David Lizandra
Tras ejercer durante muchos años de contable, dos estupendos hijos y una fugaz estancia en el sur de Chile, terminé en Cáceres por circunstancias de la vida. En esta ciudad se hizo evidente mi morriña por Castellón y, sin otro fin que volver a sentirlo más cercano, comencé a escribir sobre aquella tierra; fue el germen de mi primera novela publicada. El manuscrito de 450 páginas y un editor que encontró en mi persona lo que necesitaba con una rapidez inusitada hicieron que, hasta hoy, no haya vuelto a dejar de escribir. Desde principios de 2018 vuelvo a residir en Castellón, mi tierra, de donde no debería haber salido nunca.
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