Semana
28
antoncaes

La Bicicleta -HumoRelato-

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Relato
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Aquel día se levantó dispuesto a empezar aquello que llevaba tanto tiempo posponiendo. Era su primer día de vacaciones y se había propuesto no pasarlos haciendo sofing con la tv y las cervezas.

Así que, se fue a la cochera, cogió su bicicleta que tenía más óxido que el hombre de hojalata del mago de Oz; la limpió, le echó aceite y engrasó los rodamientos, piñones y todo lo que pudiera ser menester engrasar. Se puso culotte, que llevaba en el armario desde que Indurain ganó su primer tour allá por 1991, —que ya ha llovido desde entonces—. Marcaba un paquete, que parecía la furgoneta de Seur.

Se subió a su bicicleta y empezó a dar pedales. Iba como la seda, recién engrasadita, apenas tenía que pedalear. Para ser el primer día se decidió por un paseo tranquilo por la ciudad, sin castigarse mucho, por aquello de las agujetas y tal. Calle arriba, calle abajo. Cuando se quiso dar cuenta estaba en la calle principal del centro, una calle que podía tener dos kilómetros de cuesta abajo, no muy pronunciada, pero lo justo para coger una buena velocidad. Se dispuso a bajarla y empezó a ir cada vez más deprisa, 20, 30, 40, 50 km horas.

¡Aquello era volar! La calle desembocaba en la plaza principal, justo a las puertas de la iglesia. Cuando vio la fachada de la iglesia quiso frenar, pero algo sucedía a los frenos que no respondían. Con tanta grasa, las zapatas se habían impregnado de ella y resbalaba sobre la llanta sin que hiciera la más mínima intención de frenar. Miró al frente y la puerta de la iglesia estaba cada vez más cerca. Miró a la izquierda: vehículos aparcados. Miró a la derecha, las fachadas de los edificios pasaban a toda leche por su lado. Miró al frente la puerta. ¡Plumm...! El golpe se oyó en toda la plaza. Salió el párroco al oír el golpe y vio a aquel pobre hombre contra la puerta, como un sello. Una de las ruedas seguía dando vueltas sobre su eje; la otra era un ocho.

El cura lo mira y muy serio le dice.

_¡Hijo mío! ¿Estás bien? ¿Puedo ayudarte en algo?

Este le mira con los ojos vidriosos de lágrimas y dolor y le contesta.

_¡No padre, gracias, la ostia ya me la he dado yo solo!

El cura lo miró con cara de no entender nada ¿O sí? Solo dios lo sabe.

Publicado la semana 28. 11/07/2018
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