Semana
37
Camille Lescaut

Cita a ciegas

Género
Relato
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Llevaba varios días enfrascada en la página de contactos “Lovelyfriends.es”, intentando buscar, como quien busca unos zapatos por catálogo, al hombre de mi vida.
Mi amiga Alba me recriminaba la frivolidad con que descartaba a los candidatos por no medir más de 1.80, por no tener una profesión que me pareciera, a priori, interesante o por no presentar un perfil de personalidad al cual yo calificaría como ideal.
—¡Cris, aterriza, por Dios! Ya tienes cuarenta tacos, y no vivimos en los mundos de Yupi— me repetía escandalizada por mis exigencias.
Yo le hacía saber, cargada de razonamientos, que precisamente me había apuntado a aquella página porque no estaban permitidas las fotos en el perfil. La filosofía de esta aplicación era que no se discriminase a nadie, en un principio, por su aspecto físico. Así que esto me dignificaba, o eso pretendía yo, frente a otras buscadoras de relaciones, que sólo se fijaban en los musculitos o en el color de los ojos del elegido. Ahora sé que lo mío era mucho peor. Pues no me bastaba un físico agraciado, lo cual también estaba secretamente implícito en mis deseos, sino que además les exigía un alto cociente intelectual, una profesión prestigiosa y una solidez psíquica, de la cual yo carezco, dignos de un súper hombre, mezcla de Einstein, Clint Eastwood y George Clooney, por poner un ejemplo.
Tras arduas deliberaciones, me decanté por Mario. Él decía ser profesor de música en el conservatorio, practicaba yoga, le gustaba leer y medía 1.82 m. ¡Bingo!, me dije, ¡lo he encontrado!
Ahora solo faltaba el pequeño detalle de que no fuera horroroso o tuviese los dientes partidos, y de que le gustase yo a él, claro. Durante aquellos enfebrecidos días de búsqueda, había obviado que “el otro” también podía tener sus exigencias. Interiormente le tuve que dar la razón a mi amiga, no se trataba de comprarse un modelito o un bolso por internet, detrás de la pantalla de los e-mails existía un ser humano con los mismos derechos que yo a intentar encontrar a su media naranja.
La tarde de nuestra cita, con unos nervios dignos de una colegiala, estuve probándome atuendos frente al espejo, pretendiendo que mi aspecto fuese perfecto: ni muy atrevido, para no parecer vulgar, ni demasiado austero, que me diese un aire monjil, pantalón o falda, sujetador negro o blanco, pelo recogido o melena, maquillaje discreto o pintada como una puerta,… ¡qué inseguridades me descubrí a mí misma aquella tarde!
Como toda mujer que presume de ser profunda y sesuda, también quería ¡estar buena!
Habíamos quedado a las seis, justo frente al Banco Mercantil Internacional, en una pintoresca terraza de un bar, llamado oportunamente “Mi oasis”. Las acacias plantadas en esa acera me parecieron una bendición en aquella tórrida tarde de finales de junio. Las hojas, temblando por el aire abrasador que se escurría entre ellas para refrescarse en el acto, emitían su característico crepitar.
Lo vi de espaldas, sentado en uno de los sillones de mimbre, y el corazón me dio un vuelco deseando que fuera él y no otro. Era de complexión atlética, y yo, aunque presumiera de que me importaban otras cosas, ipso facto le di 10 puntos. Peinaba algunas canas, lo cual quería decir que no me había mentido con su edad, cuarenta y ocho declarados. Vestía con vaqueros impecables y un polo celeste de calidad: otros 5 puntos. 
Al  acercarme más, se volvió hacia mí e hizo un ademán cortés de incorporarse.
¿Cristina?, y yo casi al unísono, ¿Mario?
Su voz era profunda y varonil, con lo que le asigné otros 5 puntos de regalo.
Llevaba unas gafas Ray-Ban tipo aviador, y una sonrisa franca y blanquísima se dibujó en su rostro y le cosechó otros 5 puntos adicionales.
Nos dimos un beso en la mejilla. La suya estaba algo sudorosa, pero no me repelió. Un exquisito aroma a sándalo y canela, que emanaba de su cuello, me arrebató y me llevaron a concederle otros 5.
Luego, otro detalle encantador: me presentó a su perra Ronda; una Golden Retriever, de preciosa cara y tranquila como un peluche, que dormitaba junto a él, tendida bajo la sombra de su silla. Me resultó absolutamente tierno que la hubiese llevado a una primera cita, y más, comprobar que le acariciaba el lomo muy a menudo, con un cariño evidente. 
Empezamos a hablar del tiempo, como es casi obligado, pero él enseguida comenzó una conversación distendida e interesante. Estaba muy ocupado últimamente, porque se había atrevido a preparar con sus alumnos de cuerda del conservatorio la conocidísima, pero de complicada ejecución, Serenata de Mozart para cuerda. Y yo casi muero de gozo en ese instante, porque Mozart es mi autor preferido. Esto se merecía, al menos, otros 10 puntazos.
Al cabo de unos minutos, sorprendentemente, me preguntó: 
— ¿Llevas “ Amour Sauvage”, de Dior, o “Síntesis”,  de Yves Saint Laurence?
— ¡Eres un verdadero experto en perfumes! Es la de Dior— le contesté encantada por este descubrimiento, otorgándole otros 5 puntos adicionales, ya que le presupuse una sensibilidad fuera de lo común.
Él le restó importancia, diciéndome que no tanto, pero que tenía algún don especial para los olores. Luego, hablamos de mil cosas. Estábamos a gusto el uno con el otro. Me empezó a angustiar bastante la cuestión de si yo le habría gustado tanto como él a mí.
De momento todo iba como la seda. Tengo que reconocer que me imaginé dándome un placentero revolcón con aquel hombre que me parecía prácticamente perfecto y deseable.
Tras casi dos horas en la terraza, me propuso dar un paseo por la rivera del río, ya que había amainado un poco el calor. Me pareció bien. Pagó la cuenta, sin dejarme que yo contribuyera y explicándome que no lo percibiera como un gesto machista, la cuenta era pequeña y aquella primera vez le parecía lo adecuado. Otros 5 puntos por la explicación. 
Mario dio un ligero tirón de la correa de Ronda, la cual se incorporó en el acto. Ante mi más absoluto asombro, desplegó un bastón blanco y me invitó a abandonar la terraza junto a él.
Mario sigue siendo mi amor. Yo no contaba con compartir mi vida con un ciego, pero no olvidéis que ya llevaba acumulados al menos ¡50 puntos!

 

Publicado la semana 37. 10/09/2018
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