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Caballo de Coia

La carrera.

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Amanece, aunque eso no resulte nada original. Puede ser que yo no sepa apreciar la suerte de estar vivo y poder ver el sol tras otra noche de insomnio. Dice mi psicólogo, bueno no es mío solo acudo a su consulta, que es debido al estrés producido por mi trabajo. Yo le digo que ese es el trabajo de otras personas cuyo fin es agobiarme con plazos y fechas. Hablan del calendario como si lo hubiesen inventado ellos. Mi trabajo me gusta. Esos papeles amontonados, ese ordenador que se cuelga, esa impresora que no imprime. Disfruto peleándome con todo eso. Desde que entré en esa empresa... no digo la empresa porque me da la impresión de que es la única y tampoco es plan de continuar introduciendo conceptos nocivos en mis neuronas. Como decía, desde que entre en esa empresa se me ha brindado la oportunidad varias veces, le llamo oportunidad aunque mejor dicho quedaría, plan de empresa,  ya que la empresa tiene un plan que se toma por divino confundiendo a Jon, el gran jefe, con Dios. En fin, que me querían ascender.

Les he dicho que no. "No estoy en un momento psicológico óptimo para desarrollar correctamente el puesto de trabajo que se me ofrece. Agradezco su confianza y la de la empresa pero no podría asumir tales responsabilidades". Palabra por palabra lo que el Psicólogo me aconsejo que dijese debido a que todavía no podía tomar decisiones, opino para mis adentros que este tipo de la bata que me sablea mis setenta euros por sesión, dos sesiones por semana, quiere que me echen. Así estaría deprimido y podría unirme a su secta de dementes. No me parece un buen plan, la verdad. Saldría perdiendo él.

Resulta que yo tengo una novia, una compañera, una... vamos que hay una mujer que dice que me quiere y yo a ella también. Digo que a ella también la quiero. Lo aclaro porque siempre me pregunta “¿También qué?” y eso...

¡Pues está estudiando la carrera!. La de psicología.  Me asegura que lo mío es una carencia afectiva. Sí. Pero tampoco es que se esmere en ponerle remedio. Dice que debo relacionarme con gente mayoritariamente de mi mismo sexo y a poder ser con los de siempre, lo que antiguamente se llamaba amigotes y que ella llama “otras relaciones”. Creo que es porque ella quiere pasar más tiempo con sus, antaño nombradas “amiguitas” hogaño “círculo de amistades”. Cuando menciona el círculo, me las imagino a todas en corro alrededor de una hoguera, entonando cánticos extraños y en pelotas. Se lo he contado y dice que por mis carencias afectivas he buscado refugio en cuentos y leyendas. En una mitología de poder, héroes, dioses y demás exaltaciones del Ego.

El caso es que he acabado odiando a mi psicólogo.

Publicado la semana 26. 01/07/2018
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