Semana
10
Camille Lescaut

¿Crisis?, ¿quién dijo crisis?

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Relato
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Quitando que me siento más mustia que una manola sin peineta; que a mi marido parece haberle abducido su sillón orejero frente a la tele; que mis hijos me hablan con cierta condescendencia, como desde arriba; que mi madre se encarga de recordarme a modo de consuelo que “estoy en lo mejor de lo peor”; que me iría a una tribu del Amazonas a darle mazazos a un mortero lleno de semillas, con las tetas colgando hasta las rodillas, cosa que allí no importa ;que el convento de clausura tampoco me parece una mala salida; que envidio, sin reservas, a las vacas pastando en el prado; que ya no soporto los tacones de aguja; que tengo que usar corrector anti manchas; que ya no me sienta bien la coleta, sino que tengo que darme un poquito de volumen para no parecer una pescadilla congelada, ni tampoco me sienta bien el negro, mi color favorito ; que no dejo de recibir los puñeteros folletos de discretos audífonos; que en el trabajo me han puesto a un jefe cabrón que podría ser mi hijo; que el médico de cabecera me recomienda ejercicios pélvicos, y a mi marido ni media palabra, con lo bien que nos vendrían; que me va costando leer los subtítulos de las películas en V.O.S ; y, sobre todo,  que se me ha olvidado la última vez que alguien me dijo ¡guapa!; quitando estas insignificantes cosas, lo de la crisis de la madurez siempre me ha parecido una soberana tontería.

Publicado la semana 10. 06/03/2018
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