Semana
37
Asun García

Porque tú lo digas.

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Relato
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La Jefa había estado especialmente amable y simpática aquella mañana. Se reía por todo. Intentábamos acompañarla en su alegría, aunque los demás no teníamos tantas ganas de jolgorio y fiesta como ella. Nos preguntábamos qué preparaba. ¿Una cita? Últimamente estaba muy suelta, tirando los trastos a todos los que se cruzaban en su camino. Chico o chica, lo que le apeteciese. Unos lo aprobaban, otros no.

Esta mañana había llegado tarde, y llevaba el pelo muy revuelto. Ella pensaba que la dejadez le restaba años. Solamente se peinaba si algún director general visitaba la oficina. Si no era el caso, su desaliño llegaba a ser un tanto molesto.

Normalmente se marchaba de la oficina antes que los demás, pero no este día. El nerviosismo empezaba a hacer acto de presencia en nuestras filas, simples oficinistas, que nos habíamos acostumbrado a cerrar caja y salir puntualmente. No se merecía ni un minuto más de nuestro tiempo. A las cuatro menos cinco se levantó de su silla para acercarse a la mesa de Andrea, su próxima víctima.

Sus mejillas relucían. Quizás se había pasado la última media hora pensando en lo que le iba a hacer, pues la manera en la que la había estado mirando había sido un poco escandalosa.

-¡Hola! ¿Vienes esta tarde a los toros?

-¡No! No me gustan. No soporto el sufrimiento del pobre animal. Dejé de ir hace mucho tiempo.

-No, no me has entendido. No quiero ir a ver la corrida. Iré a impedirles el paso a esos salvajes.

-Gracias por invitarme, pero de todas formas prefiero no  ir.

-¿Vas a dejar que maten al pobre animal? Entonces eres como ellos. Si no hacemos nada…

- No vas a impedir que lo maten. Mientras sea legal poco podemos hacer.

-¡Qué desilusión! ¿Cómo puedes decirme eso? No me lo esperaba. Eres, eres.. ¡una mentira!

-¡Oye! No soy ninguna mentira. Me soy muy fiel. Nunca te he dicho que quisiera ir a insultar a otras personas. Y quién soy yo para decirle a nadie lo que ha de hacer.

-Son bestias. ¿Cómo pueden comerse a un pobre animal? ¿Cómo pueden disfrutar de un evento así?¿Y el que los torea? ¡Muerte a los toreros!

-Mujer, no les desees la muerte. Responden a una necesidad social, a una demanda, y dan un servicio; como nosotros. 

-No. Nosotros no matamos animales. ¿No querías ser vegana?

-Quería. Estoy intentando ser vegetariana primero. Si mi cuerpo lo acepta, claro.

-Eres pura contradicción. ¿Cómo no lo va a aceptar? Es lo más natural. Lo mejor es comer semillas, frutas y verduras….¡Lo de toda la vida!

-Perdona, pero toda la vida, la tuya y la mía, se ha comido mucha carne. Los cuerpos se deben acostumbrar poco a poco. Además, que cada uno haga lo que quiera ¿o no?

-¡No! Debemos dar ejemplo.

-¡Sí, claro! Debemos ir por ahí enseñando la zanahoria y el tomate con sal que nos comemos y dejando claro que somos los mejores. Las personas también son importantes, debemos ayudarnos unos a otros.

-Las personas nos podemos defender. Los animales no.

-¿Qué me dices del despido de Alfred? ¿Por qué no lo frenaste?

- Que hubiese espabilado.

-Tiene hijos.

-¿Y a mí que me importa?

-Pues que tiene que darles de comer y ahora está sin trabajo. Está en las últimas.

-Que se busque otro trabajo.

-No había motivos para despedirle. No me mires así; sabes que es cierto.

-Bueno, ¿te vienes conmigo o no? Te he traído una camiseta. Vas a estar monísima. Después podemos ir a algún sitio juntas, nosotras solas, a tomar algo. Te puse este horario para que me acompañases y además, mañana no madrugas. También me encargué de eso. Tienes el día libre.

-No voy a ir. Creo que si educamos bien a las nuevas generaciones, en unos cuantos años no irá nadie. Cuanta más gente vayáis a gritar y cuanta más resistencia les pongáis más les va a durar a los  toros el tormento. ¿No lo entiendes? Hay que pedir paz, no que no haya guerra. Si es que encima sois….Perdona, me he entusiasmado. ¡Pásalo bien! ¡Hasta mañana! Ya me contarás.

Andrea salió disparada, como si la persiguiese el mismo diablo. Asistimos todos al cambio progresivo que se había dado en ella. Todavía tenía las mejillas sonrosadas, aunque ahora era debido a que la dominaba la rabia.

Empezamos todos a salir de la sala y a apresurar el paso, pues se avecinaba tormenta, y de las gordas. El Turno de tarde sufriría seguramente las terribles consecuencias del desplante de Andrea. 

Al llegar al coche me di cuenta de que no llevaba las llaves, con los nervios había salido yo también pitando, dejándome la mitad de las cosas en el cajón del escritorio. No tuve más remedio que volver. Lo hice lentamente, deseando que se hubiese metido en el baño, o que alguno de mis compañeros de la tarde la estuviese entreteniendo. Me aterraba encontrarme con ella, así es que entré despacio, sin hacer el más mínimo ruido.

Hablaba por teléfono. Me quedé helado. ¿Cómo era capaz?  No se escondió, ni tan siquiera habló en voz baja. 

 

-Pili, cariño, ¿hasta cuando tiene contrato Andrea?

-Aún le quedan dos meses.

-Vale. ¡Uf! Aún dos meses ¡ Pues vaya! Tenemos un problema. No me gusta nada su actitud. Hace días que observo que no hace un buen  trabajo, está muy despistada. ¡Y no se le puede hablar!  Si vuelve a contestar, a mí o a cualquier otro, adelantaremos el cierre de contrato. Y ya te aviso de que no hay renovación. 

-De acuerdo.

-Gracias. ¿Te vienes conmigo a los Toros?

 

 

Publicado la semana 37. 10/09/2018
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La Fiesta Nacional, de Mecano. , Lo de siempre, esta vida nuestra. , Sírvase templado si dispone de una sonrisa que no termina de salir , Frénales, si puedes.
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