Semana
35
Asun García

A Dios rogando y con el mazo dando

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Tenemos muchas ganas de tener un niño. A pesar de que hacemos un esfuerzo enorme todas las noches, cuando las criadas duermen, no lo conseguimos. A veces pienso que la causa es la frialdad con la que lo hacemos. La pasión no hace ya acto de presencia y una, con el tiempo, se acostumbra a no fingir. ¿Para qué?

Es evidente que ya no nos queremos. Lejos está la poca pasión que alguna vez ha habido entre nosotros y que de común acuerdo hemos desterrado de nuestra vida en común, por ser pecado y porque, por qué no decirlo,  ya no nos atraemos.

Nunca lo hemos hablado, ni falta que hace, pues como diría mi padre, de lo evidente no se habla.

Es un fastidio tener que traer vástagos al mundo. La obligación para mí es doble ya que soy mujer y cristiana. La condición de sierva del señor me obliga a ello como objetivo prioritario de mi existencia en la tierra.

He sido el foco de atención de esta hipócrita familia demasiado tiempo. Estoy cansada de fingir que me importa. Porque en realidad me trae sin cuidado tener o no tener hijos. Se trata del qué dirán y de lo que piensen los demás.

¡Pobre!, dicen.

Pobres ellos, que a mí no me hace falta dejarme la figura y la vida en un parto. ¿Por qué siempre ponen el foco de atención en el sexo femenino? ¿Y él, cómo saben que no es estéril?

El Padre Mariano nos ha estado sermoneando, prohibiéndonos tajantemente la Fecundación In Vitro. Cosas del diablo, dice. Hemos hablado mucho con él, ya que es nuestro confesor y director espiritual.

Hoy, después de la misa matutina, nos ha hecho entrar a su despacho en el que esperaba una monja horrible, de la cual no recuerdo el nombre. Ni falta que hace. No se parece en nada a las hermanas del convento de San Agustín. Cuando estoy con ellas me siento bien, muy calmada, tranquila. Sin embargo esta Sor Cipriana, o como se llame, ha permanecido toda la entrevista con el ceño fruncido y se ha permitido hablar como si fuese un general. Parece seca y dura, y recta, tanto  como un palo. Pobrecitas las hermanas que tiene a su cargo, ya han ganado el cielo. Hemos sabido que es la Jefa de Enfermeras del Hospital del niño Jesús, que atiende mayoritariamente a mujeres desamparadas durante el embarazo y el parto.

El caso es que lo que nos han propuesto es bastante más inmoral que la implantación de un óvulo o cualquiera de las técnicas de reproducción asistida que la ciencia ha puesto en nuestro camino.

Hemos aceptado.

¿Por qué hemos aceptado? Aún me lo pregunto.

Esto que vamos a hacer si que es un pecado, aunque nos lo hayan vendido un cura y una monja. Mi marido les ha prometido el doble de la cuantía que le han reclamado. Todo se puede comprar con dinero, absolutamente todo. Para nosotros no hay límites.

Imagino que con este noble gesto se cree perdonado. Seguramente cuando suba al cielo tocarán el harpa en su honor.

La chica es muy mona. Nos han asegurado que es muy guapa y muy lista, además de limpia y sana.

He objetado que muy lista no será cuando se ha quedado preñada de adivina quien sin estar casada. 

Esperaremos cuatro meses para tener al bebé en casa. Pero ¿Cómo lo hago? Nadie va a creer que estoy de cinco meses.

Según todos, el cura, la monja, el médico y mi marido, he de empezar a actuar ya, sin perder ni un minuto. ¡Ni que fuera  tan fácil!

Al llegar a casa ha comenzado la función, pues me he desmayado delante de todo el servicio, sin pensarlo demasiado, improvisando. La pobre Alba, mi fiel ama de llaves, se ha llevado un buen susto. La angustia se le ha pasado enseguida, cuando le he contado la verdad.

Hemos llamado al médico, quien por supuesto esperaba impaciente la inminente convocatoria. Después de reconocerme pausadamente ha abrazado a mi marido delante de todos.

-¡Enhorabuena!

Él ha disimulado, como si ni lo imaginase siquiera. A continuación ha pedido que les sirvan un buen whisky inmediatamente. Todo el servicio ha sido también invitado, en una sala aparte, por supuesto.

La ocasión lo merece. Por fin Dios ha oído nuestros ruegos y plegarías.

Estoy en estado de buena esperanza ya doce semanas. He tenido un buen inicio de embarazo, lo cual es muy buena señal. A partir de ahora se complicará un poco. He de guardar reposo y no recibir absolutamente a nadie.

Evidentemente el niño nacerá prematuramente y todo irá muy bien.

Y yo me pregunto ¿Qué pensará esa pobre chica? ¿Se lo habrán dicho?

Alba dice que son prácticas habituales, que a las chicas pobres que no tienen a nadie les quitan los bebés al nacer, que las engañan, diciéndoles que han muerto; o lo que es peor, que las monjas las convencen de que les va a ir muy mal en la vida porque son pecadoras y como consecuencia de esa cruel y mezquina manipulación suelen entregar al niño sin recibir nada a cambio.

No sé qué pensar.

Bueno, sí que sé lo que pensar. Lo tengo muy claro.

Estoy embarazada de doce semanas y voy a tener a un niño precioso. Si estoy de pie mucho tiempo me mareo. No me sienta muy bien lo que como. Ya falta menos.En un par de meses voy a tener a mi bebé en los brazos. Seré feliz. Todos me dejarán en paz. Y por fin dejaré de ser la protagonista de esta cruel comedia.

Tengo muy poco tiempo para preparar todo lo necesario. Su habitación, la ropita, el parto, el bautizo. ¿Cómo se va a llamar?

-Alba, deje usted de llorar. No vuelva a repetir esos chismes absurdos acerca de nuestro bebé. Son cotilleos de vieja, y en esta casa sabe usted que no se admiten ni chismes ni cuentos. Y si no se calma enseguida la sustituiré por otra persona más seria y responsable. No me convienen los disgustos, el médico ha dicho que tanto el bebé como  yo necesitamos descansar y estar tranquilos. ¿Lo ha entendido?

-Sí, Señora.

-Pues a trabajar, que el tiempo apremia.

 

Publicado la semana 35. 27/08/2018
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