Semana
22
Amapola

Por una mirada

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Relato
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Aquellos hermosos ojos sonrieron a su víctima, intentando frenar la lágrima que de uno de ellos brotaba. 

Sólo unos meses bastaron para conocer aquella mirada gris; a veces, escéptica, otras tantas, bendita. De haberlo sabido nunca hubiera cruzado esa puerta, maldecía una y otra vez. 

- No puedo culparla, ¿es que no lo entiendes? 
- Entonces, ¿quién tiene la culpa? Ni siquiera tú sabes lo que sientes, eres un idiota que cree estar enamorado. 
- Me dijo que no entrara, que no había luz por ninguna parte. Lo hice; la besé, me rechazó... ¡tantas veces! Pero no importó. Cual loco enamorado, padecí la esperanza ciega del amor no correspondido. 
- Cual idiota insistente, dirás. Ese amigo pesado que nunca pasa de eso. 
- Mientes. No porque no lleves razón, sino porque sólo ella conoce la verdad. Un día me dijo que brillaba. No entendí qué quiso decir con eso, la verdad, pero me di cuenta de que ello me hacía volar; tal vez era ese brillo el reflejo de las nubes que veía en sus ojos. No sé... ¿Te ha pasado alguna vez? 
- No sé ni de qué me hablas. Que si me ha pasado qué, ¿ver nubes en una pupila?
- Manolo, que me quiso. Ella solía leerme, le encantaba Unamuno y Machado. De este último adoraba una frase que tardé mucho en entender: "Los ojos porque suspiras, sábelo bien, los ojos en que te miras son ojos porque te ven". Y, Manolo, cuando lo entendí, supe que lo que me hacía feliz no era tanto su sonrisa, sino que su sonrisa fuera aquello que me hacía sonreír. 
- ¿Te has vuelto poeta? 

Paseando por el parque de Los Girasoles recordó el último encuentro de sus ojos, un color miel que dejaba sin aliento.

- La culpa es mía. 
- No es verdad, te he sometido a mil preguntas, sin haber escuchado nunca tus respuestas anticipadas. Recuerdo que me dijiste que no entrara. 
- Pero lo hiciste, y dejó entrever su amarga sonrisa. 
- Me enamoraste, ¿qué iba a hacer? 
- Correr. 
- Pero no pude... 
- No sé si debo alegrarme por ello. 
- Recuerda que estás vacía - y esta vez lo dijo sin dejar caer una sola lágrima. 
- ¿Alguna vez has leído a Unamuno? 
- No. 
- Qué pena. Prométeme que lo leerás. 
- Te lo prometo. 

Al cabo de unos minutos y, algo temblorosa, Alejandra citó a Unamuno: "Cuando se muere alguien que nos sueña, se muere una parte de nosotros”. Unamuno tenía razón - dijo esquivando los ojos del otro. Pero conmigo se lo llevó todo.

Nunca más la volvería a ver.

Publicado la semana 22. 03/06/2018
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