Semana
10
artguim

Nova Terra

Género
Relato
Ranking
1 91 5

La imagen del radar tiembla por un instante, diluyendo las líneas concéntricas en una suerte de espiral. El oficial observa con preocupación este acontecimiento y busca ser tranquilizado por su Capitán.

—Es normal. Acabamos de penetrar en la atmósfera, pero esta no es exactamente como la de la Tierra. —El hombre al mando de aquel crucero espacial, el NT37K500, contempla el espacio a través de la pared frontal transparente, con las manos cruzadas detrás de la espalda, rebosante de satisfacción—. ¿Verdad que es precioso?

Se refiere a Nova Terra, el exoplaneta al que, tras varios años luz de travesía, al fin acaban de arribar. El pronosticado 2361 finalmente había llegado, la fecha tantas veces repetida en estudios e investigaciones de toda clase, que marcaba el término de las reservas de combustible de la Tierra. A pesar de los intentos por ahorrarlos durante los últimos tres siglos, sus esfuerzos no habían servido de nada, y finalmente se habían agotado. Las últimas reservas se encuentran a bordo de este crucero y, por fortuna, les servirían para aterrizar en su nuevo hogar, aunque por poco margen.

—Capitán, comenzamos maniobra de aproximación —anuncia la sorprendentemente humana voz de la inteligencia artificial al mando del transporte, Herb.

—Adelante —accede el capitán.

De forma apenas perceptible, la nave comienza a decelerar. Las varias decenas de miles de ciudadanos a bordo, los últimos exiliados de un planeta devastado por las cada vez más frecuentes catástrofes naturales, continúan con normalidad con sus quehaceres, sin percatarse de que están experimentando los últimos minutos antes de que una nueva vida comience para ellos. Están a punto de desembarcar en la colonia construida por sus predecesores, llegados a este planeta progresivamente durante los últimos cincuenta años.

Uno de ellos se da cuenta y avisa a los demás. Pronto, centenares de personas se agolpan contra las alargadas ventanas laterales, para observar aquel nuevo mundo que pronto será su hogar. Descubren una descomunal ciudad de resplandecientes edificios de titanio, que se extiende hasta más allá del alcance de la vista, siguiendo la curvatura del planeta. No tiene nada que ver con lo que hayan podido ver en la Tierra, y ello no hace sino amplificar sus expectativas.

—Les habla el capitán Johns—se oye de pronto la voz por la megafonía—. En unos segundos, habremos aterrizado en Nova Terra y las compuertas procederán a abrirse. Les pedimos que desembarquen con calma. No hay ninguna prisa y no queremos que ocurra ningún accidente. Dispondrán de unos minutos para disfrutar de las vistas antes de que sean conducidos a la Plaza del Renacer, donde se les asignarán sus nuevas residencias. Gracias por su confianza en este importante viaje.

Una incontenible ovación inunda los pasillos, supliendo el vacío dejado por la voz del capitán. La euforia se extiende entre los presentes mientras, en el puente de mando, los últimos preparativos se llevan a cabo.

—Preparen los anclajes —ordena el Capitán a sus subordinados—. Despresuricen la compuerta de entrada al módulo terrestre. Apaguen propulsores de aproximación…

—Capitán, nosotros nos hacemos cargo a partir de aquí —lo interrumpe un sonriente Almirante, mano derecha del Capitán—. Baje allí y reciba su aplauso. Se lo merece.

Agradecido, el hombre abandona el puente de mando, escuchando a su espalda un adelanto del aplauso que lo espera más abajo. Toma el elevador de uso exclusivo de la tripulación y desciende hasta el nivel principal. Las puertas se abren y continúa avanzando a lo largo de un pasillo de grises paredes de aleaciones metálicas. Pronto se encuentra con los primeros pasajeros, que lo reciben con abrazos, apretones de mano y vítores. Continúa avanzando, al paso que la muchedumbre cada vez más numerosa se abre en un pasillo humano.

Llega a la compuerta principal en el instante mismo en que el mecanismo hidroneumático emite un primer suspiro, tras todo ese tiempo de travesía inactivo. Los murmullos a su alrededor incrementan en número y volumen a cada segundo que pasa. Todos están expectantes por lo que se vayan a encontrar al otro lado de la enorme compuerta. Durante mucho tiempo han soñado con llegar a este lugar y ahora, por fin, están aquí.

Los últimos metros de la compuerta desaparecen, engullidos por el suelo de la aeronave y siendo sustituidos por una intensa luz procedente del frente. El Capitán se cubre el rostro con una mano a modo de visera, tratando de discernir algo, pero un súbito grito agónico a su espalda le adelanta que aquello no le gustará.

—¿Qué haremos ahora? —le pregunta una mujer a su lado, con un bebé de apenas unos meses en brazos.

—¿Podemos buscar algún otro lugar? —pregunta otro hombre, visiblemente preocupado.

—No, debemos inspeccionar la ciudad —resuelve el Capitán, justo antes de dar un primer paso al frente—. Tienen que estar en algún sitio.

Comienza a avanzar, con andar fingidamente seguro y seguido por la masa humana tras él, adentrándose en el desierto esqueleto de titanio que se abre ante ellos. No hay rastro de los cientos de millones de habitantes terrestres que deberían esperarlos en Nova Terra, venidos en anteriores viajes, como tampoco hay apenas rastro de combustible en los depósitos de la nave. Pero eso no puede decírselo a toda esa gente. Al menos no todavía.

Primero tiene que averiguar qué demonios ha ocurrido.

Publicado la semana 10. 05/03/2018
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter