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34
Caballo de Coia

Proyecto Gea.

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Abro conexión. El control de mi traje me informa que envío esta señal. No tengo manera de comprobar si estoy siendo recibido. El traje también ha resultado dañado. Activo protocolo de auto rescate. Mi memoria interna se blindará en los próximos minutos por si me pasase algo. Espero no tener que pasar tan pronto por una regeneración intensa, nunca acabo de sentirme igual. Queda poco tiempo. Mi nave se ha estrellado a once quilómetros noroeste de la ciudad nativa Onsi. Estoy en el desierto de Sibuna. Solamente puedo ver arena alrededor, pero me llega el olor a destrucción que caracteriza a estas ocasiones. No he detectado ninguna forma de vida, antes del accidente, pero durante el vuelo he impactado contra algo que se movía en dirección contraria. Supongo que sería alguna de sus armas antiaéreas. Los militares habían confirmado la derrota de lo que quedaba de la resistencia. Debo concluir que se trataba de una defensa automática. Lo más extraño ha resultado que el blindaje se encontraba desactivado. He consultado con la nave y no ha respondido. Ha muerto. La cápsula de salvamento está, por fortuna, intacta. Mientras me ocupaba de recoger los objetos útiles de la nave, la cápsula se ha abierto sola. Los militares informaron que las variaciones electromagnéticas, que un planeta experimentaba, bajo la fase final podían provocar anomalías en nuestros aparatos biotecnológicos. Continúo con el plan. Ya estoy dentro. Introduzco las coordenadas para mi localización fuera de la atmósfera. Ya habrán detectado la ausencia de mi nave en sus pantallas. Pronto nos veremos.

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La lluvia de meteoritos se iniciará en breve. No dejaremos rastro de nuestra intervención armada y posiblemente los vestigios de sus construcciones, en poco tiempo, se confundirán con formaciones naturales. Las próximas especies, cuando se desarrollen lo suficiente y sean capaces de atisbar más allá del satélite más cercano, no lograrán distinguir nada sospechoso aquí. Ya lo he comprobado otras veces. Se tratará de un final digno de esta civilización, bello, pero absolutamente destructivo.

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  La cápsula inicia la cuenta atrás para su sellado. Nunca creí que tendría que usar esto. Agradezco haber prestado atención cuando los militares explicaban su funcionamiento. Abandonaré este mundo tras haber confirmado su Punto de no Retorno. Sé que lo que hacemos es imprescindible para el equilibrio en la galaxia. No podemos salvarles, ni a esta especie ni a ninguna otra, pero la culpa sigue ocupando un espacio que ninguna de las promesas de futuro consigue llenar. En esta ocasión me ha producido incluso más inquietud debido al carácter de sus individualidades y la estructura de su pensamiento. Son débiles físicamente, apenas rozan los cien años de esperanza de vida. No destacan especialmente en su inteligencia, pero en el tiempo en el que he sido su vigilante he logrado asistir a verdaderas muestras de amor. Sí, un amor pasional, poco elevado, pero vehemente y decidido. Discúlpenme, pero voy a permitirme quejarme de la falta de ese ímpetu en nuestra especie. Cada vez estoy más convencido de que eso es lo que hace que ya no tengamos ideas. Su chispa, la que nosotros decidimos extirpar, hace tanto tiempo, debe ser la clave de su capacidad para innovar. Creo que los Supremos se han percatado, al fin, a juzgar por las instrucciones que he seguido esta vez.  La recolecta genética a la que hemos procedido es una novedad y se especula con brindarles otra oportunidad en un planeta cercano. Creo que se refieren al laboratorio, al del satélite artificial. Deseo poder trabajar allí en algún momento. Merecerá la pena.

 

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Discúlpenme mi flaqueza en estos momentos. Espero que logren entender que lo que mis ojos ven tan de cerca, lo que el resto de mis sentidos perciben, lo que mi mente lee en la mente de estos pobres animales indefensos, me resulte tan difícil de abandonar. No olvido cual es mi trabajo, y a quien debo lealtad, pero…

Si estuviesen tanto tiempo como yo en este recipiente biológico se pondrían en mi lugar, se lo aseguro.

 Se ha levantado un viento muy fuerte que hace que la arena golpeé mi cápsula. Es una de las tormentas típicas de esta zona. Parece como si miles de garras estuviesen arañando la cobertura. Voy a tratar de insonorizar el ruido externo mientras transmito. Me ha parecido escuchar gritos semejantes a los que emite esta especie, pero es imposible. Debe tratarse de un efecto acústico. Las alarmas en mi cápsula se han disparado. La llegada de los asteroides es inminente. La cápsula se ha sellado. No hay informe de error. Me dispongo a entrar en modo manual para el posicionamiento para efectuar el despegue. Me gustaría que mi memoria fuese reinsertada durante un tiempo en un cuerpo de nuestra especie para dejar de experimentar tantos sentimientos contradictorios. Cada vez que me encarnan e uno de estos pueblos poco evolucionados no consigo evitar mezclar ideas ciertamente peligrosas. Como ahora mismo. No consigo cerrar la boca.

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Estoy a punto de despegar. Trataré de concentrarme en la narración de los hechos del evento de despegue y olvidar mi paso por este planeta. El ordenador me saluda y procede a explicarme el plan de vuelo. Bien. Todo correcto. Esperen. La voz del dispositivo de a bordo me ofrece el número de pasajeros. Dos. Realizo comprobación de posibles daños internos en la cápsula no detectables por el propio sistema.

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En apariencia está todo en orden. Dos. No entiendo. La tormenta de arena ha pasado. Confirmo localización de base en órbita a cinco mil pies por encima de esta atmósfera. No tengo más tiempo para comprobaciones visuales. Los meteoritos han empezado a impactar. Conecto este cuerpo al control de la cápsula para efectuar el manejo por mi cuenta. ¡Despegue! Adiós, espero que nos volvamos a ver.

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Saliendo de la atmósfera. Contacto visual con base en órbita. Ansiosa por transmitirles mi informe. Me temo que no voy sola. Una hembra de apenas seis años de desarrollo se ha conseguido introducir en la cápsula. Ha sido culpa mía. No he inspeccionado correctamente ni la nave, ni la cápsula. He tenido contacto con su familia en Onsi en mi última convivencia. ¡Maldita sea! Mis sentimientos hacia ella son de cuidado y protección. Odio este recipiente, este cuerpo, pero debo comunicarles que mientras me mantenga en él pelearé por la vida de esta criatura, aunque deba enfrentarme a todos los Supremos y la Orden al completo. Es muy lista y su educación es excelente. Probablemente haya sido ella la causante del accidente. Propongo de manera constructiva que forme parte del proyecto intervencionista que he oído decir que llamarán Gea. Ven aquí pequeña. Mírenla bien, su nombre es Isis y será la primera de su especie, madre de todas las madres.

Cierro conexión.

Publicado la semana 34. 26/08/2018
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