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 Ya están estos colocando las grabadoras. No aprenden ni para atrás. No sé si podré yo solo. Mira que venir hoy que están todos de vacaciones. Nada más entrar ya he empezado con las señales, pero van tan a lo suyo, que no se enteran. ¿Para qué tanta tecnología si después no la enchufan? Esto pinta mal.

 Se están besando y justo ahí, donde los hijos del conde resolvieron lo de la herencia. ¡Qué puntería! No irán a acostarse ¿no? Yo me voy a otra habitación a golpear un poco y mover muebles, a ver.

 Pues parece que les he cortado el asunto. Ah, no. Mira que sonrisa bobalicona lleva en la cara. ¡Madre mía! No tiene ningún miedo. Los anteriores venían con el acogote de casa y aun así…

 Y se va para el otro cuarto. No está prestando atención, incluso la madera suena rara. Voy a tener que apretar un poco. ¡Tú no te pongas las gafas esas de las lucecitas, que es una pena! Tampoco enciendas la linterna. Así no hay manera. En fin, mira. Ahí va. ¡Zas! tortazo ¡Ras! Desgarro. Ahora llega el otro gritando su nombre. ¡No!

 Pues me ha tenido que ver porque he usado mucha energía.

 - Qqq… qué… ¿Qué ha pasado?

 - Pues ha pasado que vais como locos y no estáis a lo que estáis. ¿No os habían hablado de esta casa? Y claro, venís en Víspera de Todos los Santos y aquí se ha largado el personal a ver a la familia, quien la tiene, claro.

 - ¿Qué ha pasado? ¿Quién eres?

 - Mira el otro. ¡Qué par de gilipollas! Todo el día pegados a las maquinitas y cuando más las necesitáis, las dejáis apagadas ¡Apagadas! Pues estáis muertos en una casa embrujada. ¡Ains! Venid por aquí, por favor, que tenemos que empezar con los trámites. Os voy diciendo que la mayoría de los que cayeron ahí estaban de fiesta en su día. No esperéis grandes conversaciones.

 

Publicado la semana 44. 04/11/2018
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