Semana
14
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La charca del ahogado. capitulo final

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El día llego mucho antes de lo que el inspector José Luis le hubiera deseado, el cansancio de los días que llevaba investigando empezaba a hacerse visible en su rostro.

Se levanto de la cama y se dio una ducha, alternando el agua caliente, con fría para despertar sus músculos y a la vez que el agarrotamiento se mitigara en lo posible. Bajo a la cafetería a desayunar. Cuando llegó Juan ya estaba esperándole.

                                                          

Buenos días Juan —le saludo— ¿No ha dormido usted?

Buenos días, no tanto como me hubiera gustado, pero quería pasarme por el cuartel y traerle el expediente de la chica, el de su detención por de trafico de marihuana —le dijo.

Gracias, ¿Le apetece un café?

Si gracias.

Que dice el expediente —le pregunto.

Al parecer el caso lo llevo la comisaría de la policía nacional, de ahí, que no lo encontráramos cuando buscamos sus antecedentes en nuestros archivos, según parece, alguien aviso de que Natalia iba a transportar una gran cantidad de marihuana aquel día.

¿Un chivatazo?

Eso parece, pero no pone el nombre del informador.

Esto corrobora lo que nos han contado los padres hasta ahora, ella no se dedicaba al tráfico, no se explican como la cogieron con esa cantidad —dijo el inspector.

¿Qué piensa sobre ello?

Bueno esto cambia mucho las cosas —mascullo— mande a buscar al o a los amigos de los chicos, ya sabe los que se juntaban en la plaza de Trujillo y que declararon en su día a favor de la chica.

Si señor, ahora mismo llamo, y que unos patrullas los traigan al cuartel.

Bien, mientras vamos a ver si están los informes de la científica, quiero saber si apareció algo en la cuerda, que lo dudo y si la sangre del maletero corresponde con la de los chicos, ah y ver al capitán que ayer al final no volvimos, y no pude hablar con él.

 

Terminaron de desayunar y se dirigieron directamente al cuartel. El capitán les estaba esperando.

 

Buenos días, señores —les saludo sin el formalismo se que debiera en estos casos.

Buenos días capitán —contestaron al unísono ambos guardias. Juan se disculpo con la excusa de ir a buscar los informes de lo hallado en el coche.

Perdone. porque que ayer no volviera a verle como quedamos capitán — se disculpo el inspector.

Tranquilo no se preocupe, supongo que estuvo muy liado —le disculpo el oficial.

Sí, la verdad es que fue un día duro.

¿Averiguo algo nuevo? —le pregunto interesado el capitán— la prensa se ha hecho eco de la noticia y no me los puedo quitar de encima.

Bueno señor, tengo algunas conjeturas, pero no quiero adelantar nada hasta estar seguro, ya sabe lo que ocurre cuando sale a la luz una noticia que no esta contrastada, puede hacer mucho daño a la familia. —le dijo el inspector.

 

El inspector le contó lo que averiguo respecto a los chicos, lo que decía la chica en su defensa y lo que venía en el expediente del caso del los inspectores de la policía nacional que llevaron el caso en su día.

 

Entonces todo apunta, a que fue una encerrona que le jugaron a la chica —dijo el capitán.

Eso parece, pero algo me dice que hay algo más, que no hemos logrado ver aún.

 

Juan llamó a la puerta y pidió permiso para entrar, traía el informe y les dijo que los amigos de las victimas acababan de llegar.

 

Bien inspector, no le entretengo más. Manténgame informado en cuanto pueda.

Si capitán, así lo haré —dijo el inspector saliendo por la puerta.

¿Vamos a hablar con los chicos? —le pregunto Juan.

No, déjelos un rato que piensen, eso les pondrá nerviosos, nos vendrá bien.

Como diga, aquí tiene el informe.

 

El inspector se dirigió al despacho que le habían habilitado cuando llegó y que apenas si usaba, se sentó en la silla y comenzó a leer, primero el informe que le acababa de traer su compañero y después el que le dio a primera hora. Cuando los hubo leído tranquilamente se levanto y fue a la sala de interrogatorios, al pasar por una sala contigua vio que había tres jóvenes esperando, dos chicos y una chica.

