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Caballo de Coia

La petanca.

 En los terrenos de la asociación habíamos decidido construir una petanca para intentar dinamizar el barrio. Además, aprovechamos para restaurar unos bancos y un pequeño asador abandonados, justo al lado de una fuente seca. Todo estaba saliendo según lo planeado, incluso el ayuntamiento había facilitado los trámites prestándonos a su arquitecto. Los socios y las socias nos juntamos para echar una mano. En tan solo un par de semanas ya habíamos terminado. A tres días de la inauguración, nos llamaron unos vecinos para informarnos: aquello estaba lleno de gatos haciendo sus necesidades. Al parecer, para los pequeños felinos de la ciudad, resultaba una arena irresistible.

 Entre divertidos y preocupados llamamos a la empresa proveedora.  Nos dijeron que la arena que habían usado era la que se podía conseguir con el presupuesto que tenían. Nadie discutió. Nos pusimos en contacto con otro proveedor. No teníamos tiempo para enfrentarnos a más burocracia; había que solucionarlo. Ya no podíamos anular una serie de contratos para entonces y no quisimos decepcionar a nadie. Tomaríamos las medidas necesarias más tarde. La nueva empresa nos garantizó que no habría más problemas con la arena. En tiempo récord llegaron los sacos, los operarios y las máquinas.  Aquella noche y en las siguientes no hubo constancia de que algún gato se hubiese acercado, ni siquiera, a olisquear.

 Los nervios estaban a flor de piel, sobre todo los míos. Por fin convertiríamos aquel solar en un sitio de encuentro para las gentes del barrio.

 Aquella mañana el teléfono sonó antes de lo previsto, me pilló lavándome los dientes. Todavía no había activado los datos. Faltaban cinco horas para que empezase todo. Vi la pantalla del teléfono: era Paco, el vicepresidente.

 - Dime Paco.

 - Mira Nico, no lees los mensajes. La gente ya está aquí.

 - Se ve que hay ganas. Salgo en cinco minutos

 - Ya. El caso es que tenemos un problemilla.

 - ¿Qué ocurre? ¿los gatos otra vez?

 - No, no. Te acuerdas que los de la empresa, los de la nueva digo, nos dijeron que la arena no les gustaba a los gatos ¿verdad? Pues tenían razón, gatos no hay ni uno.

 - Sí, era por las feromonas. Venía de un zoo o…

 - Sí, sí, arena de circo de animales.

 - Eso mismo. ¿Cuál es el problema, Paco?

 - Los tigres, Nico. A los tigres les chifla.

Publicado la semana 45. 11/11/2018
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I
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