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Charlies

SU PRIMER RETRATO (I)

Cada vez que daba los últimos retoques a uno de sus cuadros lo embargada la misma sensación, la satisfacción de ver en el lienzo lo que quería plasmar lo emocionaba, sin embargo, con este la emoción era distinta; era su primer retrato. Por más que lo había intentado, no era capaz retratar, los modelos lo intimidaban, su timidez hacía que el pincel temblara y el miedo a la reacción insatisfecha ante el posible resultado acababan por hacerlo desistir. Sentía la necesidad de pasar al lienzo, rostros, ojos, labios, gestos, pero lo atormentaba su falta de seguridad, por más que se repetía que tenía talento de sobra, la mirada curiosa e impaciente de quien se prestaba a ello, se le clavaba en el pensamiento despertándole un inexplicable terror. Terminó por desistir, y poco a poco llenó su estudio de un centenar de paisajes que no lo satisfacían del todo. Pero ahí estaba, dando las últimas pinceladas al primero. 
Ahora que tenía la obra prácticamente terminada, pensó en el día que la conoció, el día en que supo que sería ella.

Buenas tardes, puedo sentarme, lo saludó una joven.
Estaba sentado en un banco del parque que había cerca de su casa, dibujando a lápiz el árbol que tenía enfrente.
Por supuesto, respondió sorprendido.
Necesito descansar unos minutos, llevo andando casi una hora, dijo ella suspirando mientras se sentaba, ¿Dibujas? Preguntó con curiosidad.
Sí, me gusta sentarme y dibujar lo que veo, siempre que me parezca bonito, claro.
Ella, con una sonrisa encantadora, miró el bloc con curiosidad .
No es gran cosa, me gusta mucho este árbol, le dijo mostrándole el dibujo.
¡Qué bonito! Dibujas de maravilla. ¿Eres…?
Pintor, respondió, soy pintor.
Vaya, que guay, un artista.
Bueno, artista, artista…
Pues claro que sí, ¡artista! Lo haces genial.
Gracias. Sintió que se sonrojaba. Qué guapa es, pensó.
¿Puedo? Preguntó ella mirando el bloc.
Claro, respondió ofreciéndoselo. Se irguió, enderezando la espalda y la miró orgulloso. 
Pasaba las hojas mostrando asombro en cada página. Qué guapa es, se repitió. Tenía el pelo castaño, ligeramente ondulado a la altura de los hombros, los ojos eran verdes marcados con grandes pestañas. Se imaginó pintándolas con delicadeza, mojando en negro el pincel más fino, rodeando los hermosos ojos hechos de los verdes que tanto había usado para dar color al mar; dos mares profundos y misteriosos. Se puso nervioso, el corazón le retumbó en el pecho. Sabía que era incapaz. 
Me encantan, dibujas muy bien. ¿Dices que eres pintor? Seguro que tus cuadros son preciosos.
Bueno…
¿Modesto?
Se quedaron callados, mirándose.
¿Qué hacía una chica tan guapa sentándose junto a él? ¿Qué hacía mirándolo con esa sonrisa tan bonita? Fantaseo ante la situación. 
Yo soy una negada para el dibujo, en el cole era el hazmerreir de mis compañeros cada vez que teníamos que dibujar algo. Te envidio. 
Seguro que se te dan bien otras cosas.
Ufff, no soy nada talentosa.
¿Modesta? 
Aquella pregunta la hizo reír.
Tengo que pintarla, se dijo, voy ha hacerlo, se prometió.

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Publicado la semana 17. 29/04/2018
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Relatos , En cualquier momento
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