Semana
18
Charlies

EL TÍTERE Y LA BAILARINA

Género
Relato
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Levantó los brazos a su voluntad, sabía que era capaz, lo sabía. Emocionado miró los hilos que salían de sus muñecas, los siguió con la mirada hacia arriba, sin la ayuda, hasta ese momento necesaria para aquel movimiento. Sobre su cabeza, enganchada a un clavo en la pared, estaba la cruz de madera de donde salían, o llegaban, cada uno de los hilos que le habían dado esa vida ilusoria. Los siguió de nuevo con la mirada, pero esta vez hacia abajo. Despacio, tocó uno de ellos esperando algún tipo de sensación, pero no sintió nada. Agarró el hilo y tiró con fuerza hacia arriba, partiéndolo a la altura de la muñeca. Movió el brazo emocionado. Con esa mano agarró y tiró del otro. A continuación hizo lo mismo con los demás. Libre de ataduras, se incorporó despacio, con precaución; comprobó que los años de piruetas y posiciones casi imposibles le habían servido de algo; se mantenía perfectamente en pie. 
Miró a su alrededor, los demás seguían inmóviles. Avanzó entre ellos. Dejó atrás al brujo, a la princesa, al buhonero, al caballero, a todos, a todos los personajes que, como él hasta ese momento, permanecían apoyados sobre las paredes de aquel almacén, cada uno con su cruz encima. Se acercó a una esquina, a una caja de madera barnizada decorada con bonitos colores. Abrió es pestillo que la mantenía cerrada, y levantó la tapa. Y apareció, hermosa, pálida, de mejillas rosadas, erguida sobre las puntas de los pies. La música monótona comenzó a sonar, y ella, la muñeca más hermosa que había visto nunca, comenzó a girar. 
Embelesado, permaneció unos segundos observándola. Cuando terminó el primer giro y volvieron a cruzarse sus miradas, se decidió, y empezó a cantar. Llevaba tiempo con ganas de hacerlo. Cantarle lo que noche tras noche había compuesto. Una canción para ella.

“Baila, tú baila
No dejes de bailar
Baila todo lo que quieras
Pero lleva tú el compás 
No permitas que te marquen
Las piruetas de tu baile
Tú y solo tú
Dueña debes ser
De tu propia voluntad
Baila, tú baila
Lo que quiera bailar
Pero salte de esa caja
Que encierra tu libertad
Sal de esa maldita caja
Esa que hicieron un día
Artesanos del machismo
Con maderas de injusticia
Sal de esa maldita caja
Baila donde y cuando te salga del alma
No le bailes el agua a nadie
Que nadie te la baila a ti
Que pisen tus pies donde quieras 
Que a donde quieras que pisen
Allí me tendrás a mí 
Allí me tendrás a mí 
Allí me tendrás a mí 
Se como una mariposa
Que los aires se la llevan
O se firme como el paso
De una guerre..guerre..guerre
De una guerre..guerre..guerre
De una guerrera
Que me tienes
Que me tienes
Que me tienes
Para bailar a tu vera
Baila, tú baila
Nunca dejes de bailar
Baila todo lo que quieras
Pero lleva tú el compás 
Baila, tú baila
Nunca dejes de bailar
Baila todo lo que quieras
Pero lleva tú el compás…”

En el almacén el silencio es total, las últimas notas de la mandolina hace rato que se han apagado. En una esquina hay una caja vacía con la tapa levantada, en las paredes, cruces de madera cuelgan de unos clavos, sosteniendo con finos hilos una colección de muñecos. De una de ella, los hilos se balancean suaves mecidos por una corriente de aire, un aire que entra una puerta abierta, para siempre.

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Publicado la semana 18. 06/05/2018
Etiquetas
Relatos , En cualquier momento , Cuento
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