Semana
36
Camille Lescaut

THE EDEN'S GARDEN (Mi pequeño homenaje a Gaiman y Pratchett)

Género
Relato
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Adam y Evelyn vivían relativamente felices en su jardín de frutales, donde abundaban los ciruelos y las parras, sobre todo. La relatividad de esa dicha se debía a que, para percibirla como tal, hay que compararla con la desgracia o al menos con cierta tristeza, pero estos sentimientos les estaban vedados por Eldearriba (The Boss o El Puto Amo) en su afán de colmarlos de virtud y alegría sin fin.

Un tentador manzano ofrecía sus frutos y su sombra, a la sazón sin ningún éxito, siguiendo el inefable plan de Eldearriba. Este les había prohibido, siquiera acercarse, a este árbol al que llamaba pretenciosamente “El árbol del Bien y del Mal”.

Evelyn encontraba un tanto tedioso ese dolce far niente, y, aunque sin sudor en la frente, procuraba matar el largo tiempo fabricando mermeladas de ciruela o tejiendo hojas de parra, aunque para el toldo, ya que ellos andaban por allí en cueros sin un ápice de pudor. Adam, mucho más acomodaticio y primario, no encontraba problema alguno en pasarse la eternidad tocándose las gónadas.

Najash (el Najas, coloquialmente y a partir de ahora), estaba ya hartísimo. Siempre escondido tras el manzano, esperaba a que Evelyn le hiciese caso de una vez y le diese uno de aquellos frutos al tontaina de Adam. Pero hasta ahora había fracasado y no paraban de mandarle recaditos del Averno. Como toda víbora maléfica, soñaba con el momento de buscarle la ruina a esta candorosa pareja, emponzoñando sus corazones. Además, Eldeabajo no le daba tregua alguna, y el Najas había empezado a caer en desgracia por la tardanza en cubrir sus objetivos. “¡Céntrate en tu misión, culebra inmunda! ¿Pues no ves que la Historia de la Humanidad depende de ti, pedazo de inútil? ¡Anda, pasa, pasa pa dentro, que me tienes contento!”, le decía cada vez que el Najas era llamado a sótanos de manera ineludible.

 Por cierto, que Roger, el minotauro, y Greta, la valkiria, deambulaban bastante hastiados cerca de la valla, esperando inútilmente poder escapar del indolente jardín y sin entender qué pintaban ellos allí. Pues ellos eran más del rollo mitológico, y todo este asunto de la religión monoteísta nada tenía que ver con su historia. Sin duda, Eldearriba había tenido un error garrafal de documentación cuando los plantó en el Edén.

Estando así las cosas, una noche en que la feliz pareja dormía con relativa placidez (y esta relatividad se debía a que les faltaban referencias comparativas, pues Eldearriba les había evitado cualquier sensación de incomodidad en su plácida existencia), Evelyn tuvo un sueño. Se vio yendo hacia el manzano prohibido, cogiendo uno de sus frutos y ofreciéndoselo sensualmente a Adam. En el momento en que Adam mordió la exquisita manzana, Evelyn tuvo un orgasmo. La sensación fue tan placentera y arrebatadora que Evelyn se despertó. Si hubiese llevado bragas las habría mojado. Adam, a su lado, seguía roncando como de costumbre, sin malicia alguna en su expresión. Debía de estar soñando con los pajaritos o las aguas de los manantiales o los rayos del sol. Él era así. Eldearriba se había esmerado en que Adam fuera más simple que el mecanismo de un cubo; de hecho, se dejó quitar la costilla, para proveerlo de la mujer, sin un atisbo de protesta y sin que nadie le asegurara que no dolía, pues todo le parecía estupendo si eran los designios del Jefe. Así que el Najas lo tenía claro, de tentar a alguien durante el sueño, tenía que ser a la mujer.

Aquella mañana Evelyn se levantó distinta. No se le iba de la cabeza su sugestivo sueño, y unas ganas irrefrenables de coger una de aquellas prohibidas manzanas se fue apoderando de su voluntad. Otro cantar iba a ser convencer al borreguil Adam de que probara la dichosa fruta. Pero el Najas estaba pletórico, parece que su última estrategia estaba dando sus frutos, nunca mejor dicho. 

Con la excusa de recoger algunas frutas para su mermelada, Evelyn se fue acercando disimuladamente al manzano. Mientras, Adam se mecía tontamente en su hamaca colgante y observaba extasiado la belleza de una mariposa, dando gracias a Eldearriba por tan excelso prodigio.

La mujer cogió la manzana más hermosa, brillante y roja que encontró y se la puso sensualmente en la boca. El Najas se encargó de los efectos especiales. El maravilloso tema musical de Joe Cocker, de Nueve semanas y media, “You can leave your hat on”, comenzó a sonar sugestivamente en todo el Edén, mientras Evelyn se contorneaba acercándose al boquiabierto Adam. Los senos y las caderas de su esposa se balanceaban al ritmo de la melodía, despertando en él un deseo hasta ahora desconocido. Ni que decir tiene que la bella mariposa recibió un palmetazo inesperado y salió despavorida, mientras Adam se incorporaba de la hamaca visiblemente empalmado.

Adam se comió la manzana de la misma boca de Evelyn, susurrándole con pasión: Te voy a comer la manzana y lo que tú sabes, ladrona.

La pareja, por fin, echó el polvo de su vida. Toda la malicia y picardía, que les había estado vedadas hasta ese momento, las descubrieron en ese coito magistral e irrenunciable.

Casi coincidiendo con el último gemido de placer, un trueno espeluznante se oyó en todo el recinto. Y se hizo la noche. Adam se miró los cataplines y sintió vergüenza de su desnudez; o eso dijo, porque también le pesó bastante comprobar que, para ser el único machote sobre la faz de la Tierra, Eldearriba no se había lucido demasiado con el tamaño de sus atributos. Evelyn, asustada, intentó taparse los senos con una mano y con la otra su sexo, pero comprobó que así le faltaba otra mano para agarrar la de Adam y huir a toda prisa. Finalmente decidió inventar el topless, pero escapar de allí como fuera. Eldearriba estaba realmente cabreado.

El Najas se sentía inmensamente satisfecho. Seguro que Eldeabajo le ascendía, y su vida como inmunda bicha se habría acabado para siempre. Ahora tendría un par de espléndidas alas, como sus otros compañeros del Mal, aunque tuviese que conservar su lengua viperina, incómoda donde las haya, sobre todo para comer espaguetis boloñesa.

Roger y Greta, por fin, encontraron un resquicio por donde escapar tras el rayo que impactó en la cerca. Aunque se habían cogido ya algo de cariño, se despidieron felices, y uno tiró para Grecia y la otra para Germania, que eran sus verdaderos hogares.

El resto de la Historia, sobradamente documentada, todo el mundo la conoce.

Evelyn parió a Abel y al hijoputa de Caín, con dolor. A Adam se le acabó el chollo y se tuvo que ganar el pan con el sudor de su frente, etc., etc.

Aunque, eso sí, si entre los dos poblaron la Tierra, es que follaron como locos, lo cual tampoco está tan mal… ¿no?

 

Publicado la semana 36. 03/09/2018
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