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09
antoncaes

La charca del ahogado

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Cuando vio a los buitres revolotear en el cielo azul ocultando el sol con sus alas, Ramón el guarda forestal del parque, supo que nada bueno se presagiaba. Calculo la posición en la que podían estar los restos que había atraído a los carroñeros y se dirigió hacía allí en su motocicleta.

Tendría que haber notificado por radio que se dirigía a averiguar lo que ocurría y que dieran parte al seprona, pero antes quería asegurarse de que era realmente lo que había hecho que tal cantidad de aves se hubieran congregado en ese punto del parque.

Iba divagando mientras sorteaba chaparros y jaras zigzagueando, tuvo que saltar un par de paredes de pizarra que delimitaban las fincas privadas.

 

Bernardo el pastor, avisaba cuando alguna de sus ovejas se le moría, y decía donde y como había muerto. Cuando era por accidente, se quedaba en el lugar como carnaza a cambio recibía una compensación por ello, pero si la muerte le sobrevenía al animal sin saber como, era retirado y llevado a incinerar para evitar que alguna enfermedad, si éste era el caso, y que pudiera ser transmitida a otros animales por el consumo de sus restos. Así que creía que una oveja no podía ser, debía de tratarse de otro animal, un ciervo o algún jabalí —

 

En esto estaba pensando mientras sorteaba los obstáculos y se acercaba cada vez más al punto donde se arremolinaban los buitres, debían de estar cerca de la charca del ahogado. Cuando se acerco al lugar los pájaros levantaron el vuelo molestos por la interrupción de aquel intruso.

 

Ramón paro la moto, se aproximó al lugar donde los buitres se peleaban por la comida que habían encontrado, los tuvo que espantar y estos no lo hicieron de buen agrado. Al acercarse se encontró con un amasijo de carne y huesos, él creía que ya lo había visto todo, pero fue tal la impresión, que el estomago se le subió a la boca y tuvo que retirarse tras una encina para vomitar todo el desayuno de esa mañana. Se acerco dando tumbos hasta la moto y cogió el walkie, llamo a la central para notificar el hallazgo.

Luci, Me copias? — dijo, con el sabor de la bilis en la boca— Lucia, Soy Ramón, me escuchas? Cambio.

Hola Ramón, te escucho, que ocurre? —se oyó decir por la radió, era la voz de una mujer joven.

Luci, avisa a la Guardia Civil, diles que vengan a la charca del ahogado, cambio —dijo el guarda.

¿Que pasa Ramón? ¿Qué has encontrado? Cambio —oyó decir Ramón a través del walkie

Algo muy serio Luci, he encontrado los restos de lo que eran dos personas. Cambio —le dijo Ramón

¿Qué quieres decir con eso de lo que eran?

Pues eso Lucia, lo que quedan de dos personas, entre las alimañas y los buitres has dado buena cuenta de los cuerpos.

Madre de dios bendita —oyó exclamar a la chica— ahora mismo me pongo en contacto con el cuartel. Cambio.

Gracias Luci, que se den prisa o los buitres me acabaran comiendo a mí por quitarles su festín. —le apremió el guarda cortando la comunicación.

 

Continuara…

 

Publicado la semana 9. 02/03/2018
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