Hizo pasar al primero un chico de veintidós años llamado Tomás, estuvo formulándole preguntas durante casi una hora y cuando vio que ya no iba a sacar nada nuevo le dejo marchar. La chica se llamaba Vanesa tenia veinte años y era la mejor amiga de Natalia.

 

Siéntate Vanesa, tranquila, solo quiero hacerte unas preguntas, sobre tu amiga Natalia —le dijo el inspector— no te preocupes, que no estas detenida ni nada parecido.

Pero yo no se nada sobre lo que paso con ellos —dijo la chica un poco asustada.

Es posible, pero igual si sabes algo del porque paso, lo que ocurre que aún no sabes, que lo sabes —le dijo el inspector— se que parece un trabalenguas, pero bueno. Empieza a contarme todo lo que sepas sobre lo que paso cuando detuvieron a Natalia con la droga encima.

¿No se, que es lo que quiere que le diga, que no sepa ya?

Lo que tu crees que paso, ¿Porqué Natalia se dedicaba al trafico de marihuana?

Ella no traficaba con nada, si es verdad que se fumaba algún porro que otro alguna vez, pera nada más. Cuando la detuvieron con la maria, fue algo raro, ella no me dijo de quien era, pero que estaba haciendo un favor a alguien.

¿Y no sabes a quien o sospechas de alguien?

No, no se a quién, se lo pregunte muchas veces, pero no me lo dijo. Yo siempre sospeche de Roberto, y se lo dije a ella, siempre lo negó.

Habría alguien que quisiera hacerla daño.

¡A Natalia! No que va, todo el mundo la quería, era un sol de chica.

¿Seguro? Algún antiguo novio, no se, alguien debía de tenerla ganas, sino, no la habrían matado, ¿No crees?

Lo que creo que la han matado injustamente, por hacer daño a su novio o a su padre.

¿A su padre? ¿Por qué a su padre?

Por que no es trigo limpio, todo el pueblo sabe que le gusta mucho la priba y cuando se emborracha pierde los papeles, más de una vez le han calentado por bocas.

¿Y sabes quien querría vengarse de él, como para matar a su hija? 

Alguno al que le debiera pasta, yo que sé. Pregúntele a él.

 

El inspector le hizo una serie de preguntas más y se las repitió varias veces, Vanesa le respondió lo mismo una y otra vez, así que dio por finalizado el interrogatorio y la dejo que se fuera. Solo quedaba una persona por interrogar, por lo que se tomo un respiro y salio del cuartel, le dijo a Juan que no lo necesitaba y se fue caminando hasta un bar cercano, mientras, realizo unas llamadas.

Al cabo de una hora volvió, pidió al chico que quedaba que entrara en la sala y se sentara.

Hola Fran, soy el inspector Donoso, estoy al cargo de la investigación de las muertes de tus amigos, Roberto y Natalia —dijo a modo de presentación— Voy a hacerte unas preguntas y me gustaría que fueras sincero del todo ¿De acuerdo?

Si señor.

Bien. Empecemos. ¿Sabes de alguien que quisiera hacer daño a tus amigos?

No señor,  nadie que yo sepa.

¿Sobre la detención de Natalia? ¿De la marihuana que llevaba encima, que puedes decirme?

Eso, eso fue un marrón que se comió ella sin tener porque. 

Explícate.

Pues eso, que se la jugaron, bueno a ella no, quisieron jugársela a Roberto.

¿Y eso? ¿Quién quería jugársela? Alguno a los que le compraba la droga para luego venderla?

No se quién le habrá contado que el pasaba maria, pero no es cierto, eso es un camelo de la gente.

¿Qué quieres decir?

Que si, que es verdad que consumían de vez en cuando, pero como todos nosotros, nos fumamos algún porro que otro en el botellón, o cuando vamos alguna fiesta y eso, pero nada más.

¿Entonces como explicas que la pillaran mis compañeros con toda la maria que llevaba? —pregunto el agente— ¿A alguien se la tuvo que pillar no crees?

No, no lo creo. Ellos no compraban y menos Natalia, es cierto que Roberto cultivaba algunas plantas, pero para consumo propio, le puedo decir donde las tenía, yo las cuido aún, por que me da no se que, dejar que se mueran. Toda la movida que se comió Natalia fue por culpa del colgado del Sergio.

¿Quién es ese tal Sergio?

Ése, ése es un pringao que estaba pillao por Natalia, pero ella pasaba de él, fueron pareja hace mucho, antes de que ella conociera a Roberto, pero cuando lo conoció a él, paso del pringao ese, y se lió con mi amigo.

¿A qué se dedica ese tal Sergio? —le corto el inspector.

A todo lo que puede y nada limpio. Pasa droga, pero no sólo maria, sino todo lo que quiera, pastillas, coca de todo. También he oído que ha dado algún palo que otro en bares y comercios, pero como todos los tontos, siempre tiene suerte y nunca lo pillan.    

¿Y que tiene ese Sergio que ver con la detención de Natalia?

Vera, Roberto me contó, que el colgaó de Sergio le había pedido un favor.

¿Qué favor?

Que llevara un paquete por él hasta Miajadas, ya ve unos treinta kilómetros de nada, bueno, pues eso que le llevara el paquete, que le pagaría unos pavos por ello, que él no podía, por no se que historia le contó, mentira, era todo una movida para que pillaran a Roberto con el paquete encima, lo quiso utilizar de chivo.

¿Tú crees?

Fijo que si, estaba pillao de Natalia y se lo quiso quitar de encima para volver ligársela.

Y si es así, como es que no cogieron a Roberto y si a Natalia.

Porque ese día nos pusimos hasta el culo y Ella no le dejo a Roberto que cogiera el coche, bueno, ni  a Roberto, ni a ninguno de nosotros. Quisimos ir nosotros y tomar unas copas en Miajadas, hacía mucho que no íbamos, pero nos pasamos con la priba y la maria. —le dijo el muchacho.

Entonces ella, cogió el paquete y se fue a Miajadas. —le dijo el inspector.

No le dio tiempo a salir del pueblo, la estaban esperando, la nacional, en la gasolinera, conocían hasta la matricula del coche. —dijo muy serio.

¿El de Natalia?

Que va, el de Roberto, ella llevaba el coche de él, si hubiera llevado el suyo no la paran.

¿Eso crees?

No lo creo, estoy convencido, fue un chivatazo del cerdo ese.

¿Y Roberto como se lo tomo?

Pues usted vera, quiso ir a por el mierda ese y darle una buena, por cabrón, pero Natalia no le dejo, le dijo que si le ponía la mano encima lo dejaba.

¿Después de todo lo defendía?

No, a ese cabrón no, lo hacía por Roberto, ella sabía que si le dábamos una paliza nos metían pa dentro y era lo que ella quería evitar, así que se comió el marrón ella sola — explico Fran al inspector.

¿Tú crees que se pueden haber enfrentado el tal Sergio y Roberto, y por eso los han matado?  

No, Natalia no hubiera dejado a Roberto, ni que se acercara a ése, es un mal bicho y es mejor tenerlo lejos.

 

El interrogatorio siguió por espacio de dos horas más en las que el inspector repaso una y otra vez todo lo que estaba diciendo aquel chico. Cuando acabo el interrogatorio, le pidió que le llevara donde cultivaban la marihuana, pero le prometió que no haría nada, que podría seguir cuidándola. Así que llamo a Juan y los tres fueron hasta Trujillo. Las plantas estaban en una casa propiedad de la familia de Roberto. Había material para consumir una buena temporada. Dejaron a Fran en la plaza del pueblo, porque así lo pidió él.

Cuando se quedaron solos los agentes el inspector le dijo a Juan que le llevara a la casa del tal Sergio Romero Sánchez. Quería hablar con él.

Cuando llamaron a la puerta, les abrió un hombre mayor, se presentaron y preguntaron por Sergio. El hombre dijo ser el padre de chico, pero su hijo no se encontraba en casa. Al preguntarle donde podían encontrarle, el hombre no supo decir nada del paradero.

 

Pero pueden preguntarle a su amigo Alberto, vive en la siguiente calle, dos casas más abajo.

Muy bien gracias. Iremos a preguntar a Alberto, de todas formas si viene dígale que queremos hablar con el —dijo el inspector entregándole una tarjeta.  

 

Los agentes se dirigieron hacía la casa del amigo, dieron enseguida con la casa, al llegar a la puerta, vieron algo que les llamo la atención a ambos. Llamaron al timbre y salió una mujer en bata a abrirlos.

 

¿Qué quieren? —pregunto muy seca.

Estamos buscando a Alberto, nos han dicho que vive aquí.

No esta, se fue esta mañana temprano con un amigo—dijo la mujer.

¿Sabe donde?

Yo que se, no me dice donde va.

¿Esa motocicleta es suya?

Si, es su moto, ¿por qué?

 

Entonces fue cuando el inspector sacó la placa y se presento como inspector de la guardia civil.

 

¿Me permite pasar un momento por favor?

Pase si quiere —dijo la mujer.

 

Los agentes entraron y el inspector se acerco a examinar de cerca la moto, miro las ruedas y le dijo a Juan.

 

Llame que vengan a por esta motocicleta y que la examine la científica —se volvió hacía la mujer y le pregunto— ¿De verdad, no tiene idea de donde han ido Alberto y Sergio?

Ya le he dicho que no, se fueron en el coche de Sergio.

 

El inspector volvió a mirar a Juan.

 

Que emitan una orden de búsqueda del coche. Que tráfico nos proporcione la matricula y el modelo —volvió a mirar a la mujer y le pregunto— ¿Sabe el número de teléfono de Alberto?

Sí, lo tengo grabado en mi móvil.

Me lo da por favor.

Voy a buscarlo, lo tengo dentro —dijo la mujer solicita.

Si no le importa Juan, acompañe a la señora a por su teléfono —le pidió el inspector a su compañero, mas que nada para evitar que pudiera llamar al chico y que le dijera que estaban allí.

Claro inspector. Vamos por favor la acompaño.

 

Mientras el inspector llamo al capitán y le puso al día de todo. Le pidió que lanzara la orden de búsqueda del vehículo a todas las patrullas de tráfico. En ese momento llego Juan con el número de Alberto. Se lo paso al capitán para que triangularan la señal y poder acotar la zona de búsqueda de Alberto y de Sergio. Ambos guardias esperaron hasta que unos compañeros llegaron junto a una grúa a recoger la motocicleta. El inspector les ordeno que se quedaran en la casa y llamó a otro coche para que se apostaran en la casa de Sergio por si volvían antes de que los localizaran. Cuando vieron que todo estaba en orden, los dos agentes se marcharon de vuelta al cuartel, con la esperanza de que no tardarían en descubrir el paradero de ambos.

Mientras se dirigían de vuelta, una patrulla dio el aviso de que el vehículo que buscaban acababa de ser visto en Navalmoral, saliendo hacia la A5, dirección Badajoz. El inspector ordeno que los interceptaran y que llevaran a los ocupantes al cuartel de Serradilla para interrogarles.

Al cabo de medía hora los sospechosos fueron interceptados cerca de Trujillo y trasladados a las dependencias de Serradilla, donde el inspector ya los esperaba. Éste pidió al capitán que interrogara a Alberto, a la vez que él hacía lo mismo con Sergio. Para ello le indico al oficial que era lo que quería saber del chico.  

El inspector entro en la sala en la que Sergio estaba sentado, se le notaba nervioso, cualquiera diría que era normal, que una persona que se encuentra de repente en una sala de interrogatorios este nervioso.

 

Hola Sergio, soy el inspector Donoso —dijo a modo de presentación— Supongo que ya te han leído tus derechos ¿Verdad?

Si señor.

¿Sabes porque estás aquí?

Pues por que nos han parado los civiles, a mi y a Alberto. en mitad de la autovía y nos han metido en un coche patrulla.

Sí, supongo que eso es así, ¿Pero realmente saber por que han hecho eso mis compañeros?

Pues no, no tengo ni la menor idea.

Bueno pues yo te lo voy a decir, y desmiénteme si no es cierto —le dijo— Supongo que te has enterado de los asesinatos que ha habido en la charca del ahogado.

Si claro, quien no se ha enterado de ello.

Si, es cierto, sobre todo tú ¿verdad?

Que quiere decir —dijo el chico a la defensiva.

Nada, que Natalia fue tu novia un tiempo ¿No? Así que es lógico que te enteraras que tu ex fue asesinada.

¿Y que tiene que ver eso? De eso ya hace mucho.

Es verdad. También debes de recordar cuando Natalia fue arrestada por tráfico de drogas ¿No?

Si claro, quién le mando a ella dedicarse ha hacer recados a su novio, mientras el se colocaba —dijo Sergio en todo despectivo.

Ahí es donde quería llegar —dijo el inspector— ¿Sabes que nadie dijo que Natalia se ofreció a llevar el paquete por Roberto, porque estaba colocado?

No hacía falta que nadie lo dijera, lo sabía todo el pueblo —se defendió

Y como podía saberlo, si ella nunca dijo nada, ni siquiera a sus padres. Trago con todo por no decir a nadie que fuiste tú el que pidió a Roberto que llevara el paquete, que tú diste el chivatazo para que detuvieran a Roberto, que fuiste tu el que dio la matricula a mis compañeros de la nacional, creyendo que seria el Roberto el que llevaría el coche —comenzó a decirle el inspector, cada vez más alto.

Eso es mentira.

Ahora dime — le dijo el guardia mirándole a los ojos— ¿Por qué los mataste? Si todavía querías a Natalia.

Yo no los maté —dijo Sergio acalorado.

Tú los mataste, no se porque, pero sí, lo hiciste —le acusó el inspector— y ahora esta tu amigo Alberto confesándolo todo en la otra sala, él fue el que te recogió con su motocicleta, lo llamaste después de matarlos y le dijiste que te recogiera en la charca, porque llevaste hasta allí el coche de Roberto y lo hundiste en el fondo de la charca, y no tenias como volver.

Eso no es cierto —se defendió otra vez el chico.

Tú los mataste, sabemos que estabas en la charca el día de autos, tú móvil te sitúa allí, hemos comprobado tus llamadas a Alberto de ese día, y la señal del repetidor de la zona recogió la llamada a tu amigo. Lo que no logro entender es porque los has matado. Aclárame las dudas.

Yo quería a Natalia, no la haría daño.

Tú la querías y lo que querías era apartarla de Roberto, por eso quisiste colarle lo del paquete, para que lo detuvieran y quitarlo de en medio y que quedarte el camino libre para volver con ella.

Sí —grito Sergio con rabia— quería que él se comiera el marrón, era un imbecil, un gilipollas que no la merecía, pero no se que veía en él.

¿Y por eso lo mataste a los dos ¿Por celos?

Yo no quería matarles, pero ese mierda se río de mi, en mi cara, me escupió que ella le quería a él, que nunca se iría con alguien como yo, bueno sus palabras fueron, Natalia jamás se ira con una mierda que hizo que la trincaran, todo por querer joderme a mi, la jodiste a ella, se comió un marrón que no le pertenecía y encima tuvo los cojones de no delatarte, y todo porque un día sintió algo por ti —confeso Sergio con lágrimas en los ojos.

¿Y ella que hacía mientras tanto?

Ella nos miraba, no decía nada —dijo— luego, él me llamo amargado, dijo que era un desgraciado, carne de cañón, que algún día me encontrarían tirado en una cuneta.

¿Qué paso después? —le insto el agente.

Le dije que si iba a ser él, el que me dejara en la cuneta tirado, que no tenía los cojones suficientes, entonces fue ella, la que le animo a que me pegara —contó— le dijo, enséñale cariño quien eres, se lo merece por lo que quiso hacernos, déjale claro que pase de nosotros de una puta vez. Y el envalentonado, bien por las palabras de ella, o bien por que iba fumado, se me hecho encima.

¿Y?

Yo tenía las manos en el bolsillo, mi navaja estaba en el derecho la saque, se la clave una o dos veces en las tripas. Natalia, al verle sangrar se abalanzo sobre mi, yo no quería, pero se la clave en el pecho y en las costillas, cuanto más se la clavaba más me insultaba y se reía. Hasta que dejo de reír y de hablar, se quedo muda en el suelo, entonces él que estaba apoyado en el coche, empezó a llorar, a decir, la has matado cabrón, la has matado. Voy a ir a por ti, te lo juro por ella, voy a acabar contigo. Fue cuando le rebane el cuello, no podía seguir oyéndolo — acabo por derrumbarse del todo.

 

Sergio le confeso al inspector que su intención era tirar los cuerpos en el salto del gitano, que allí los buitres darían cuenta de ellos, pero sabía que iban muchos turistas a fotografiar el paisaje y las aves, que algunos tenían unos objetivos tan potentes que verían los cuerpos enseguida, así que opto por la charca. El inspector quiso saber porque no dejo los cuerpos en el maletero y los hundió en el agua como hizo con el coche, el asesino le dijo, que si dejaba los cuerpos a los carroñeros, en muy poco tiempo darían cuenta de ellos y no dejarían ni los huesos, mientras que si los dejaba en el coche, tarde o temprano aparecerían, la charca en verano baja mucho de volumen y el coche podría quedar al descubierto o verse desde la altura, bajo el agua, y no quería correr ese riesgo. Con lo que no conté, es que justo ese día el guarda pasaría por allí por casualidad, antes de que los animales acabaran su trabajo.

 

El inspector le dijo.

 

Sergio Romero Sánchez, queda detenido. Se le acusa de ser el autor material de la muerte de Natalia González Fresno y Roberto López Vergara: Tiene derecho a guardar silencio, todo lo que diga podrá ser usado en un tribunal, tiene derecho a un abogado, si no puede pagar uno, se le asignara uno de oficio ¿Ha entendido sus derechos?

 

El chico abatido asintió con la cabeza.

 

Diga, si. ¿Ha entendido sus derechos?

Sí, los he entendido.

Bien, ahora redactaran tu declaración y te la traerán para que la leas y si estas conforme la firmas, si no es así, volverás contar todo lo que me has dicho y será redactado por un escribiente —le dijo el inspector levantándose para salir de la sala.

 

El capitán salió del cuarto de al lado, había estado viéndolo y escuchándolo todo a través del espejo.

 

Buen trabajo inspector —le felicito

Gracias capitán, ¿Y el otro que ha dicho?

Que no supo nada, hasta que no llego a la charca a recogerlo, lo monto en la motocicleta y se fueron, que le pregunto y par de veces a su amigo que había pasado, y este le dijo que cuanto menos supiera mejor para los dos. Que se entero por las noticias y el revuelo que se armo en el pueblo por las muertes, pero que le dio miedo acusar a Sergio, entre otras cosas por que realmente tampoco sabia si había sido él o no. Así que se le acusara de encubrimiento, pero no creo que pase mucho en la cárcel.

Bueno capitán, prepararé el informe y volveré a Madrid, me esta esperando otro caso allí. Aquí ya pueden seguir ustedes con la instrucción de este caso.

Sí, como quiera Inspector, pero quiero que sepa, que ha sido un placer trabajar con usted.

Gracias capitán, lo mismo le digo —le contesto el inspector dándose la mano— ha sido un placer.

El inspector Donoso termino de ultimar los informes, llamo a Juan y se los dio para que fuera el en encargado de entregárselos al capitán. Los dos agentes se despidieron con un abrazo y un apretón de manos.

 

Hasta siempre Juan —se despidió el inspector.

Hasta pronto inspector —contesto el guardia— ha sido un honor ser su compañero estos días.

Gracias Juan, si necesitas cualquier cosa ya sabes mi número.

Si señor.

 

El inspector monto en el coche que habían enviado a recogerle y volvió a la capital a continuar con su labor, mientras pensaba que mientras hubiera personas como Sergio, siempre tendría trabajo.

Publicado la semana 14. 08/04/2018
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