Semana
45
Asun García

Nostálgica Mirada

Género
Relato
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Joan estaba todavía muy exaltado, tanto que no dormiría. 

Se levantaría agotado. 

Iría ya cansado al trabajo, y volvería exhausto.

¡La había visto! Después de más de treinta años, ¡la había visto!

Había sido una casualidad. O no. ¡Quien sabe!

Nunca ha dejado de pensar en ella; quizás la haya estado llamando, inconscientemente, pues su recuerdo se hace cada día más presente e insistente. A veces solamente está ella, en su cabeza, como máxima representante de un tiempo extinto, de una felicidad total e inconsciente, adolescente; de una vida en la que no cabía el tedio, ni la culpa, ni el remordimiento.

No había cambiado apenas nada. No se le notaban los años.

Sí tenía una cierta felicidad en el rostro y un indescriptible brillo en los ojos.

Ella no lo vio; y si lo vio, no lo reconoció. Cuando sus miradas se cruzaron no expresó emoción alguna, por lo menos sus ojos no reaccionaron.  Quizás sea porque él sí está muy cambiado.

Se lo merece. Merece incluso su desprecio, aunque nunca se lo haya dado. Inconscientemente lo hizo por su bien. Quizás un poder superior confabuló para romper su relación, porque si se hubiese quedado con él, en este maldito pueblo, se habría marchitado.

Hizo bien en dejarla. El sufrimiento que le causaron se convirtió en una salida, en un escape de una rutinaria vida, en un sendero que la condujo a la realización de sus sueños.

Ella le quería. Le quería cuando era sólo una niña. Él también la quería, a su manera. Pero no soportaba que no se abriese de piernas.  

Su mejor amiga le dio lo que ella no consentía, lo que celosamente guardaba.

Ella la traicionó por amor. 

Él la traicionó por sexo.

A veces se despierta soñándola, disculpándose, arrodillado.

Ninguna es como ella. Ninguna le colmó de tantos y tan tiernos detalles; de risas; de inocentes juegos. Y a ninguna ha deseado robarle tantos besos como le robaba a ella.

Ojala pudiese volver atrás, al final de aquél lejano verano, al día en el que le dijo que ya no la quería.

Ojala no hubiese paseado con la otra como si nada hubiese pasado.

Ojala.

¡No! Mientras ella lloraba, ellos la ignoraban. ¡Qué ciego y equivocado estaba!

No tardó en darse cuenta de que la que con tanta pasión se entregaba, en realidad no le importaba. Una vez colmada el ansía ya no la necesitaba, esta no le llenaba el alma.

La quería a ella.

Ahora ha de admitir que la sigue queriendo.

No quiso volver con él. No la culpa, ni la culpará jamás por ello. Hizo bien.

Ahora le entrega a otro lo que él aún ansía, lo que podría haber sido siempre suyo, de haber tenido un mínimo de paciencia.

Preferiría no haberla visto.

Preferiría no volver a verla.

 

Publicado la semana 45. 05/11/2018
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Something to remenber, Madonna , El melancólico otoño , En tiempos de desamor, o de desaforado amor. Es igual. , Piensa bien las cosas
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