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J. J. Emrys

El último en llegar

 El último en llegar se asoma por encima de la pantalla de este ordenador. Olisquea, y como las ideas no huelen, se va a descubrir otros mundos más interesantes. Interrumpe mis ensoñaciones para enseñarme que se ha convertido en un gran mago y en un visto y no visto hace desaparecer media tableta de chocolate.

 El último en llegar ha conseguido que deje de llevarme las manos a la cabeza porque siempre tengo que lanzarlas en su dirección. A veces no llego y entonces lo abrazo hasta que él me da palmaditas en la espalda, para recordarme que no ha sido para tanto, que es hora de inventar una conversación entre un coche diminuto y un peluche gigante.

 El último en llegar ha visto volar, en las noches, justo antes de dormir, urracas y dragones. Ha visto esconderse duendes entre los dedos de los pies de gigantes, tan lentos, que se confunden con montañas. Ha visto la cara oculta de la luna que tenía mucha vergüenza hasta que él llego para invitarla a jugar y asegurarle que, a la luz, se podían ver colores como el “ogo” o el “madillo”.

 El último en llegar defiende a su hermano y cuando lo ve llorar, lo abraza y le da palmaditas. Insiste, no es para tanto. Él se cae y se levanta y a veces llora, no hay nada de malo en llorar, pero sabe que mientras llora por un dolor que ya se va, pierde una oportunidad preciosa de seguir corriendo, de que la vecina le dé un caramelo o de reírse.

 El último en llegar nunca va a la primera, siempre encuentra algo más importante en el camino que el capricho estúpido de un adulto esclavo del calendario, del tiempo, de un reloj. ¡Que llegamos tarde bichito! Pobre viejo que no ve lo increíble del movimiento de una babosa o del juego de sombras que se da cuando el sol pasa entre las ramas de la higuera.

 El último en llegar ha dejado la puerta abierta y por ella el aire fresco ha ventilado la casa y se ha llevado el orden, si alguna vez lo hubo.

 El último en llegar se ha quedado dormido sobre una montaña de peluches y mientras lo llevo a su barco, a su nave espacial, a su alfombra mágica, a su submarino, lo escucho reír en sueños.

 Ha sido el último en llegar, pero mañana será el primero en levantarse para recordarnos que la vida es eso que pasa mientras te lamentas por encima de tus posibilidades; que la vida, no es para tanto.

Publicado la semana 51. 23/12/2018
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No ficción
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I
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