Semana
22
Charlies

MÁ... TA...

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Relato
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—No te parece raro el tiempo que llevamos viendo solo carretera recta, ni una sola curva? 
—La verdad es que es exageradamente grande, y tiene pinta de seguir.
—¿Cuánto se supone que queda?
—Se supone que deberíamos haber llegado.
—¿Te habrás confundido?
—No, no. Estaba bastante claro. Lo vimos bien.
—Pues algún bromista les habrá dado la vuelta a las señales.
—¡Anda ya! Estaremos al llegar.
—¿Tú crees? Como se siga alargando terminaremos sin gasolina en medio de una carretera sacada de una novela de Stephen King.
—La verdad es que da un poco de miedo.
—Sí llega a venir tu novia, nos da el viaje.
—Ufff, estaría llorando, ja ja ja.
—No sabía que hubiese un bosque por esta zona.
—Ni yo, y cada vez hay más árboles, y más altos.
—Joder, tío, me estoy asustando un poco. Cuanto tiempo llevamos sin ver otro vehículo.
—No seas tonto, son las tres de la madrugada.
—Hombre, no digo que tenga que haber caravana, pero ¿nada, ni un camión siquiera?... ¡Hostia! había alguien ahí.
—¿Ahí donde?
—No pares, no pares, ¿estás loco? A saber si no es un psicópata.
—No voy a parar, pero que más que psicópata sería una alucinación. 
—Lo he visto perfectamente, estaba entre los árboles, y nos miraba. 
—Sí es así, es un tarado de mierda. 
—Ha sonreído, me ha dado escalofrío. 
—Confirmado, un tarado de mierda. Bueno, dos. 
—¡Por fin! ¡Una curva!
—Bueno parece que la recta llega a su fin. Joder, si que es cerrada. Otra. 
—Je je, por aquí se ve que son ordenados. Las rectas a un lado y las curvas a otro. Madre mía. Qué exageración de curvas. 
—Sí no llegamos pronto vamos a tener un problema, estamos en reserva. 
—Verás, al final nos quedamos tirados. 
—No he visto tantas curvas y tan seguidas nunca. 
—¡Joder, joder, joder! ¡Lo he visto otra vez! Me cago en todo. 
—Eres gilipollas, de verdad. 
—De verdad, te lo juro… me… me… 
—Como sigas mirándome así te doy una hostia. 
—Me ha dicho… 
—Ah, que te ha hablado y todo. 
—Le he leído los labios perfectamente. Má… ta… lo. 
—¿Cómo? 
—Lo ha dicho claro, no me ha hecho falta escucharlo. Má… ta… lo. 
—Te
—¿Qué? 
—Que te habrá dicho Te, má…  ta… te. 
—Te hablo en serio, tío. No estoy de broma. 
—Ya. 
—Estoy acojonado. 
—Una luz, allí hay algo. ¡Por fin! Qué alivio, es una gasolinera. 
—Qué mala pinta. De un libro de King pasamos a una peli gore. Al final acabamos descuartizados.
—Como no te calles, tú quizá. 
—No pares el motor, por si hay que salir corriendo. 
—Eres gilipollas. 
—Voy contigo, no me quedo solo ni en broma. 

 

—¿Hola? 
—Llama más fuerte.
—Espera.
—Qué de mierda, no me extrañaría que saliese alguien con una motosierra. 
—Calla, tarado, que viene alguien… Hola. 
—Hola. 
—Necesitamos gasolina. 
—Llene el depósito y luego venga a pagar. 
—No, querría solo unos veinte litros, llevo poco dinero. Mañana podré sacar en algún banco y quizá lo llene. 
—Sí no lo llena, no llegará a un banco mañana. 
—¿Cómo…? ¿Cuánto queda…? 
—Demasiado. 
—¿Cómo sabe usted…? 
—Haga lo que quiera. Hecho la gasolina que desee y pague.

 

—¿Qué carajo querías? Un codazo más y te daba un guantazo. 
—Ese tío es el que he visto en la carretera. Esto no es normal. 
—Tú si que no eres normal. 
—Llena el tanque y volvámonos.
—De volver nada, este está exagerando seguro. No puede estar muy lejos. Pero bueno, voy a llenar el tanque. 
—Paga rápido, en el coche te espero. No quiero volver a verlo. Aquí pasa algo raro, y no estoy borracho… ni loco. 
—Métete en el coche y calla de una vez.

 

—Deberíamos haber dado la vuelta. 
—¿Y perdernos lo que queda?
—¿Lo que queda? 
—¿Sabes? Le he preguntado si vamos bien, y me ha dicho que ir vamos, pero que hemos cogido por el camino más largo. Le he preguntado si había más formas de llegar, y me dijo que todos los destinos tienen varias formas de llegar. Es un tío raro de cojones.
—¿Te ha dicho algo de que nos ha visto antes?
—Otra recta, y parece que va a ser larga, también. 
—Sí, pero ¿te ha dicho algo o no?
—Llevabas razón, era lo. 
—¿Qué? ¿Porqué paras? Deja de mirarme así, idiota. No me gustan estas bromas, sabes que estoy acojonado. 
—Tenías razón, y deberías haberle hecho caso. 
—sigue conduciendo por favor, me estoy asustando. ¿A dónde vas? Joder. No te bajes, a saber qué puede haber entre estos árboles.

 

—¿Qué estás buscando en el maletero? ¡Me cago en todo! Suelta la llave y vuelve a dentro. 
—Lo
—¿Lo qué? Eres un hijo de puta. 
—Deberías haberle hecho caso. 
—Como sigas así, lo haré.
—Má…ta…lo.

 

—¿A ver cómo explico esto? “Miren, no sé si viene muerto, lleva un rato que no se queja. Se volvió loco, cogió la llave de cambiar la rueda y quiso golpearme y yo, como es lógico, me defendí”. Cuando vean la cantidad de golpes que tienes en la cabeza, tu cara parece un amasijo de carne, tío, das asco. Me he perdido… ah, ¿qué a ver si se creen lo de defensa propia? porque con un par de golpes hubiese bastado y llevas alguno más. Deberíamos habernos vuelto como te lo dije…Ese viejo sigue en la gasolinera. Espera en el coche, voy a hacerle una pequeña pregunta, no te vayas. No me mires así que es broma. Uff ese ojo no está donde debería.



—Hola... ¿Le hace gracia? Sí, si es sangre, pero no es mía. 
—Má… ta… te. 
—Creo que no le he oído bien, Ha dicho me, ¿verdad?

Publicado la semana 22. 01/06/2018
Etiquetas
Terror , De noche en carretera , Relatos
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