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Asun García

Un Misterio Tras Otro

Todos nos hemos encontrado alguna vez cara a cara con el misterio. Muchos lo ignoran, deseando que desaparezca por sí mismo el fenómeno; otros se lo guardan, convirtiendo la experiencia en un secreto, y unos pocos deciden convertirse en investigadores de lo extraordinario.

Las cuatro amigas habían oído hablar de unas extrañas luces y avistamientos ovni en una colina en cuya base había una preciosa cala de aguas transparentes. Normalmente lo único que conseguían era pasar un poco de miedo, aun así no cejaban en su empeño de investigar misterios.

Desde la playa vieron una extraña casa, en lo alto, que más bien parecía un extraño panteón; nada que ver con las hermosas casas de tejado rojo y paredes de pizarra grisácea de otras zonas turísticas cercanas.

Mientras sacaban de las bolsas el material necesario para la aventura, unos prismáticos; cámaras de fotos; grabadoras; toallas y un especial avituallamiento, vino tinto y tortilla de patatas, empezó a sonar una melodía procedente de la extraña casa. Alguien tocaba maravillosamente bien el piano.

Mientras hablaban, cenaban, y exploraban el cielo con los prismáticos, una niña de blanco semblante y rizos oscuros las observaba, acercándose poco a poco a ellas. Parecía intrigada. No la vieron hasta que estuvo muy cerca, hasta que la oscuridad les obligó a encender algunas velas de luz muy tenue.

-¡Hola! ; ¿Cómo te llamas? ; ¿Qué haces aquí? ; ¿Y tus padres?-preguntaron una a una.

La niña señaló la casa, iluminada por la débil luz de una farola. Después salió trotando hacia el sendero, subiendo las escaleras de dos en dos. Al llegar arriba, se dio la vuelta para mirarlas, despidiéndose. Debían parecer la Santa Compaña, en pie, cada una con una vela en la mano.

Una alta figura, recortada por la débil luz de la farola, la esperaba bajo el dintel de la puerta. No las saludó. Ni siquiera las miró. Se limitaron a entrar y a desaparecer en el interior de tan extraña morada.

Abandonaron la cala muy temprano, en cuanto amaneció, sin haber visto ni una sola luz extraña.

Subieron el pequeño sendero por el que había ascendido la niña cargadas de frío y sueño. La vivienda estaba lejos de ser un lujoso chalet, más bien parecía estar en estado de ruina. El carácter neoclásico de la fachada, en la que había una sola ventana, ojival, le daba un aire lóbrego y tétrico. En el interior no se oía ni un ruido. Dieron entonces la vuelta, rodeando la propiedad. La casa estaba totalmente derruida por detrás. Se mantenía en pie solamente una pequeña parte del tejado de algunas habitaciones, apuntalado.

Sin decir ni una palabra, salieron de la propiedad, deprisa, como almas a las que lleva el diablo. En sus cabezas sonaba un unísono ¿Cómo es posible?

Los cuatro móviles parpadeaban cuando llegaron al aparcamiento. El navegador les había llevado, por su propia cuenta, a una especial noticia antigua, de los años ochenta, que afectaba precisamente a esa tétrica casa que acababan de dejar atrás. El artículo detallaba los extraños fenómenos que allí se producían: la música; el sonido de los goznes de las puertas al abrirse o cerrarse; extrañas luces en las ventanas; la visión de los supuestos fantasmas de una monja, un soldado y una niña;…y el hallazgo de tres cadáveres enterrados en el mirador, sentados, mirando al mar.

 

 

 

Publicado la semana 49. 03/12/2018
Etiquetas
If I had a Heart, Fever Ray , Experiencias de la vida , Siempre, Junto a una hoguera
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Relato
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