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14
Charlies

EL PASILLO

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Relato
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EL PASILLO 

 

Lo persigue, no sabe donde está ni porqué está ahí, solo sabe que eso lo persigue, y el huye. Camina por un pasillo estrecho. El olor a humedad y putrefacción es insoportable. Una leve claridad deja ver sus paredes repletas de grandes rectángulos, y aunque sólo ve sombras, está seguro de que son cuadros, retratos, y eso le despierta uno de sus grandes miedos; se siente observado. Siempre ha temido los retratos, en ellos, pintadas con mayor o menor maestría; en óleo, en acuarela o incluso a lápiz, las miradas están muertas; los rostros petrificados parecen mirar desde otra vida. No puede dejar de imaginar que los cuadros que va dejando atrás lo siguen con la mirada, burlándose en silencio de ese pobre infeliz, como si caminase hacia ese lugar de donde no se vuelve, escoltado por los que no vuelven.

La oscuridad va acabando con la poca luz que había, aún nota las paredes, ahora completamente negras, y juraría que están más cerca, "¿el pasillo se estrecha?" Abre los brazos y efectivamente, toca con la punta de los dedos las dos paredes. Se inquieta; sabe que igual que no puede volver, tampoco puede parar. Lo ha hecho en un par de ocasiones, y eso que lo empuja hacia adelante, eso que lo persigue, se le ha acercado, lo ha notado casi en la nuca, ha sentido su aliento caliente, lo ha oído.

Ya no ve nada, avanza a ciegas, pero sabe que el pasillo sigue menguando, no puede abrir los brazos, pronto los hombros rozan los marcos de los cuadros y comienza a avanzar de lado. "¿Hasta dónde llegaré? ¿Terminará cerrándose por completo?" No puede parar. "¿Habrá alguna puerta?"

Ya casi no puede andar, las paredes le rozan en el pecho y la espalda. A cada paso que da, arrastra con los hombros los cuadros, cayendo algunos al suelo. Palpa con las manos las dos paredes con la esperanza de encontrar una puerta por donde puediera huir. No tardará en quedar atrapado.

Desesperado, cuando ya no puede avanzar, cuando las paredes no lo dejan respirar, estirando la mano en un último intento, palpa con los dedos un marco "¡Una puerta!" Busca un pomo, algo para abrirla, pero para su terror lo que toca es una bisagra.

El olor a humedad y putrefacción lo ahogan. No tarda en oír el roce de algo que se acerca arrastrándose. Eso está ahí. Siente su calor, nota su aliento.

“Bienvenido”, le susurra.

Publicado la semana 14. 08/04/2018
Etiquetas
Miedo, Terror, Angustia , De noche
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