40
Asun García

Una Fria Noche de Septiembre......

Una fría noche de septiembre le vi por primera vez. No sería la última. Allí estaba cada viernes por la noche, esperándome.

Nuestra interacción era inexistente; nuestras miradas se cruzaban apenas dos segundos. El permanecía impasible, mirándome fijamente mientras me alejaba. Yo caminaba despacio, con el móvil y las llaves del coche en la mano. Me sentaba, cerraba la puerta pulsando inmediatamente el cierre de seguridad, arrancaba el coche y encendía la radio. Después ya no estaba.

Ignoro adonde iba cuando yo me marchaba.

Ignoro de donde venía cuando yo le encontraba.

Al principio solo pude fijarme en sus ojos, vivos; centelleantes; oscuros.

Con el tiempo mis ojos, acostumbrados ya a su presencia, ampliaron su radio de visión. Un día descubrí que su pelo era largo y rubio, recogido en una coleta. Otra noche supe que iba muy abrigado, con guantes de piel negra y abrigo tres cuartos del mismo color.

¿Quién era? ¿Qué quería? No estaba preparada para que me contestase a estas preguntas. Prefería no saberlo. Quizás, mientras me mantuviese callada me dejaría conservar la cordura, pues enseguida supe que nadie más le veía. Estaba allí, pero nadie más que yo le veía.

¿Era un fantasma? No. No lo creo. Los Fantasmas son etéreos, diáfanos, sombras reptantes….Se trataba de un ser de carne y hueso.

Llegué a la puerta de salida respirando con dificultad. Tenía previsto hablarle, preguntarle si podía hacer algo por él, lo cual me causaba una tremenda ansiedad.  Atravesé el umbral de la puerta con decisión, como si no pasase nada. En realidad no pasaba nada, más que había terminado mi jornada laboral y me disponía a ir a casa. Crucé la calle, acercándome a él. No dije nada. La expresión de su rostro no cambió, sus ojos se habían ya clavado en los míos en la distancia, y al mantenerle la mirada sentí que me leía el alma. Cogió mis manos y las llevó a sus labios. Las besó, cerrando los ojos. El beso fue frío. Sentí un escalofrío recorriendo mi cuerpo, una extraña energía. Sus labios rojos me erotizaron. La palidez de su rostro era alarmante. El frío era más intenso en su presencia, a nuestro alrededor.

-¿Qué quieres de mí?- Le pregunté, titubeante.

-Mañana no vengas a este lugar. Tu vida está en peligro.

Habló pausadamente, sin soltar mi mano. Su voz había sonado cavernosa. El breve, pero insistente eco que produjo quedó grabado en mi mente, para repetirse después todo el tiempo.

Apenas dormí. El ser se había marchado después de darme un absurdo mensaje. Esperé sentada en el coche, mientras él caminaba calle abajo, hacia la playa. Una nítida niebla le envolvía, acompañándole mientras se alejaba, hasta que su silueta desapareció en el horizonte.

Al día siguiente me levanté a la misma hora de siempre. Necesitaba un motivo para no ir a trabajar y una convincente coartada para justificar mi ausencia. No podía decir que un desconocido, un ser sobrenatural, me había dado permiso.

La aplicación WhatsApp me la daría; es imposible engañar a alguien con ella, la ubicación es exacta. Dije a mi hermana que me encontraba muy mal, que no sabía cómo me había levantado de la cama.

Después envié un mensaje de voz al jefe, conciente de que aún no se habría levantado. Dejé todos los dispositivos encendidos, consulté webs de remedios caseros naturales, y por último llamé al servicio de urgencias para que me aconsejaran cómo hacer un suero fisiológico.¿Por qué le hacia caso? Algo me decía que era correcto, que ese desconocido ser había aparecido en mi vida por un motivo.

Las noticias matutinas me dieron la clave. La televisión me mostró una silenciosa imagen de mi despacho, en el que había entrado un desequilibrado portando un rifle,  disparando al vacío, destrozando la silla en la que siempre me había sentado.

 

Publicado la semana 40. 01/10/2018
Etiquetas
Alpha, Jean Michel Jarre and Vangelis , Experiencias Paranormales , Junto al Fuego , Sobrenatural
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
40
Ranking
3 111 6