Semana
04
Asun García

La Puerta Dorada

Género
Relato
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-Buenos días. 
La joven no contesta, ofuscada y obnubilada mira hacia el horizonte. 
-¿No me dice nada?- Le pregunta, con voz suave y aterciopelada.
-Buenos días- contesta la joven con voz temblorosa y un poco avergonzada.

               Sus manos agarran con fuerza los barrotes bermellones de la barandilla de hierro. No quiere mirarla. Quiere ignorarla. Es un instante muy personal, quizás el más personal de todos los momentos de una vida.  ¿Por qué la interrumpe? 
                    El agua se mueve, abajo, inquieta, chocando febrilmente con las piedras de la orilla, dedicándole un maravilloso preludio, perfecto y adecuado para el siguiente acto. 
-Hace un bonito día. Es precioso para morir. ¿No?
                Sus ojos la miran extrañada. Ha conseguido llamar su atención. ¿Por qué esa mujer se dirige a ella? No la conoce de nada. Al mirarla ve a una diminuta mujer, insignificante en altura, aunque de gran presencia. Puede mirarla directamente a los ojos sin bajar la cabeza. Sus ojos negros brillan como estrellas en el firmamento en una noche oscura.
- Aunque también es divino para vivir.- continúa.
              El silencio se hace un hueco entre ellas. La chica no sabe lo que decir, ni lo que hacer. No es normal, en una ciudad como esta, que una desconocida se acerque a ti para iniciar una conversación intrascendente. Por otra parte, ¿le ha leído el pensamiento?  
               Enseguida una niebla surge del agua del inmenso río, envolviéndolas. La mujer parece etérea. Todo se difumina y disuelve en la espesa neblina. 
-¿Crees que no sé lo que estás pensando? 
-¿A qué se refiere?- Contesta, trémula, después de un instante. 
-¿Por qué quieres hacerlo?
               No quiere contestar. Mira al horizonte, aunque no puede ver nada, ni sus pies, ni tan siquiera el puente. 
Un vacío se apodera de ella. Quizás por ello se agarra más fuerte a los barrotes, a los que tampoco ve, pero siente.
-¿Por qué quieres hacerlo?
Le enseña los moratones que adornan sus brazos. 
-No has contestado a mi pregunta.
-¿Cree que no es suficiente razón? Me siento muerta en vida, insignificante, siempre agredida. No me quiere. Un día me va a matar. 
No sé por qué lo hace. Sí. Sí lo sé. Lo hace porque no me quiere. ¿Cómo lo haré, sin él? ¿Cómo viviré? 
                Entonces, la enigmática señora, señala un punto en el horizonte, sin girar la cabeza, sin quitarle los ojos de encima. 
Algo surge en la niebla. Una puerta dorada se abre lentamente.
-Será tu decisión. Puedes cruzar la puerta y desaparecer para siempre. O puedes cruzar el puente y vivir. ¡Vivir!. ¡Morir! Es un día maravilloso día para morir. Es un día perfecto para vivir.
La joven cierra los ojos, relajando su cuerpo, soltando los barrotes del balcón que la separa de la certera muerte. 
Entonces grita. Grita muy fuerte, soltando toda la rabia que lleva dentro. Después llora, llora mucho y muy fuerte. 
-Pues lo haré muy bien. Soy guapa. Soy lista. Soy amable. Trabajaré duro. Me iré muy lejos, tan lejos que nunca me encontrará. No me esconderé, pero huiré de él, porque la vida es lo más valioso que tengo. 

              Enseguida, como si hubiese esperado el acto final, la niebla se disipa mientras la puerta se va cerrando. El puente luce maravilloso. La luz del sol le acaricia el rostro, secando la humedad que las lágrimas derramadas han dejado en su rostro.
 En apenas quinientos metros alcanzará la orilla. Los recorre sonriendo, saludando a la gente, disfrutando de las preciosas vistas que le regala el momento. 
Un momento. –Piensa.- ¿Y la mujer? 
No está. Ya no está. Ha desaparecido con la niebla. Con ella se ha ido todos sus males y pesares. 
Es un ser nuevo.
 

Publicado la semana 4. 22/01/2018
Etiquetas
I Will survive , La vida misma , En cualquier momento , Mujer
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