50
Camille Lescaut

ENSALADA A LOS 52G

Queridos compañeros de esta aventura de los 52G: 
Como esta semana entramos en el número redondo e increíble del 50, he querido, a modo de homenaje a todos vosotros, a los que nombro y a los que no, escribir esta receta, que más que una ensalada es un jardín en el que me he atrevido a meterme sin red. No he podido, como me hubiese gustado, seguiros a todos con la dedicación que, sin ánimo de regalar oídos o en este caso los ojos, todos y cada uno os merecéis. No es fácil, inmersos en nuestras vidas, con sus complicaciones, sus sinsabores y circunstancias variopintas, escribir cada semana un relato aspirando a que transmita algo; al menos para mí no lo ha sido. Por todo ello me merecéis el más sincero respeto. En mi ensalada no he sido capaz de incluir a los 52, es difícil hacer un plato con tantos ingredientes para una aficionada, y me he atrevido a utilizar a aquellos que a lo largo de este proceloso año he llegado a “conocer” mejor, literariamente hablando; aunque todos me habéis aportado algo insustituible, por tanto, Ray tenía razón. Un inmenso abrazo a los 51 valientes que me habéis acompañado. Espero vuestra benevolencia. 

Ensalada a los 52G

Para empezar, y como base, necesitaría poner algo consistente: una de las historias bien trabadas, de excelente arquitectura, de Marisa Herga, para seguir con unos cuantos capítulos magistrales de El Espantapájaros, del Hombre Topo, con toda serie de vegetales de su siniestro huerto. Así no te pierdes por los cerros de Úbeda. Le dará a nuestra miscelánea una estructura fuerte, lineal y ordenada. Como nunca te dejan indiferentes, creo que es un buen comienzo para proseguir con nuestra mezcla. Quizás   continuaría con algo de la genialidad y el exceso de la Relatocracia de Rubén. Creo que maridarán bien, pues el mundo imaginado de esta última, aunque de futuro nada esperanzador, nos deja evadirnos por momentos de la rotundidad, amarrada a la tierra y trágica, de la anterior. Luego, cual aceto balsámico, alguna historia de Camille que nos reconcilie algo con el mundo. Un toque inquietante a la receta se lo aportaría sin duda un golpe de D. Lizandra. Como ingrediente oculto y difícil de descubrir, le echaré un golpe de Román, nos sumará a la ensalada reflexión y aroma enigmático.  El elemento crujiente e imprescindible: algún golpe del circo metafísico de JM Dorrego, dosificado en esas pequeñas gotitas, como Chanel Nº5, que aporta. Por ahora vamos bien. Cual aceitunas “Desparramás”, las de Jo Ibáñez, que nos recuerdan que modestas aceitunas, como sus mujeres, hacen nuestro plato mucho más rico. Necesito algo cítrico…escogeré “De urracas y dragones” de Caballo de Coia, lo he leído ya tres veces y cada vez me gusta más, pero le echaré también algo de sus fantasmas del golpe 44. Quizás remataría con el toque siempre refrescante de Merche Blázquez, pues pasa, como por casualidad, por los momentos de la vida cotidiana, pero haciendo de ellos algo sorpresivo, como si no los hubieses vivido tú cien veces. Ahora bien, necesito un último elemento que corone mi ensalada, y ese va a ser el golpe 47 de F. Aizpun, ya que nos deja un regusto tierno, esperanzado en el género humano. Creo que le irá bien a la salsa que me dispongo a sugerir para nuestra ensalada.
La salsa sin duda ha de tener algo bien trabado, para que no se dispersen los elementos: Los relatos de Asun y Soledad, para empezar, que siempre me evocan al trabajo del alfarero, que con una simple pella de barro y sus ágiles manos construye algo único e irrepetible. Como toda salsa ha de tener algo de creación “de autor” y voy a echarle alguno de los poemas de J.A. Pico y Marazul. El primero quedó “mecido por el viento de la ausencia”, desgarradamente, allá por el 43, y el segundo nos llevó a amar esa luna llena, cuya luz son “como alas de viento”. ¿Qué más se puede pedir?
 Ahora, un elemento que una bien los dos anteriores: un golpe de Pela, pues tiene algo de poeta y algo de artesano del lenguaje que me fascina. Para no enmarañar más la receta, un golpe final, que me diga que a todo se le puede poner “un punto sobre la i”, el de J. Sánchez- Beaskoctxea. Esto me recordará que, aunque he diseñado mi ensalada con entusiasmo, seguro encontraréis mil fallos y discordancias con ella.
No importa, en absoluto, es parte de este juego.

Publicado la semana 50. 10/12/2018
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