Semana
10
Caballo de Coia

Ojos verdes.

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Relato
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 Todas las certezas que teníamos sobre nuestras vidas, se fueron a pique cuando cruzamos el umbral de la puerta de aquel bazar chino. En cuanto entramos, Chen, el dueño del negocio, dio la vuelta al mostrador y se arrodilló ante Alejandro. Éste le puso las manos sobre los hombros y le dijo algo en mandarín. El chino se levantó, empezó a gritar en su idioma movilizando a una mujer y a un chico joven. Los tres desaparecieron por la puerta de la trastienda. Sonia y yo nos quedamos sin palabras. Nuestro niño de cuatro años se giró. El mismo que hasta hace un rato apenas tenía vocabulario en la lengua de sus padres. Nuestro angelito de enormes ojos verdes, nos miraba sonriente.

 Sonia se llevó la mano a su boca y contuvo un grito, yo casi me caigo de culo.

-Tranquila mami.

 Lo primero que pensé fue llevarlo al médico. Pronto, la parte más racional de mí, me dejó claro lo estúpido que iba a ser eso, sobre todo si no quería que Ale acabase como un conejillo de indias.

-Tienes razón Papá, no es buena idea.

 La última certeza estalló en pedazos. Mi hijo era reverenciado por los chinos del bazar de nuestro barrio, hablaba mandarín y parecía tener el don de la telepatía, ahora lo que le pasaba en los ojos resultaba más normal. La preciosa mirada de mi pequeño Ale, se había transformado en la de un depredador. Me aterrorizaba… una mano fría me sacó de mi estado. El chino había regresado con algo envuelto en un paño de seda rojo. La mujer y el chico se encontraban detrás mirando al suelo. Me recordaron a los sirvientes de un emperador.

-Cógelo Papá. Descubre lo auténtico.

 Nunca he estado hipnotizado, no que yo sepa, pero aquello debía ser cómo se siente. Hice lo que el pequeño me pidió. Desenvolví el objeto y me encontré con un espejo de mano. Un Dragón con dos gemas verdes en las cuencas oculares, que parecían brillar con luz propia, contenía al ovalado espejo. El mango desprendía calor.

 Si Chen no hubiese estado ágil, se habría caído. Cuando vi mi rostro reflejado lo solté tratando de alejarme lo más rápido posible de él. Al final di con mis nalgas en el suelo.

 Sonia se me acercó, sobre su hombro vi a Alejandro. Unas protuberancias marcaban su frente. Se empezaba a parecer al rostro que segundos antes me había devuelto el espejo. Toqué mi cara y no encontré lo esperado. Ni rastro de cuernos, ni escamas ni dientes afilados.

-Tu turno mami.

 Me volví a alejar, mi mujer también entró en aquel trance. Chen le ofreció el espejo sobre la palma de sus manos extendidas, en absoluta calma. Sonia se lo puso frente a su cara, para mi sorpresa lo dejó de vuelta en las manos del chino. Se volvió hacia su hijo.

-Está bien. Explícate cariño.

 Aquel que se mostraba ante nosotros apenas se parecía a nuestro pequeño, incluso era más alto. Sus ojos se habían achinado, los cruzaban unas pupilas como de un lagarto. Unos cuernos sobresalían de su frente y se estiraban sobre su cabeza que también se había alargado. Me di cuenta de su cola. Sentí que iba a perder el sentido.

-¡Papá, mantente despierto!

 Las primeras fases me las perdí…

-…nos reencarnamos en los hijos y las hijas de la Sangre. Sois muy pocos, pero nuestros Guardianes os buscan,os vigilan. Una vez por cada ciclo, un Dragón está listo para volver, es tarea de los Guardianes acercar a las parejas y protegerlas hasta que su criatura despierte a su milenaria sabiduría. Fuimos perseguidos y cazados, pero como vosotros y vosotras, tenemos alma, espíritu y mente. Nos hemos tenido que refugiar en cuerpos humanos, pero solamente algunos aguantan nuestro poder. Si logramos permanecer, nuestro destino está escrito. Volveremos a la fuente muy pronto, pero en ese tiempo aún queda mucho que enseñaros. Mucho que aprender…

  Tuve la sensación de despertar en el asiento del copiloto. Sonia conducía en silencio. Se escuchó por última vez el intermitente aquella noche. Mientras esperábamos a que la puerta del garaje se abriese, me di cuenta de que tenía una bolsa entre mis pies. Dentro, unos clavos, unos guantes para la nieve. No recordaba haber comprado eso. Debajo me encontré con el paño de seda rojo. Saqué el espejo y lo coloqué como hago cuando quiero sacarme una foto. Vi a tres dragones. Uno dormía en una sillita homologada de coche.

Publicado la semana 10. 11/03/2018
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