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J. J. Emrys

Sin Alma

 Han pasado veinte años desde aquel primer contacto. ¡Quién nos iba a decir que serían ellos los que buscarían nuestra ayuda! ¿Recuerdan ustedes cuando todo estaba a punto de colapsar? Entonces el cielo se abrió y de él surgieron millones de puntos de luz. Se morían, su estirpe, su legado se borraría de la historia del universo porque los últimos seres con alma vivían entre nosotros. Descubrimos muchas cosas al mismo tiempo. Nunca habíamos estado solos, por encima de los cielos y bajo nuestros pies siempre habían existido los otros. También descubrimos que no todos teníamos un futuro tras la muerte; para la inmensa mayoría el fin del cuerpo suponía el fin de la existencia. Un diez por ciento de la humanidad, en cambio, había estado siempre ahí y lo estaría hasta el fin de los días. Fueron habitantes de Marte antes del exterminio y fueron creadores de las pirámides en este y otros mundos.

 No pretendo hacer un repaso de la reacción en cadena que supuso esa revelación. Hubo contestación, hubo dudas y yo, entre otras, lo silenciamos. Para mi todo cobraba sentido, mis recuerdos inexplicables, las sensación de regresar a lugares que no pude haber visitado antes, todos aquellos sueños extraños, pesadillas de mis muertes, recuerdos escondidos de mis vidas. Cada uno de mis hijos traía consigo nueva información sobre los lugares que habíamos habitado, los tiempos que habíamos, juntos, navegado hasta hoy.

 Reconozco la situación en la que me encuentro. Estoy segura de que debo aprender algo de esto, pero creo que estamos cometiendo una injusticia, que acelerar los circuitos del karma no puede traer nada bueno. Quiero pedirles perdón desde este canal en el que, tantos y tantas, han seguido estos últimos años mi defensa a ultranza de las Leyes de Redención, que los llamados hermanos de las estrellas nos propusieron y que muchas abrazamos sin dudar. Entendí entonces que era lo más cerca de Dios que iba a estar en esta vida. Lo que decían tenía sentido, pero lo que pedían a cambio debió hacerme sospechar.

 Entiendo que no me crean, reconozco que es dificil. Por mi culpa muchos fueron encarcelados y otras muchas ejecutadas, pero cuando los médicos alienígenas sometieron a pruebas a mi hijo, mi instinto hizo que empezase a ver el lado oscuro de todo esto. No es por mi hijo, pudo haber sido Hitler, pero ahora es un niño hermoso por dentro y por fuera, ajustado a los cánones sociales aceptados. Es por vuestra propia existencia. ¿Qué intereses esconden los hermanos de las estrellas? ¿Por qué los que habitaban las entrañas de nuestra tierra no se habían mostrado hasta ahora?

 Su especie se muere, carece de alma, de imaginación, de crítica ¿que nos hace suponer que tengan la suficiente empatía para querer ayudarnos?

 Me temo que necesitan nuestras almas, saben que ellas son generosas y que nuestra especie, su actual recipiente, es deslumbrada con facilidad. Así ha sido siempre.

 Yo, Violet Ram, Presidenta de la República, insto a la población en general y a las sociedades dedicadas a la exopolítica, a rebelarse ante la injerencia extraterrestre en nuestra evolución.

No entregaré a mi hijo. No entregaré el futuro de mi especie.

Mensaje emitido en el canal personal de la Presidenta de la República. Días antes del Advenimiento.

 

 

Publicado la semana 68. 21/04/2019
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