Semana
06
Caballo de Coia

Anillo. 2ª Parte

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 Durante un buen rato Luis veía, como si fuese la primera vez, el techo de su habitación, fue el tiempo que tardaron la memoria en manifestarse. Casi podía ver danzar sobre la lámpara las imágenes que se atropellaban en su mente. Se irguió de golpe cuando el recuerdo de los gritos se instaló.

-¡Marta!

 Saltó de la cama, pero se dio cuenta enseguida de que su cuerpo no le iba a responder. Tuvo que tumbarse de nuevo, todo le daba vueltas y terminó vomitando sobre su almohada. Poco a poco se fue recuperando. Entonces escuchó la ducha, después escuchó una voz que canturreaba. Esta vez, el cuerpo se mostró más colaborativo y en cuanto se puso de pie no tardó en alcanzar la puerta del baño. Tocó el pomo y la ducha cesó, pero no la canción. Suspiró aliviado, aquella era sin duda la voz de Marta.

-Marta, sal por favor, me encuentro fatal.

 En mitad de la frase el secador empezó a rugir, así que decidió entrar y allí estaba el cuerpo desnudo de su esposa. El pelo flotaba en el aire y el vapor la rodeaba. Parecía que no se había dado cuenta de su presencia. Se iba a dar un susto, pero no podía evitarlo además necesitaba lavarse los dientes con urgencia. Se puso a su espalda y la abrazó. Ella le respondió acariciándole la cabeza. Él cerró los ojos e inspiró hondo. Un perfume absolutamente delicioso llenó el interior de sus pulmones. Habría sido un momento precioso, digno de congelarse en el tiempo, si no fuese porque aquél, no era el olor de Marta.

 Abrió sus ojos de golpe, por primera vez, pudo verse en el espejo y a quién estaba abrazando. Julia le miraba a través de su reflejo y una sonrisa se dibujaba en su rostro. La soltó y quiso apartarse rápidamente, pero tropezó y dio con sus huesos en la bañera. El dolor recorrió cada parte de su ser y quiso gritar, pero al principio no salía ningún sonido de su garganta, no tenía aire, más tarde, un alarido hizo retumbar las paredes de aquel baño hasta que estallaron en miles de pedazos como si fuesen cristal…

- Julia, no olvides pronunciar la frase en el momento adecuado.

- ¿Pero, si se muere?

- ¡Dirás si lo matas! Haz lo que te hemos explicado y todo saldrá bien. Debe estar a punto para que pueda transitar. Lo demás ya está todo preparado ¿tú lo estás?

- Por supuesto.

 Luis no pudo escuchar aquella conversación, pero sí que pudo notar el olor de las velas mezclado con su propio olor. Su boca seguía pastosa y el sabor a vómito lo confundía un poco más ¿había sido un sueño? ¿estaba soñando ahora? Esta vez sus músculos se activaron enseguida, pero algo le sujetaba las extremidades.  El miedo se intensificó, escuchaba pasos rápidos y cortos como si de perros pequeños o de ratas grandes se tratase, susurros... Decidió abrir los ojos. Sobre él, Julia, desnuda, impregnada de algo oscuro, que goteaba de su piel, sostenía un puñal. Notó su peso en la pelvis. Él también estaba desnudo

-No...

Acertó a decir; y miles de risas atronaron a su alrededor

Continuará...

Publicado la semana 6. 11/02/2018
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