Semana
05
Caballo de Coia

Anillo. 1ª Parte

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Relato
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 Un día, como si de una epifanía se tratase, Marta y Luis se dieron cuenta de que tenían demasiadas cosas en casa, de que entre tanto objeto inútil no encontraban aquello que necesitaban. Entre todo lo comprado por impulso se traspapelaban fotos, se escondían facturas y, de vez en cuando, algo, normalmente con pareja, desaparecía para siempre. Aplicaron aquello de ordenar el entorno para conseguir que, de una manera muy cercana al milagro, su vida se recolocase también.

 Tardaron varios días y, cuando acabaron, la casa era otra y ellos habían cambiado con ella, hasta el aire parecía más limpio. Casi todo estaba en su lugar: muchos quilos de ropa habían ido a parar a una ONG o al basurero, cientos de souvenirs ocupaban varias bolsas de basura; revistas y periódicos, que jamás volverían a ser consultados, acabaron en el reciclaje y el espacio había regresado, aunque algunas cosas todavía esperaban encima de la mesita del salón. Marta y Luis se miraron satisfechos y se dejaron caer muy cansados en su redescubierto sofá. Se habían librado de muchos objetos y, de alguna manera, de muchas cargas emocionales.

- Mira una cosita cariño…

- Dime

- ¿Ese anillo es tuyo?

- Te iba a preguntar lo mismo.

- Es de chico me parece, ¿a ver?

 En el anillo se podían ver grabadas dos iniciales y en medio un corazón.

- Y aquí se lee una fecha 21/4/2011

- J y A… Marta, me parece que sé de quién es el anillo.

 El timbre de Julia estaba estropeado así que alguien golpeaba con bastante fuerza la puerta.Debían ser sus vecinos, era la forma de llamar de Luis. Abrió la puerta y, en efecto, allí estaban. Totalmente ajenos a su tormento, sonrieron nerviosos en cuanto la vieron. Ella tardó un poco en entender lo que Marta trataba de explicarle porque, antes de empezar a hablar, le habían mostrado el anillo de su marido. Llevaba buscándolo un año y allí estaba.

- Y no entendemos como ha llegado a nuestra casa. A lo mejor en una cena o así.

- ¿Dónde lo encontrasteis?

 Marta y Luis se miraron con cierta cara de circunstancia.

- Pues, lo encontré yo en la cajita que usa ella para guardar las gomas del pelo, botones y demás.

- Es el anillo de Andrés. Pasad por favor.

 La pareja estaba pensando lo mismo ¿Qué le ocurría a Julia? Se notaba claramente un deterioro. Desde el accidente no había vuelto a ser la misma. Ahora se mostraba esquiva y casi nunca respondía a sus llamadas. La verdad es que ellos la dejaron de visitar hace un mes, más o menos, y ahora casi no la reconocían. Despeinada con sus ojos hundidos y un ligero temblor en las manos, parecía enferma y, cuando te miraba, tenías la sensación de que, a través de ti, oteaba el horizonte. Todo eso, de repente, pasó a un segundo plano. El salón atrajo toda la atención de la pareja y un escalofrío compartido recorrió sus espaldas. La pared del fondo, que antes era sostén de fotografías y cuadros, estaba totalmente cubierta por un montón de recortes de periódicos y revistas, imágenes de diferentes seres mitológicos y todo se unía entre sí mediante hilos, los cuales confluían en el centro en donde se podía contemplar una imagen de un duende clásico. Los muebles estaban amontonados en una esquina y cubiertos de polvo, dejando hueco a una serie de símbolos extraños dibujados con pintura roja o tal vez sangre…

- Sentaos, por favor ¿queréis tomar algo?

 Tardaron más de lo normal en responder a la invitación.

- Nnnno… eh…gracias, nos tenemos que ir pronto.

 Julia los dejó solos en el salón. Apenas entraba luz en aquella casa a pesar del estupendo sol que brillaba en lo alto del cielo. Luis susurró al oído de Marta que era mejor marcharse y pedir ayuda profesional. En ese momento su vecina regresó con una bandeja en la que humeaban tres tazas.

- He preparado té verde, del que os gusta, os sigue gustando ¿verdad? Igual habéis cambiado de gustos en todo este tiempo.

 A Marta le pareció reconocer cierto tono de reproche y se sintió obligada a hablar:

- Julia, creemos que no estás bien.

- Sin azúcar, claro.

- Sí gracias.

 Marta le pasó un té a su marido y este entendió que tenían que ser correctos, aunque lo que el cuerpo le pedía era escapar lo más lejos posible de aquel lugar.

- Pero que hacéis de pie, sentaos allí. Me alegra que hayáis venido, tengo mucho que contaros.

 Una sonrisa asomó por vez primera en la cara de Julia. Los estaba invitando a sentarse sobre unos cojines que estaban en el centro del salón, justo en los bordes de un círculo dentro del cual se había dibujado un pentáculo. Julia se sentó dentro. Marta dio un primer sorbo al té. Y, rompiendo todo aquel ambiente, un sabor familiar invadió su paladar y le hizo recordar tiempos mejores con los vecinos de enfrente.

- Julia, te decía, con todos mis respetos, que no te vemos muy bien, la verdad. Sabíamos que estabas triste pero esto…

- Esto tiene una explicación perfectamente racional Marta.

 Luis carraspeó y sintió un frío repentino. Advirtió que la mujer, que los había invitado a tomar té en un entorno que recordaba a historias contadas por Iker Jiménez, lo miraba fijamente con el ceño fruncido y los labios muy apretados. Se puso blanco y le pareció oír una voz en su cabeza. No era la suya, pero era masculina y le dijo algo muy claro “¡Huye!” Parpadeó y se dio cuenta que su vecina ya no le miraba y Marta estaba hablando, sonriente y con soltura, sobre cosas que podrían hacer juntas. Su instinto de supervivencia se puso a trabajar a toda máquina, aunque el decoro le obligaba todavía a controlar su impulso. Fue entonces cuando su vista se nubló. Parpadeó de nuevo y Marta se levantaba para ir al baño. Otro parpadeo y Julia estaba sentada a su lado, muy cerca, parecía más joven y olía terriblemente bien.

- Luis, ¿en que lugar de tu casa encontraste el anillo?

 Parpadea, traga saliva, intenta hablar.

- Ya, ya te lo dije… en la cajita de…

 Quiso levantarse pero estaba absolutamente mareado. Quiso pensar, pero solamente escuchaba gritos…

- ¿Dónde estaba la cajita Luis?

- En el baño…

 Antes de caer al suelo intentó ir hacia el cuarto de baño pero no llegó. Justo antes de perder la conciencia escuchó más gritos, pero no provenían de su cabeza…

Continuará…

Publicado la semana 5. 04/02/2018
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