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Abdúl era marroquí y estudiaba, bueno, estaba matriculado en la Escuela de Náutica de Cádiz para itentar seguir los estudios que le llevarían a obtener el título de Oficial Radiotelegrafísta de la Marina Civil, con lo que luego intentaría entrar en la Armada de su país como oficial. Estaba becado, como muchos otros muchachos, por un convenio entre ámbos países, pero como ocurría en tantas ocasiones, el dinero tardaba en llegar. El curso empezaba en Septiembre y el dinero raramente llegaba antes de Marzo. Había, por tanto, que buscarse la vida...

Cuando nuestros caminos se juntaron llevaba ya varios años en Cádiz, y aunque, como todos los marroquíes que conocí en aquella época, tuvo una enorme facilidad en aprender castellano rápidamente, mantuvo siempre un marcado acento. Llegamos a tener mucha amistad, hasta el punto que en alguna ocasión acabó viviendo en el piso de estudiantes que yo compartía ya con otros cinco energúmenos.

Le gustaba el alcohol, nos ha jodido. Y también le gustaban los chorizos caseros que periódicamente mi madre me enviaba desde Galicia, aunque no los comía mas que cuando era estrictamente necesario; si había otra opción, no comía jalufo. Como él mismo decía . "Corán dishe, shi tieneh jambre, come".

Como decíamos, Abdul tenía que buscarse la vida para sobrevivir hasta que recibía el dinero de la beca, y lo que solía hacer era traer hachís, no mucho, ciento cincuenta o doscientos gramos, una vez al mes, para venderlo, y con las ganancias ir tirando.

Él solía darle forma de aceitunas y mezclarlo en una bolsa con auténticas aceitunas "aliñás", de esas que dejan la bolsa totalmente pringada. Por lo que era muy improbable que a algún Guardia Civil se le ocurriera revisarla en la frontera. como , de hecho, nunca ocurrió.

En cierta ocasión, llegó a Cádiz con su cargamento, y se puso a beber. Viendo que la cosa se liaba sin haber llegado aún a su casa, decidió encomendar su tan preciada carga a un camarero con el que tenía cierta confianza, pero cuidándose muy mucho de no desvelar el valioso contenido de su bolsa de aceitunas.

Después de dos días de juerga, recuperada en la medida de lo posible la conciencia, acudió raudo a recuperar su valioso tesoro, pero el camarero, que posiblemente había descubierto la naturaleza de su custodia y dicidió apropiársela , le dijo que las aceitunas estaban malas y las había tirado. Abdúl, ciego de rabia gritaba: "Lasheitunah no sejtropean, duran muchosh meshes".

Publicado la semana 3. 21/01/2018
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La vida misma
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