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J. J. Emrys

Un sabio me dijo una vez...

 No sabemos si existen los dragones, no hay pruebas, así que cada uno que piense lo que le apetezca.

 Los muertos una vez que mueren van al cielo y allí son los que le dan forma a las nubes.

 Los que viven en montañas muy altas pueden comerse esas nubes que parecen algodón.

 ¿Si no se puede vivir en las montañas más altas de la tierra, para que sirven?

 ¿Si hay palabras que no se pueden usar, para que las queremos?

 Los abismos de los océanos son como esas pozas de los ríos en las que no hacen pie los niños, pero en ellas tampoco hacen pie los mayores.

 El Antiguo Egipto ya no es antiguo, ahora es Egipto, nada más.

 Las ventanas del avión son tan pequeñas que solo caben bebés por ellas, por eso siempre están cerradas que los bebés son muy curiosos.

 Los mayores llaman negros a unos señores que en realidad son marrones y dicen que nosotros somos blancos. ¡Eso no es verdad, nosotros somos rosas! Me parece que los mayores están muy confundidos.

 Los juguetes cobran vida mientras dormimos por eso siempre están esparcidos por mi habitación.

 Creo que los animales también quieren morir de viejos y que los cuiden sus amigos y su familia.

 El que quema los bosques piensa que va a poder aguantar la respiración siempre.

 

 

 Ya no veo las cosas de la misma forma. Tu punto de vista ha afectado tanto a mi vida que es imposible, por ejemplo, mirar las nubes como antes. Me recuerdas cada noche que se puede y se debe perdonar, que olvidar es una virtud humana más que un defecto, siempre estamos a tiempo de cambiar y siempre, siempre, hay un ratito para jugar. Hoy es hoy y aquí y ahora sucede el abrazo, la risa, el llanto, el descubrimiento, la decepción. Si Dios existe, se debe parecer mucho a un niño jugando al escondite.

 Gracias maestro por, como nos dijiste una vez, escogernos para ser tus papás.

 Es un honor.

Publicado la semana 16. 22/04/2018
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