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Stephen Davis

Día 426 de travesía:

 

Procedo a internarme en el sistema Glaries. Todos los sensores arrojan indicaciones acordes a los niveles normales, sin desviaciones particulares.

 

Día 488 de travesía:

 

Dejo atrás el sistema Glaries: nada destacable. No se han encontrado señales de vida ni planetas diferentes a los conocidos hasta el momento. Todos los parámetros continúan estables. Pronto atravesaré el Cinturón de Voggat.

 

Día 502 de travesía:

 

Franqueado campo de asteroides. La telemetría no arroja resultados preocupantes: no parece haber daños estructurales. Los niveles de oxígeno no han sufrido variaciones significativas. Continúo la ruta prevista.

 

Día 514 de travesía:

 

Los sensores avisan de una desviación extrínseca de cuatro con doce grados. El origen no parece claro, pero podría ser la atracción de una supernova cercana, en el centro del sistema Arnevii. Seguiré controlando e informando de cualquier alteración relevante.

 

Día 516 de travesía:

 

Houston. ¿Me reciben? ¿Pueden oírme?

 

La fuerza exterior lleva arrastrándome casi cuarenta y ocho horas. Las mediciones son… sorprendentes. La onda parece provenir de varios años luz de distancia. He perdido el control de la nave y los motores no responden. Las reservas de oxígeno continúan sin variaciones. Lo único que me queda es dejarme arrastrar y averiguar a dónde me lleva.

 

Día 518 de travesía:

 

He dejado atrás la Vía Garditania y el sistema T-498. He sido arrastrado más allá de los confines conocidos del universo. Avanzo por territorio desconocido y cada vez soy arrastrado a mayor velocidad. En el exterior hay una especie de neblina verde y azul, casi como una enorme aurora boreal que lo ocupa todo. No hay rastro de planetas o asteroides. Los sensores han dejado de arrojar resultado de cualquier tipo. Resulta francamente inquietante.

 

Día 519 de travesía:

 

¡Houston, el cristal! El mirador de cabina se ha resquebrajado, parece ser que por culpa de la presión exterior. La velocidad no para de incrementar, voy totalmente a la deriva. No creo que vaya a sobrevivir más allá de unos minutos más. Por favor, díganle a mi mujer Sarah que la quiero, que ha sido lo más importante que jamás me ha ocurrido y que sin ella mi vida no habría tenido sentido. Y a mi hijo, Jason, que sepa cuando crezca que lo he querido muchí… y que desde el primer momen… en que lo vi supe que… gran persona. Me acerco… agujero… inestable… tembl…morir… 

 

¡Imposi…!

 

Día ??? de travesía:

 

Imagino que nunca nadie oirá esto, pero necesito decirlo en voz alta. Tras atravesar algo semejante a un agujero negro, he efectuado un aterrizaje forzoso en una zona boscosa. La nave ha resultado dañada, por lo que creo que será muy difícil que pueda volver a hacerla volar. He pensado explorar los alrededores con el traje, pero los sensores me han indicado que las condiciones atmosféricas son perfectamente viables para la vida: son casi idénticas a las de la Tierra.

 

He avanzado por varios senderos hasta que el bosque ha dado paso repentinamente a una ciudad. Todos los edificios, algunos de ellos de la altura de rascacielos, están invadidos por vegetación. Las fachadas están repletas de troncos adheridos y plantas enredaderas. También hay flores gigantescas, del tamaño de coches, de colores y formas que jamás había visto.

 

Ahora mismo camino por una ancha avenida. No hay nadie, ni peatones ni coches, y en lugar de asfalto hay una superficie terrosa. Sin embargo, hay algo que me resulta familiar. No sé qué es, pero me da la impresión de que ya he estado aquí, por imposible que parezca. De hecho, ese edificio… Estoy viendo un edificio muy alto, un rascacielos… Me suena muchísimo su silueta: estoy seguro de que la he visto en algún lugar… ¡La madre que me parió! Es… no puede ser. ¡Es el Empire State! ¡Claro, la avenida por la que acabo de pasar es la Quinta Avenida! Por eso me resultaba tan familiar.

 

Me acerco a la base del edificio. Entre la maleza me parece distinguir un letrero sobre el escaparate de la planta baja: Wallgreen’s Pharmacy ¡No me lo puedo creer! Me acerco todavía más, para ver si puedo discernir algo del interior. ¡¿Pero qué narices está pasando?! ¡Hay gente al otro lado del cristal! En lugar del interior del edificio, se ve la Quinta, solo que repleta de personas. Están marchando en lo que parece una manifestación. Llevan letreros y pancartas pero las letras están al revés, como vistas a través de un espejo. Voy a intentar leer algo. “Stephen Davis, no te olvidamos”. ¿Qué está pasando? ¿Por qué aparece mi nombre en las pancartas? “Queremos la Falconship de vuelta”. Espera, esa es… ¡Sarah! Sarah, cariño, ¿me oyes?

 

Es mi mujer, sujetando por el centro una de las pancartas que recorre la multitud de lado a lado de la avenida. He tratado de llamarla, golpeando incluso el cristal, pero ni ella ni ninguna de las demás personas al otro lado parece oírme. Está… está distinta, parece mayor. Pero tiene los ojos hinchados de llorar, tal vez sea eso. Esto parece una pesadilla.

 

Me separo del cristal, tengo que buscar una forma de arreglarlo. Vuelvo a la nave para intentar repararla. Espero encontrar el modo de hacerlo antes de que sea tarde. Houston, espero que estéis oyendo esto. Necesito vuestra ayuda: necesito volver con ella.

 

***

 

[Mensaje recibido en el Centro Espacial Lyndon B. Johnson de la NASA, en Houston, Texas, el dos de mayo de 2034, tras más de quince años sin noticias de la misión de exploración Órbitam XIX, ni del paradero de la Falconship o de su único pasajero, el astronauta Stephen Davis]

Publicado la semana 47. 22/11/2018
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