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Asun García

Ágape

ÁGAPE

 

Diciembre, 1899

 

No siempre se ha celebrado la Navidad como se celebra hoy en día. Ya se nos ha olvidado que el veinticinco de diciembre poderosas puertas son abiertas, y por ellas entran fuerzas, a veces benévolas, a veces tremendamente oscuras; inexplicables fuerzas.

Algunos hombres, hombres sabios, son capaces de sentir con anterioridad el futuro desequilibrio. Observan el color de la tierra, el volar de los pájaros, al viento.

Cuando las fuerzas se creen que serán positivas, después de grandes debates, se desarrollarán los rituales de agradecimiento. Hogueras, limpiezas de entorno y cuerpo, ayuno…y una alegría desmesurada, de esperanza, para recibir al nuevo año.

En cambio, si se prevén negras y oscuras energías, se deberá realizar el ritual, en el que a estas tenebrosas fuerzas se les entregarán algunas almas puras. Estas se cebarán con ellas, se alimentarán de ellas, las desgastarán, y se contentarán con el sacrificio que terminará, inevitablemente, con una dolorosa y tortuosa muerte.

 

La madre Catalina lo sabía. Intuía que la paz se esfumaba para dar paso a una nueva lucha en la que su convento sería protagonista. Mientras esperaba al Prior observaba cómo se filtraba la suave luz del invierno a través de las modestas y antiguas ventanas.

Le conocía tanto que le veía entrar, sonriente, trayendo la Carta de Resolución del Obispo, avalada por el papa, en la que afirmaba que el diablo cruzaría pronto las puertas, para doblegarnos. Adivinaba sus gestos, la falsedad de sus palabras, ensayadas.

Don Miguel, prior del monasterio que acoge a los conventos de monjas y monjes, separados, eso sí, por claustros y pasillos rectos y eternos, se dirigía a las estancias de la arrogante monja, de la superiora del convento femenino. Realmente le molestaba ir a su encuentro. ¿Por qué no iba ella a sus estancias privadas? Él mismo se contestó mentalmente, era culpa suya, pues un día se le ocurrió retirarle el permiso para salir de su acotada zona.  Así es que, ¡ajo y agua!, pensó.

Desplegó el pliego en el que el obispo decretaba silencio en todos los conventos de España el día de Navidad y un obligado retiro espiritual para la madre superiora.

-Hermana, el mal nos acecha demasiado cerca. Unamos nuestras fuerzas y pidamos a Dios nuestro Señor ayuda y compasión.

-Prior. Me retiraré a la capilla de mi esposo y señor Jesucristo después de la misa del gallo. Ayunaré y meditaré en la luz divina.

-Os acompañaré en dicho trance. Pidamos juntos ayuda al cielo.

La hermana Catalina supo enseguida que un peligro amenazaba a alguna de sus hermanas. Intuyó que el Papa había solicitado un sacrificio, o varios, o muchísimos, repartidos por todo el país, e incluso más allá de nuestras fronteras. ¿A qué hermana le tocaría recibir al maligno y sacrificarse en pos del bienestar de los cristianos?

No podía evitar pensar que Jesús no estaría de acuerdo en adoptar tales medidas, por bárbaras y crueles, aunque no podía desobedecer.

¡Hombres!, pensaba. Al fin y al cabo sólo son hombres.

El día de ayuno y meditación pasó como un fulgurante rayo. Con la cabeza muy despejada y con gran seguridad en sí misma se reunió con su declarado enemigo, después de tomar un reconstituyente caldo y un baño con sal gorda, para espantar al diablo.

El Prior la olió en cuanto entró en la sala. No disimuló, mostrando descaradamente el profundo desprecio a la monja a través de una desagradable mueca.

-La limpieza del cuerpo es un mandato divino. Aleja al diablo, mi señor.

Él puso los ojos en blanco. Ya le daría su merecido. En cuanto oyese su resolución bajaría los humos.

-Ha sido un honor compartir la meditación con usted, Catalina.

-Sor Catalina, Prior.

-He de decirle que Dios me ha hablado. Requiere la ceremonia de Inserción del Mal en el cuerpo de una hermana de nuestro humilde convento.

Sor Catalina se lo imaginaba. No podía ser de otra forma.

-Es un honor para nosotras acotar el mal y poner nuestro granito de arena.-contestó.

-La hermana Patrocinio es la elegida por nuestro señor. Alabado sea.

-También he visto su rostro en la Luz. Será Santa cuando muera y ascienda. Alabado sea.

Hermano, organizaré con premura y diligencia la ceremonia. He de decir que en mi exaltación, también vi el rostro de un hermano en la luz divina. No pude reconocer sus facciones entre los hermanos del convento, por ello Dios me mostró un gran lunar, que este posee en el hombro derecho. ¿Me ayudaréis a localizarle?

Al Prior se le heló el alma. Enrique era su consuelo, su amor, su pasión. Ya no podría tocar su cuerpo.

Estaba acorralado. La hermana había sido muy astuta. ¿Cómo había sabido que copulaban? Si se negaba, el obispo terminaría por conocer su debilidad.

El hermano Enrique se recluiría también en una oscura celda para ser sacrificado por un bien común. Después sería alabado. Ángeles de cabellos dorados le acompañarían al cielo y allí viviría, y le esperaría en la divina gloria.

-De acuerdo. Localizaré al hermano del que Dios le ha hablado. La ceremonia deberá ser dual. El primer día del año nuevo recibirán en su cuerpo el mal que nos corroe, y después serán aislados, aunque cuidados por los hermanos y hermanas. Dios nos premia, Catalina, con dos santos.

Si una de sus hermanas iba a ser sacrificada, uno de los hermanos lo sería también. No iba a dejar pasar la oportunidad de arrebatarle algo al Prior. Ella también amaba a sor Patrocinio, no de una manera carnal, pero era joven, disciplinada y trabajadora, y echaría en falta su energía en el convento.

Aprovechó la confesión que la hermana Magdalena había realizado al final del verano. Les había visto, al Prior y al hermano Enrique, en unión carnal varias veces, pues le aseaba diariamente las estancias privadas. El Lunar se le había quedado grabado en la mente y la amenazaba por la noche, cuando cerraba los ojos.

Así fue como Sor Patrocinio y el padre Enrique conocieron en sus propias carnes el tormento y el sufrimiento que el diablo inflige a las mentes y a los cuerpos.

Así fue como la comunidad salió adelante y el nuevo siglo no devastó ni a la Cristiandad ni a la Santa Madre Iglesia.

 

 

 

Publicado la semana 52. 24/12/2018
Etiquetas
Cantos Gregorianos , El ágape cristiano , Por la noche
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