Semana
40
Camille Lescaut

A ritmo de bossa nova

Género
Relato
Ranking
1 100 6

El aire se deslizaba a través de las frondosas hojas de aquellos árboles de nombres desconocidos, y sus frutos se ofrecían, casi con alevosía, invitando al paseante a darles un bocado.

 Estela, haciendo honor a su nombre, impregnó ese mismo aire de olor a mar y azúcar de caña, en el momento en que pasaba por el bulevar. Una vez frente a mí, me pareció que toda la esplendidez de aquella tierra, salvaje y jugosa, se mostraba en su figura con la sensualidad inocentemente obscena de la Naturaleza. Con el compás binario de sus caderas, creaba acordes deliciosos e imposibles de no ser admirados.

Entonces, como una cautivadora sirena descubierta en el dorado camarote de un pecio clandestino, reina indiscutible de trono de coral, anuló mi voluntad en el mismo instante de mirarnos. Impelido por un invisible y sutil sedal que me arrastraba hacia ella, me sumergí en sus ojos, de un verde transparente, con los que me sonreía más que con sus labios.

Y Estela comenzó a habitar bajo mis sábanas, mis sueños y mis anhelos. Mi casi senectud agradecía cada estremecimiento que ella me brindaba con la sabiduría de un cuerpo que fue creado para el gozo. A pesar de mis sesenta años, ella era la maestra.

Quizás por eso se quiso cobrar sus clases magistrales; no se lo reprocho.

Una tarde de rayos de sol anaranjados penetrando por las rendijas de las persianas, Estela aprovechó mi imprescindible sueño de reparación y me abandonó.

En su bolso de paja se guardó mi cartera, pero también mi corazón, alojado cerca del pintalabios.

 

 

 

Publicado la semana 40. 01/10/2018
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter