y cómo ha llegado allí? 
Me quedé un rato quieto, mirando por el agujero. No podía haber nadie en la casa, solo mi hermana tiene llave, y vive fuera. Confío en que venga cuando haya pasado demasiado tiempo sin saber de mí. 
Lo mismo es algún insecto.
Nunca he tenido tanta hambre, en teoría llevo unas veinticuatro horas sin comer. 
He bebido agua, demasiada otra vez.
Qué despacio pasa el tiempo. Echo de menos mi reloj.

IV

Hay seis agujas, no puede ser. 
Me he quedado dormido tumbado en el suelo, la linterna estaba apagada, y he visto seis agujas, seis. Cogí la linterna y comprobé que no funcionaba. Encendí otra. Las agujas volvieron a desaparecer. Me acerqué a la pared para buscar los orificios. Cogí el bolígrafo y empujé otra vez lo que sea que los tapaba.
¿Qué era? 
No entraba en mis planes de suicidio pasar miedo. 
Juraría que una de las manchas de luz ha parpadeado.
Será uno de los incestos que los taponan. Pero ¿qué incestos? las persianas las he dejado medio levantadas, pero los cristales están cerrados. Habrán entrado por cualquier ranura. 
Es difícil de explicar lo que siento, me comería una de las libretas. He oído hablar de lo que una persona puede llegar a hacer por hambre y ahora mismo no me sorprendería nada que termine comiéndomelas. Menos mal que compré de sobra, porque no creo que tarde en comerme un sándwich de celulosa. 
Otra vez he bebido demasiada agua, queda menos de la mitad, apenas un tercio. Soy pésimo con el racionamiento.
Cuando terminé el muro me sentí muy solo, pero ahora mismo tengo la sensación de que no es así, si no estuviera encerrado a cal y canto, buena expresión, en cinco metros cuadrados, juraría que alguien me observa, casi siento una presencia.
Ha parpadeando otra mancha de luz. 
Me estoy sugestionando.

Publicado la semana 23. 10/06/2018
Etiquetas
Solo y a oscuras , Relatos, Terror, Soledad
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