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Reviento dejando restos de carne alrededor. Mi alma estática, neutral se queda en el centro, brillando en silencio. El cielo ya no es azul, la ceniza ha teñido el aire, a través del cual, sólo aprecio el tenue rayo de un Sol que está a punto de morir. El mar es un espejo y nos muestra este punto final.

Buitres devoran con avidez los pedazos de mi cuerpo. Se están envenenando, pero no les importa.

Los buitres se marchan, fúnebres, arrepentidos. Otro humano explota cerca de aquí. Olvidan sus remordimientos y se apresuran a cumplir la tarea que les fue asignada.

Las nubes se confunden con el humo y descargan lágrimas de barro con furia. Atraviesan mi alma. Escucha ésta sus lamentos y se mantiene en silencio.

Una voz que puede ser la mía busca un hueco por donde entrar, creo que trata de que reaccione, me habla de lo insoportable, de la impotencia, del vacío...

Solloza y se aleja con las olas del mar inerte.

Unos pasos se marcan en la arena y cada huella se hace asfalto. Uniéndose consiguen una carretera. Presurosos los objetos, los bienes y el dinero aceleran sobre ella queriendo guardarse para el futuro. Corren hacia donde la carretera termina y caen en el abismo, la eterna espiral.

En el centro, donde mi alma parece esperar a la esperanza, una flor nace mustia y se muere sin hacer ruido, sin que importe y sus pétalos arden mientras viajan en el viento. Unos mensajes contenían y el olor a tinta, tierra, vida y fe quemadas inunda la realidad.

 

Me desperté de ese sueño. Contemplé la claraboya por la que una luz rojiza entraba en mi estancia después de filtrarse por el polvo del desierto de ahí fuera. El olor del sueño no me abandona desde entonces, se incrusta cada vez más en mi mente. Espero que me estén traicionando mis sentidos y no estar realmente oliendo ese polvo, esas cenizas, ese mar. Significaría que una grieta se ha abierto en este búnker. Voy a comprobarlo, si finalmente se confirma, éstas serán mis últimas palabras, las últimas palabras de la humanidad.

Extracto del diario de aislamiento. Doctora Esperanza Carballo. Año 49 después de la Segunda Venida.

Publicado la semana 24. 17/06/2018
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