Semana
31
artguim

Misión en Farce City

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Relato
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—¡La alarma! ¡Rápido, al Battmovil!

 

—¿Ahora? —se escuchó una voz, procedente de la sala de la televisión—. Pero si solo le quedan cinco minutos al partido. ¡Que es la final!

 

—Ni final ni leches, Icon Man. Es una emergencia, nos vamos.

 

—Está bien…

 

Los dos compañeros de piso se dirigieron al cuarto de la colada, donde accionaron el mecanismo oculto. El frente de la lavadora y secadora apiladas se abrió como una única puerta, brindándoles acceso al ascensor secreto. Descendieron a través de las entrañas del inmueble hasta un desconocido nivel subterráneo de la edificación en la que se habían instalado con su tapadera como estudiantes universitarios. La puerta se abrió de nuevo y salieron a una oscura cueva.

 

—Macarrones con tomate —recitó en voz alta Icon Man la contraseña, logrando que las luces automatizadas se encendieran e iluminaran la estancia.

 

En el centro de esta se encontraba el futurista vehículo que utilizaban como transporte para sus misiones. Sin embargo, algo en él no estaba como era de esperar: una capa de mugre cubría gran parte de su carrocería.

 

—Te dije que lo llevaras a lavar —reprendió Sumperman a su compañero—. ¡No se te puede encargar nada!

 

—Iba a hacerlo, pero había mucha cola en el túnel de lavado, y el partido estaba a punto de empezar…

 

—No me vuelvas a mencionar el partido. Vamos, pongámonos los trajes y arranquemos.

 

De detrás de unas puertas ocultas en la pared de piedra extrajeron los trajes colgados de perchas. Se introdujeron en las ajustadas piezas mezcla de licra y kevlar, roja y gris la de Sumperman y rosa y verde la de Icon Man, y tomaron asiento en el vehículo.

 

—¿Has vuelto a lavar los trajes juntos? —preguntó Sumperman, al ver que el traje de su compañero ya no era blanco y verde.

 

—Te lo dije, era la fi…

 

—¡Shhh! ¡Ni se te ocurra! —lo interrumpió—. Ya habrá tiempo de discutir esto a la vuelta. ¡Vamos!

 

Sumperman puso en marcha el motor del vehículo y engranó la marcha. Comenzaron a avanzar hacia el portal que les daba acceso a la rampa secreta, que emergía a la superficie desde detrás de una densa cascada a las afueras de la ciudad, cuando tuvieron que frenar súbitamente.

 

—¿Por qué no abres el portal? —preguntó Sumperman, extrañado.

 

—No encuentro el mando a distancia —respondió su compañero, mientras rebuscaba en la guantera y demás recovecos del habitáculo. Se detuvo al recordar dónde lo había dejado—. ¡Porras fritas! Está en el baño.

 

—¿En el baño? ¿Pero qué narices hace en el baño? —Sumperman negó con la cabeza, resultándole imposible comprender la razón por la que su compañero era incapaz de hacer una sola cosa como sería de esperar—. Déjalo, no quiero saberlo. Vamos, no te quedes ahí parado como un tonto. ¡Corre a por el mando!

 

Al cabo de unos cuantos interminables minutos, Icon Man regresó al vehículo y abrió el portal. El Battmovil salió despedido por la rampa y, tan solo unos segundos más tarde, estaban ya en la superficie.

 

—Por lo que he visto en las cámaras, el Doctor Terror está en el centro y tiene a la población sometida por su ejército de robots malvados —comenzó a explicar Sumperman—. El plan es el siguiente…

 

Al cabo de unos minutos, el Battmovil se detuvo en la plaza central de la ciudad, donde una figura escuálida, con capa negra y máscara metálica cubriendo su rostro, los esperaba.

 

—Nos vemos de nuevo, Sumperman —lo recibió el villano, con una voz profunda y perturbadora.

 

—Sí, pero esta vez no te escaparás. Tienes una celda esperándote en la penitenciaría de Farce City.

 

—Espero que no me hayan preparado también la cena, porque no tengo pensado ir —se mofó el Doctor Terror.

 

—No está en tu mano decidirlo —insistió Sumperman, desviando un instante la vista hacia la azotea de un edificio cercano, donde Icon Man esperaba ya su señal para entrar en acción—. Ahora, ríndete, si no quieres que hagamos esto por las malas.

 

—¿Por las malas? No me hagas reír —se mofó el villano, profiriendo una serie de estruendosas carcajadas antes de detenerse de pronto y recuperar de nuevo su tono anterior, extendiendo un brazo hacia Sumperman—. ¡Atrapadlo!

 

Siguiendo su orden, el ejército de soldados robóticos comenzó a avanzar hacia Sumperman, acorralándolo contra la zona en que otro grupo de robots mantenía cautivos a varios ciudadanos. Estaba tranquilo, pues aquel movimiento formaba parte de su plan. Solo tenía que esperar, un poco más, unos metros más, casi lo alcanzaban pero todavía no, solo un instante más. ¡Ahora! Colocó un puño sobre su sien, realizando la señal. ¿Qué pasaba? ¿Por qué no aparecía Icon Man?

 

Inconscientemente desvió la vista hacia la azotea. El Doctor Terror se percató y lo imitó. Allí, Icon Man manipulaba con desespero el artefacto adherido a su muñeca. Al fin, el cable de acero terminado en un gancho de metal salió disparado, hasta incrustare en lo alto de un edificio en el extremo contrario de la plaza. Icon Man apoyó ambos pies al borde de la azotea y sujetó el extremo del cable con ambas manos, tomó impulso y se lanzó.

 

Por espacio de unos segundos, cayó hacia el vacío, hasta que el cable se tensó y rectificó su trayectoria, adoptando la parábola propia de un columpio. Ahora se dirigía directamente hacia donde se encontraba el Doctor Terror. Solo tenía que orientarse con las piernas por delante para abatirlo con el impacto de su cuerpo y, entonces, sería todo suyo. El plan perfecto.

 

Sin embargo, el villano captó a tiempo su intención. En el instante previo al impacto, se hizo a un lado con la elegancia propia de un torero y Icon Man pasó como una exhalación por su lado, estrellándose contra el suelo unos metros más allá. Justo antes de que los soldados robot se abalanzaran sobre la pareja de justicieros, Sumperman pudo escuchar la decepcionada voz de uno de los ciudadanos a su espalda, por encima de las triunfantes carcajadas del Doctor Terror.

 

—Con héroes como vosotros, no se para qué nos molestamos. Mejor hubiéramos avisado a Batman. ¡Ese sí es un profesional!

 

***

 

Nota: Los nombres de esta historia han sido escogidos por su parecido con los de otros personajes conocidos, pero teniendo un significado cómico (Sumperman, como “Hombre Sumidero”; Battmovil, como “Coche Batido” y Farce City, como Ciudad Farsa) o bien por la propia comicidad de lo que representan (Icon Man – hombre icono, el monigote masculino de los letreros).

Publicado la semana 31. 02/08/2018
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