Semana
05
antoncaes

El viaje 1ª parte

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A medida que pasaban los días Manu y yo fuimos conociéndonos mejor y confiando el uno en el otro.

Salimos de aquella que había sido mi ciudad durante toda mi vida y en la que había dejado todo. Amigos, familia la que fue mi casa y mi guarida. Aunque ya no lo eran, ya pertenecían a los no muertos a los cuales no había sido capaz de matar, ese fue el motivo de alejarme de mi casa y buscar una guarida donde estuviera a salvo y a la vez lejos de los que habían tenido algo que ver en mi vida anterior, al menos de los mas allegados.

Manu y yo estuvimos decidiendo durante mucho tiempo que camino debíamos seguir, si ir hacía el levante, hacía el sur o hacía el norte. Decidimos ir hacía el sur y luego ya veríamos que hacer según viéramos como estaba el percal por allí.

— Creó que es la mejor opción que podemos tomar — me dijo Manu— ahora que llega el buen tiempo podemos aprovechar los días para avanzar y llegar lo antes que podamos.

— Si es posible que tengas razón —le comente— pero no va a ser un camino de rosas, nos vamos a encontrar muchos obstáculos.

— Supongo que encontraremos no muertos, entre otras cosas —dijo.

— ¿Entre otras cosas? —le pregunte dudoso.

— Sí. Posiblemente encontremos gente y no podemos esperar que sean amigables, no todos — me comento.

— ¿Tú crees que encontraremos resistencia?

— Hemos decaído en un mundo sin ley, en el que manda el más fuerte. No ha de sorprendernos que se hayan creado bandas de supervivientes que quieran seguir viviendo.

— Bueno, mejor iremos paso a paso. No nos adelantemos a las circunstancias. —le dije— Como dijo Neruda, caminante no hay camino, se hace camino al andar.

— ¿Y que tiene eso que ver?

— Nada, pero me ha venido a la cabeza —le dije riendo.

— Tendremos que buscar un medio de transporte ¿no crees? —me pregunto.

— Si, creo que es lo mejor —le dije— pero quizás desplazarnos en moto sea más rápido y más efectivo, no sabemos como estarán las carreteras.

— De campanario aquí estaba despejada, algún coche que otro en el arcén o parado en medio de la calzada, pero sin grandes problemas para pasar —me dijo.

— Esta bien, iremos en coche hasta donde podamos y luego veremos como continuamos —acepte de buen grado, prefería la seguridad que da ir dentro de un vehículo a ir al descubierto en moto.

— Buscaremos un todo terreno, por si las moscas —propuso Manu.

— No creó que eso sea un problema.

Al cabo de dos días con el coche cargado, un Terrano verde que encontramos en la cochera de una casa, tenía las llaves puestas y medio deposito de combustible, lo acabamos de llenar sacándolo de otros coches con un tubo de goma. Llevábamos lo imprescindible, comida para unos cuantos días, agua, armas y un mapa los GPS ya no eran de fiar.

Desde que cayeron los servidores de Internet, las carreteras ya no eran de fiar y seguir un aparato electrónico sería como seguir las huellas de un lobo hasta su guarida.

Habíamos decidido bajar a la costa por cerro Muriano y desde allí hasta Malaga. Era una travesía de casi quinientos kilómetros, que en otra época nos hubiera llevado poco más de cinco o seis horas, hoy solo el tiempo lo sabe y no nos lo va ha decir.

Nos subimos al coche y pusimos la primera en dirección a Malaga, cogimos la antigua carretera 4025 que lleva hasta Fuente Ovejuna por Zalamea de la Serena, es una carretera que ya había cogido en más de una ocasión y no conllevaba gran trafico, por lo que los obstáculos no debieran de ser muchos.

Publicado la semana 5. 03/02/2018
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