Semana
41
Caballo de Coia

La Meiga Isaura. 6 Parte.

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Relato
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No estaba resultando nada fácil. La gente repetía una y otra vez las frases que todo el mundo aprende a decir en esas circunstancias. La tribu de cambiantes lo hacía a su manera. Era algo cultural y lo respetaba, pero su mano acabó bastante dañada tras el paso de tanta lengua licántropa. El resto, los que eran simples humanos con hipotecas y sueños imposibles, disimulaban bastante bien haciendo que no veían nada raro.

Isaura, mientras respondía de forma mecánica a todas esas muestras de cariño y en según que personas de temor, reflexionaba sobre su plan. Todo había salido bien. Los vampiros se confiaron, creyeron secuestrar a los brigadistas para chantajear a los cambiantes y estos, haciéndose pasar por los humanos, atacaron en el corazón de la retaguardia de los chupasangres. Los vampiros habían olvidado los viejos cuentos en los que el lobo siempre se disfraza. A su hijo lo secuestraron, era lo esperado, fue un movimiento temerario, pero les hizo creer que iban ganando y que al final se harían con todo el territorio sin dejar testigos. Lo que aquellos infelices no sabían es que los cambiantes los siguieron contra el viento que aquellos antiguos magos corruptos, ahora vampiros habían, invocado. El fallo en el plan fue reducir el número en el frente principal. El que comandaba su antiguo compañero.

Fue defendiendo a su hijo, envió más soldados de los necesarios. Fue protegiendo su lugar sagrado, que se puso al frente de todos, en última instancia evitó un mordisco mortal destinado a Alyssa, su segunda, la sacerdotisa del refugio, la heredera de la Diosa.

Ella fue la última en acercarse. Sus ojos, herencia de su familia asiática, lo decían todo.

 - Gracias por estar a su lado hasta el final. No hace falta que digas nada. Él siempre tomó sus propias decisiones y sé que tú harías lo mismo.

Alyssa asintió. No podía llorar, ahora, hasta que se celebrase el nuevo consejo, era la líder del clan. Todo el poder del refugio, del santuario confluía en ella y no podía permitirse bajar la guardia. Se parecía a un saludo militar. Una mano en el hombro de la meiga y la otra sobre su propio hombro las reconocía como iguales. Todo un honor en el mundo licántropo. Nada que consolase a Isaura.

Decidió que ya había acabado allí, se levantó para acercarse a Antonio. Abrazó a su hijo y le pidió que se ocupase del resto de ceremonia. Antonio todavía no había asimilado lo ocurrido. Hacía su papel y a la noche los brazos de su madre serían volverían a ser su sostén. Su perfecto consuelo

Se despidió de Benito y Margarita. El guardia civil había pedido el alta voluntaria para estar allí. La meiga lo abrazó y después a Margarita.

 - Gracias Benito. Por favor, no te olvides de descansar.

El hombre sonrió con los ojos vidriosos, pero esta vez las drogas no tenían nada que ver.

Cuando los brazos de Margarita la rodearon ella le susurró:

 - Necesito una amiga, pero esa amiga no puede decir nunca que una meiga le dijo que la necesitaba. Hay un montón de maldiciones diseñadas para castigar la conducta de esa amiga.

Los días pasaron y las necesidades diarias cubrieron el dolor bajo capas de harina de pan, ungüentos para las picaduras de la abeja velutina y un montón de chismorreos sobre los nuevos vecinos. Cuando un cambiante visitaba la tienda charlaban sobre el día a día en el refugio y sobre la nueva propiedad usada por la asociación. El pazo era grande y necesitaba mucho cuidado, ahora que la magia negra no lo habitaba, las brochas, el cemento y las soldaduras sustituyeron los sortilegios, los pactos demoníacos y todo el postureo que eso conlleva. Isaura sonreía, la verdad es que más que antes. Le sorprendió ver la reacción de su vecindad a la que tanto había ayudado devolverle, en forma de compañía, el favor. La mayor parte no era consciente de lo que había ocurrido allí solo sabían que ella había perdido al hombre con el que se la vió más feliz de todos los que pasaron por su vida. Y el ambiente era menos espeso, menos opresivo y, poco a poco, las gentes olvidaron el miedo a pasar cerca del Pazo da Umbría.

Varias semanas después, cuando la investigación por el secuestro de los brigadistas cometido por unos seres de unos tres metros, llenos de pelo y dientes, se cerrase por falta de más pruebas que el hecho de la desnudez de aquellas personas y su relato fantástico, llegaron los periodistas del misterio.  Al pueblo llegó un grupo de los que creían en la historia. Muy peligrosos en opinión de Isaura.

En la mesa del bar Alyssa escuchaba con mucha atención los consejos sobre dietas que Margarita le estaba contando para echar fuera las toxinas. Isaura bebía su infusión de hierbas mientras escuchaba la conversación. La cambiante y la meiga conocían muchas cosas de las plantas, pero se sorprendían con todo lo que Margarita sacaba de internet. En ese momento entraron una mujer y dos hombres. La mujer se acercó a Pedro, el dueño del bar. En cuanto empezaron a hablar Alyssa le dio un toque en la pierna a la meiga y esta se levantó para sacar a Pedro de un atolladero de lealtad. A medida que se acercaba escuchó decir al dueño:

 - Le digo que no. Aquí no hay ninguna bruja.

 Isaura se subió despacito, con mucho esfuerzo, a la banqueta que estaba al lado de la periodista. Le gustaba fingir delante de desconocidos. Aparentar ser vulnerable era una ventaja si se usaba bien. Interrumpió a la mujer a propósito.

 -A ver Pedro ¿van esos "cafeses" o no?. Voy a tener que hablar con tu mujer, que te me entretienes con jovencitas.

La periodista la miró y no tardó ni un segundo en atacar. Era despierta e inteligente. Isaura le dedicó la sonrisa más grande que pudo enseñando su dentadura gastada.

 - Buenas tardes señora. Estamos preguntado por unos hechos acontecidos en la zona hace unas dos semanas.

 - Aquí no pasan muchas cosas además del montón de vacas que tiene María la del Soutiño.

 - Bueno, buscamos información sobre unos acontecimientos extraños durante los incendios. Una brigada, cinco personas, aseguraron ser secuestrados por monstruos…

 - Sí, sí mucho pelo y más dientes. Algo he oído.

 - Nuestra fuente nos ha dicho que en la zona vive una mujer a la que los vecinos consideran bruja y que está relacionada con los hechos.

 - ¿Bruja? Empieza usted con mal pie. Le pediría, por favor, que le diga a su fuente que, la próxima vez que me llame bruja, le va a curar las almorranas su santa madre.

 

FIN.

Publicado la semana 41. 14/10/2018
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