Semana
32
Asun García

No Hay Batalla para el Fuego

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Relato
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Me han despertado las sirenas. El bullicio, totalmente desordenado e ininteligible, entra a través de la ventana, abierta de par en par, con la intención de que en caso de levantarse una brizna de aire refresque la estancia.

No es el caso.

La montaña arde en la distancia. Parece un gigantesco volcán escupiendo lava. Las llamas bailan altivas, engullendo el frondoso y árido paisaje en su frenético baile. El fuego se ha hecho enseguida el rey de la maleza, ganando la batalla entre el desorden y la desorganización humana.

Soy incapaz de moverme. La escena me paraliza e hipnotiza, pues se ha materializado lo que pronostiqué hace un tiempo.

¡Qué mala suerte! Lo que daría por que no se hubiesen cumplido mis expectativas.

Sabía lo que pasaría cuando el proyecto fue rechazado por falta de fondos.

El bosque y los matojos ya no son prioridad del hombre moderno. No hay fondos. Europa tiene otras prioridades, como la de ahogarnos a través de  impuestos y robarnos todo lo que es nuestro. 

Y yo exclamé: ¡Ya no hay cortafuegos! ¡No limpiamos los cauces de los torrentes secos, llenos de hierbas y matojos!  ¡Un incendio puede matar a muchas personas!…

Mi voz fue apagada, segada por la avaricia de un ministerio preocupado por no poder llenarse los bolsillos de miles de euros que no ha ganado limpiamente.

Estamos indefensos. No hay un lugar donde esconderse. Nunca lo ha habido.

Somos capaces de ir a la luna y viajar al espacio exterior. Hasta tenemos una estación espacial orbitando el planeta. Sin embargo, seguimos en la edad de piedra en cuanto a extinción de incendios se refiere y sin lugar a dudas, en muchísimos ámbitos importantes de cara a ser una sociedad moderna. Sin embargo no estamos a lo que deberíamos estar. Ningún partido político trabaja en lo que al ciudadano de a pie le interesa. Ninguno.

Llegué a la playa como un zombie, ensimismado mirando a las llamas. Recuerdo que bajé las escaleras tranquilamente, confortando a mis vecinos, ayudándoles. Después me sumergí en el silencio mientras mis pensamientos se ocultaban en algún profundo lugar del que no han salido hasta ahora mismo. Recuerdo que intenté que la gente subiese en las barcas o que se mantuviesen en la orilla, pues el mar no reacciona a los problemas, si no sabes nadar no te ayuda ni sostiene y la vida que alberga suele ser depredadora y poco clemente. 

Oigo gritos y llantos cercanos. 

La desesperación.

No recuerdo qué es lo que he hecho en toda la noche. Mi memoria no quiere recordar la noche de los horrores. Bastante tengo con saber que gracias a los que ahora vienen a consolarnos en sus coches oficiales rodeados y protegidos por la policía han muerto unas ochenta personas. 

Que en 2018 mueran setenta personas en un país que se supone del primer mundo huyendo del fuego es algo terrorífico.

Estamos indefensos.

No tenemos donde escondernos.

Nadie nos protege.

Publicado la semana 32. 06/08/2018
Etiquetas
ohm , La vida, los incendios y los políticos , Siempre , Pirómanos
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