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J. J. Emrys

Mil años.

– Pero, si morimos todos en que nos reencarnaremos ¿en ratones?

– Espero que no. Tú lo harás en una majestuosa ballena que explore los mares.

– Pero, Pat, no quiero comer plástico.

– Tranquilo Evan. Si los humanos desaparecen ya no habrá más plástico y las ballenas y el resto de especies presenciaran una mejoría de sus hábitats. Tarde o temprano hasta el plástico se destruye, todo se acaba.

– Pat.

– Dime.

– ¿Es verdad que me voy a morir?

– Me temo que sí pequeño. El virus destruye el ADN mitocondrial y acaba por impedir las funciones vitales.

– Que pena.

– …

– Tengo miedo, pero al mismo tiempo siento curiosidad por cómo se verán mi papá y mi mamá.

– ¿Casto y Roma? Me los imagino leones.

– No

– ¿No?

– No

– ¿Por qué, Evan?

– Porque, si yo soy ballena y ellos leones, no los podré encontrar en esa vida ¿cuánto viven las ballenas?

– Depende, la Eubalanea japónica unos setenta años.

– ¡Eso es muchísimo!

– Eso también depende.

– …

– ¿Quieres acostarte ya?

– Sí

– Ya está.

– Pat

– ¿Sí, Evan?

– Y tú ¿qué vas a hacer cuando me muera? Porque tú no te mueres.

– No, yo me apago.

– ¿y cuánto duras encendido?

– Mil años.

– Entonces Pat, me gustaría que fueses a menudo a la playa.

– El aire del mar no sienta muy bien a mi diseño, pero lo haré por ti, Evan.

– Pat, voy a dormir ¿vale?

– Está bien, descansa, yo siempre estaré aquí.

 

Publicado la semana 71. 12/05/2019
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II
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