Semana
06
Camille Lescaut

Mujer sentada, sobre fondo azul

Género
Relato
Ranking
1 119 0

Deberían de saber que soy ciega, aunque no ciega de nacimiento. A los nueve años, por culpa de un accidente doméstico, perdí la vista. Al principio, recordaba perfectamente los colores, los rostros de todas las personas a las que quería, recordaba la luz del amanecer, el sol de poniente sobre las montañas…y esos recuerdos me desesperaban, porque sabía que jamás volvería a ver todo aquello. Dicen que aunque tu memoria vaya perdiendo poco a poco los matices, los contornos precisos y la noción del color, en ese cofre mágico, que es el subconsciente, se queda archivado todo ello mientras vivas. Por ello creen que los ciegos sobrevenidos podemos soñar en colores. Aunque siempre he pensado que me sirve de poco, pues yo, cuando despierto, normalmente no me acuerdo de nada.  También quiero que sepan que yo nunca había visto el mar, por tanto, ni soñando me lo podía imaginar.

Manu, mi incansable lazarillo, mi amor, mi traductor visual de la vida, me sugirió venir aquí, a este maravilloso confín de la tierra bañado por el Mediterráneo. Una vez que me he acomodado en la playa, sentada sobre la arena, le he pedido que se fuera; hasta él podía estorbarme en esta experiencia que siento como un tanto mística: mis pies reciben el constante embate de las olas que llegan hasta la orilla, el ruido que hacen al llegar me abstrae de todo lo demás, huele a sal, a pescado fresco, el viento me alborota un  poco el pelo y el sol me calienta lo justo, agradablemente, como corresponde al mes de junio. Manu me ha dicho que el mar está de un azul intenso, como solo el mar puede ser. Es una pena que no recuerde cómo era ese color, aunque no se lo digo para que no sufra.

Emma me acaba de dar una patadita, ella también se alegra de estar aquí. Mi querida crisálida que dentro de poco querrá salir a volar; feliz mariposa, que reconocerá el estridente color de las flores y el verde absoluto de la pradera. Así me los describe Manu y así los debo ver yo en mis sueños, antes de que, en esa fase transitoria e irremediable de retorno a la vigilia, mi subconsciente le vuelva a echar la llave al cofrecito. Emma verá mi rostro, será el primero que vea al nacer, y ya, nunca, nunca, lo olvidará. Yo he olvidado, casi por completo, el rostro de mi madre. Cuando murió, no me sentí tan desamparada porque aún lo recordaba. Realmente, me consideré absolutamente huérfana cuando lo olvidé.

Algo se ha enredado entre mis pies. ¿Es un pez o son algas? No te asustes, esto es el Mediterráneo, seguro que no es un tiburón, me digo. Emma parece que también se ha asustado, se remueve en su océano particular caliente y protegido de peligros externos. Me siento tan cercana a ella… En este momento, las dos somos ciegas; ambas nos guiamos por otros sentidos. Es una sirena varada en mi vientre.

Manu se acerca. Por su manera de pisar en la arena, por su olor, sé que es él.

¿Me admites ya como acompañante?, me pregunta con cariño. ¿Te ha gustado el mar?, me pregunta también. Sí, le contesto animosa, tenemos que venir una vez al año por lo menos, aunque esté tan lejos. No dejes que se me olvide nunca cómo es este azul, le advierto mintiéndole por amor.

Publicado la semana 6. 10/02/2018
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter