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La charca del ahogado. Capitulo 2

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Cuando llegaron los agentes de la guardia civil y la científica, no daban crédito a lo que veían, era la primera vez que se encontraban con algo así. Asignaron el caso a un investigador que enviaron desde Madrid, era uno de los mejores investigadores del cuerpo de la benemérita con una larga lista de casos resueltos.

 

José Luis Donoso se traslado desde la capital hasta el parque Nacional de Monfragüe en helicóptero, a petición de sus superiores, por el camino durante el vuelo le dieron un informe del caso, en el cual se detallaba el hallazgo de dos cuerpos, uno de un varón, caucásico de unos, entre veinticinco y treinticinco años aproximadamente. El otro era de una mujer algo más joven rondaba los veintipocos, blanca, morena de metro sesenta y cinco, cincuenta y ocho kilos. Él media metro setenta y seis y pesaba unos ochenta kilos. Los había encontrado el guarda del parque en un paraje denominado la charca del ahogado, en avanzado estado de putrefacción, de ahí que los buitres dieran cuenta de sus cuerpos. Según el análisis forense, el varón presentaba una herida de salida de bala en la espalda, la de entrada había desaparecido, aunque había marcas del proyectil en los huesos de la cavidad torácica, sin embargo la mujer a juzgar por el forense había muerto de múltiples heridas de arma blanca. El inspector miraba las fotos que adjuntaban el informe y no podía comprender como podía haber llegado el médico forense a aquella conclusión, si las fotografías mostraban desgarros de piel y músculos por todo el cuerpo a causa de los picos y las garras de los carroñeros y otras alimañas antes que estos.

Según el informe, los cuerpos fueron trasladados allí cuando ya estaban muertos, pero el guarda dice que pasa por esa zona al menos una vez al día, que se hubiera percatado de que los cuerpos estaban allí. Esto es algo que me sorprende y sin embargo la zona es de difícil acceso, el que o los que llevaron los cuerpos conocen el entorno y sabían donde dejar los cuerpos. Bernardo, el guarda dice que a la charca van a beber los buitres a diario, pero nunca como hoy que revoloteaban alrededor de los cuerpos esperando su turno para bajar a comer, así y todo ya había una treintena de los más viejos comiéndose los cadáveres cuando el llego y tuvo que espantarlos a riesgo de ser atacado.   

 

A partir de aquí es cuando entra en juego la científica de la benemérita y sus superiores le ponen a el al cargo del caso. Sigue dando vueltas al informe para no dejarse ningún cabo suelto, cuando oye al piloto a través de los auriculares.

 

Inspector estamos encima del lugar indicado, eso de la derecha es la charca del ahogado y ciento cincuenta metros al norte se encuentra el lugar donde encontraron los cuerpos.

Gracias capitán. Le importa dar otra vuelta alrededor, por favor — pidió el inspector — quisiera echarle un vistazo más detenidamente desde aquí.

Como usted diga señor.

Gracias capitán.

 

El aparato volvió a realizar otra pasada por el lugar de los hechos antes de dirigirse a un claro en el que le esperaba un coche con un agente. El helicoptero descendió y el policía se bajo y recogió un bolso de viaje y una bolsa en el que llevaba su portátil, la cámara de fotos y otros aparatos que creía que podían hacerle falta en su investigación.

El agente que le esperaba al pie del coche se acerco hasta él y se cuadro a la vez que se presentaba.

 

Señor. Se presenta el Guardia Juan Antonio Perez Romero, señor. Me han ordenado ser su chofer durante el tiempo que este aquí, señor.

Descanse agente — dijo el inspector — llámeme José Luis o José a secas, si vamos a estar juntos todo el día, vamos a dejarnos de formalismos.

Si señor — dijo el agente a la vez que le estrechaba la mano, al ver que el inspector se la alargaba en un ejemplo de confianza.

 

Valga decir que el inspector era comandante del cuerpo, pero a el no le gustaba ejercer como tal salvo en contadas ocasiones, era de los que creían que se sacaba más cediendo que no tensando. Hacía mucho que se dio cuenta de ello, ya siendo teniente vio como superiores suyos eran odiados y menospreciados a espaldas suyas por ejercer su rango con demasiada dureza y sobriedad, cuando pensaba en ello se acordaba del dicho ese “Más vale caer en gracia, que ser gracioso”. Él a día de hoy podía decir que caía en gracia, intentaba ser amable, tratar a los subordinados siempre con educación y respeto, pero sabía imponerse llegado el caso.

Todo ello hacía que lo apreciaran tanto los de arriba, como los de abajo, más si cabe los últimos, lo que le hacía sentir bien, pues jamás había tenido que imponer su autoridad más allá de alguna reprimenda que luego había subsanado con unas cervezas y una partida de billar americano al cual era aficionado.

Pidió a Juan que le llevara hasta el lugar donde habían encontrado los cuerpos, mientras montaban en el coche, un Citroen C5 sin ningún distintivo que indicara que pertenecía al cuerpo.

 

Hágame un favor Juan.

Si señor, usted dirá.

Mientras este conmigo, no se ponga el uniforme, prefiero que vaya de paisano.

Si señor.

¡Ah! Otra cosa, deje de llamarme señor.

Si… Como quiera.

 

Llegaron a la charca y el inspector se bajo del coche e hizo un gesto a Juan para que se quedara en el coche, no quería que  nada le distrajera en aquel momento. Cuando llego al lugar, saco las fotos y comenzó a verlas a la vez que veía los lugares in situ  donde habían aparecido los cuerpos. Se movía de un lado para otro a la vez que comparaba las fotografías y a la vez hacía las suyas propias de aquello que llamaba su atención. Cuando acabo se dirigió hacía el camino que accedía a la charca, miro y fotografío en un lado luego en otro.

Finalmente se monto en el coche y le dijo a Juan.

 

Llévame  al cuartel por favor.

Muy bien, esta a unos tres kilómetros de aquí, ¿Ha averiguado algo? —Pregunto el guardia.

No sabría decirle, he de hablar con el guarda que encontró los cuerpos.

¿Con Bernardo?

Si, con Bernardo.

Quiere que avise por radio y que le digan que vaya para el cuartel? —se ofreció Juan.

Umm. Si por favor. Que le digan que en un par de horas este allí, así antes me dará tiempo a darme una ducha y a cambiarme de ropa.

 

Juan cogió la radio del vehiculo y se pudo en contacto con el suboficial de guardia del cuartel y le comunico le que el inspector le había dicho, cuando corto la comunicación le dijo.

 

Bernardo esta con turno de tarde por lo que nos esperará en el cuartel a la 14,00h

 

El inspector miro su reloj del móvil y vio que eran las 11,37 h.

 

Bien Juan entonces lléveme directo al hostal de la plaza de Serradilla, tengo allí una habitación reservada, me daré esa ducha antes y después iré al cuartel.

Si señor.

Publicado la semana 10. 08/03/2018
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