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Un día había escuchado en alguna parte que, en esta vida, como en el póker, lo importante no eran las cartas que te tocaran, sino cómo jugarlas. Y Mavi decidió hacer de esta sentencia su máxima.

Era la tercera hija de una familia de clase media, tirando a baja. Había hecho un módulo de grado medio en informática. Vivía con sus padres en un pisito de Rivas, donde muchos jóvenes, como ella, no encontraban un trabajo medianamente digno y cuyo contrato durase más de tres meses. Harta de una precariedad que impregnaba cada una de sus posibilidades, comenzó a sumergirse en el proceloso mundo de las Redes; al principio, como una vía de escape en su descorazonadora realidad, pero sin tardar mucho se fue convirtiendo en una pasión que le ocupaba buena parte del día. En lugar de pasarse las horas muertas en la cola del paro, seguía con avidez a los diferentes influencers que se prodigaban en YouTube, Instagram, Twitter, etc, etc.

 Hasta que un día se atrevió a crear su propio blog, como el que pone una pica en Flandes. Decidió arriesgar, aunque partiera de una modesta pareja de sietes. Su blog iba de “Tendencias Urbanas”. Concienzudamente, comenzó a observar, analizar y fotografiar a hurtadillas a los jóvenes, y no tan jóvenes, de los barrios más cool de Madrid. Poco a poco se fue convirtiendo en una experta en moda urbanita; conocimientos que vertía en su blog con creciente éxito. En unos cuantos meses, dominaba ya la  “apasionante” terminología de las distintas tonalidades del beige: arena, garbanzo, avainillado…; del azul: petróleo, pato, navy…; de los escotes: strapless,  joya, halter… o de los tejidos: fluido, glitter o tweed; todo ello imprescindible a la hora de dictar sentencia sobre qué se debe o no llevar en la temporada en cuestión. Con indiscutible acierto conectaba con sus followers, y su blog cada vez tenía más visitas.

Empezó a ser invitada a desfiles de moda y a eventos de ese mundillo, donde procuraba hacer evidente su presencia, y, sobre todo, ser fotografiada con alguna celebridad, para luego volcarlo en su blog. Pronto también, recibió alguna oferta de firmas de moda para que promocionase algún producto de su marca. Y su cuenta bancaria pasó del rojo Valentino al azul pavo real.

El pisito de Rivas ya no era sitio para ella, así que buscó una buhardilla “con reforma integral de diseño” en el reinventado barrio de Lavapiés, donde  ahora se cocía todo lo más novedoso del país, y donde los especuladores inmobiliarios estaban haciendo su particular agosto.

Cuando bajaba a comprar los imprescindibles cruasanes para el desayuno, del Granier cercano a su casa, su avidez por descubrir nuevas posibilidades en el look casual y disparatado que ella aconsejaba a sus adeptos, como si su opinión fuera la barra de Platino e Iridio que se conserva en París, la llevó a fijarse en un local próximo a la panadería. Estaba siempre lleno de ruidosas mujeres subsaharianas, que vestían con espléndidos vestidos y turbantes, de colores vivos y dibujos tribales que la fascinaban. Rápidamente se imaginó tops y blusas de aquellas impactantes telas, que combinarían a la perfección con vaqueros acampanados y grandes bolsos de cuerda. Un estilo falsamente “indie” que despertaría pasiones entre las seguidoras adineradas de su blog.

Una mañana se atrevió a entrar a interesarse por lo que hacían allí reunidas. En su fuero interno albergaba la esperanza de conseguir un contacto para informarse de cómo y dónde conseguían estas exclusivas y auténticas telas. Era la sede de una asociación de mujeres inmigrantes del barrio, pues el encanto de este nuevo Lavapiés era la mezcolanza de culturas y niveles sociales. La mayoría habían llegado a España, exhaustas y con algún hijo a cuestas, en alguna patera a las playas del sur. Asustadas y sin marido, después de penosos procesos, iban consiguiendo el estatus de refugiadas. Recordó el símil del póker, y tuvo que reconocer que había cartas mejores que otras. La mayoría apenas entendía el castellano. Una de ellas, Awa, se defendía bastante bien, llevaba en España más de cinco años. Parecía de algún modo la líder de aquel grupo. Le ofrecieron un té delicioso y, hospitalarias y risueñas, la invitaron a sentarse un rato con ellas.

Sintió algo de vergüenza cuando les explicó cuál era su trabajo, tras ser preguntada por Awa. Por la expresión en el rostro de esta, supo que no comprendía muy bien cómo se podía ganar una la vida solo vendiendo opiniones. Un tanto azarada se despidió después de un rato, y prometió volver.

Las siguientes semanas fueron agotadoras. Del desfile de Ailanto al de Nuevos Creadores pasando por la invitación a Maison Decor, donde tuvo que conversar animadamente en cada uno,y engullir comida japonesa como era casi preceptivo últimamente, no paró de venderse a su manera, lo cual resultaba agotador concentrado todo ello  en apenas quince días.

Una mañana, como si hubiera logrado una escalera de color, Awa se presentó en su buhardilla. A pesar de su cara de asombro en su anterior encuentro, había entendido a la perfección en qué consistía su trabajo. Venía a proponerle la promoción de tejidos traídos de Nigeria, Mali o Senegal, tras escuchar los elogios que Mavi les había dedicado a sus atuendos aquel día. Para las asociadas de Lavapiés, sería una fuente de ingresos absolutamente primordial para lograr sus objetivos de integración, escolarización de sus hijos y de acceso a una vivienda digna. Le pidió, con sus grandes ojos llenos de esperanza, que les echara una mano.

No estaba acostumbrada a compromisos que atañeran más que su propia persona, por eso dudó. No quería, por nada de este mundo, decepcionarlas, pero esta dimensión solidaria que vislumbraba en la propuesta de Awa la desbordó por unos minutos.

Quizás había algo más gratificante que forrarse vendiendo humo. Finalmente aceptó el reto.

Tras unos cuantos meses de promoción y trabajo con el proyecto de “sus mujeres”, como empezó a denominarlas, comprobó que era feliz como nunca antes lo había sido, pues cada pequeño logro que conseguía para ellas era como jugar sin cartas y ganar a un póker de ases. 

 

 

 

 

Publicado la semana 41. 08/10/2018
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