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J. J. Emrys

Perdición.

Algún día dejaré de escribir a oscuras. Saldré de este agujero en el que me enterraron y seré yo quien derrame cera caliente en sus ojos y así quedarán sellados. No quieren verme y fingen que no me escuchan. Les estropearé su feliz ignorancia. Con esta luz que más que luz es tiniebla llevaré mis versos inútiles a esos hijos robados, a esas mujeres enloquecidas, a las bocas de lenguas cortadas. Rasgaré con mi prosa las sotanas y el aliento fétido que envuelve mis palabras se colará bajo sus vestidos. Se preguntarán cómo ha sido, si ellos eran los buenos, si ellas gritaban sordas la única verdad posible, la única opinión, la sagrada palabra. Algún día mis serpientes os hablarán del fin de los días y tras morder la manzana veréis el paraíso, agonizante, agotado. Y los que ahora os “acobartais” cruzareis nadando al otro lado, Caronte admitirá vuestras monedas, después sollozareis a la deriva en un mar insaciable, por el alma perdida. Y mi semen regará vuestros campos para que de ellos broten demonios que os dirán que el progreso es el mesías, mientras os devoran las entrañas. Pariré a quien infecte vuestro espíritu aprovechando el veneno que destiláis cada vez que acusáis sin pruebas, cada vez que os convertís en acosadores contra el acosador, en dictadores contra la dictadura. Algún día hablareis de paz, mientras apretáis botones que hacen bailar a la muerte y seréis como aquello que odiabais, porque os odiabais a vosotros mismos.

Yo, el primer odiador vengo a advertiros, algún día saldré de esta cloaca en la que me obligasteis a observaros, en la que vuestras sombras me dieron forma.

 

Mi nombre es Perdición y a vuestra diestra camino.

 

Hágase la oscuridad...

 

Publicado la semana 96. 01/11/2019
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