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ALBATROS 2705

EL MARINERO Y SUS SUEÑOS

Rosalía, quiso hacer caso a su corazón. Fueron varias las voces, que le aconsejaban no permitir al joven Daniel cortejarla. Sin embargo, ya se sabe que cuando el corazón dirige nuestra vida, nuestra razón se encuentra secuestrada.

Los motivos por los que sus amigos y familiares la aconsejaban así, era a causa de su profesión: marinero. Pero, Rosalía, veía con buenos ojos al joven y este, para acabar de conquistarla le contaba sus aspiraciones en la vida.

Sus sueños eran tener un catamarán con el que dar la vuelta al mundo y conocer otras gentes, si bien prefería hacerlo en compañía de Rosalía. Aquello sonaba a música celestial en los oídos de la mujer.

Así, transcurrió el invierno, llegó la primavera y cuando el verano comenzaba a dar muestra de los calores, Daniel le planteó a Rosalía el viaje de sus sueños. No se tendría que preocupar de nada. Él asumiría los gastos de los pasajes, que los llevaría a alcanzar las tierras brasileñas. Desde allí le sería más fácil obtener un buen catamarán con el que iniciar sus sueños.

Rosalía se sintió halagada por aquella oferta y aunque concierto temor aceptó la invitación. Pero, el tiempo fue transcurriendo y aquel proyecto no se ponía en marcha.

Las excusas se fueron haciendo cada vez más frecuentes y las visitas más escasas. Daniel se fue haciendo cada vez más pequeño ante los ojos de Rosalía, momento en el que hizo su aparición Alejandro de los Montes.

Cuando este le fue presentado a la muchacha, lo hicieron como el hijo de los marqueses de Cantalapiedra. El joven enseguida quedó prendado de la muchacha, a la que a partir de aquel momento se dedicó todo su tiempo a cortejarla.

Daniel, ensimismado en la preparación de su sorpresa a Rosalía, se olvidó de que, en el amor y la guerra se han de cuidar todas las opciones. Cuando a finales del verano acudió a visitarla, la encontró sentada en la glorieta de su casa acompañadas de un joven.

Aun así, se acercó con la intención de conversar con ella y adelantarle lo avanzado de su proyecto para viajar. A Alejandro, la presencia de Daniel no le gustó nada. Estaba acostumbrado a que en sus conquistas nadie interfiriera y aquello le nubló el entendimiento.

Rosalía, aceptó oír a Daniel sus explicaciones, si bien algo fría. Cuando este  marchó Alejandro no dudo en mofarse del proyecto del joven. A Rosalia no le gustó nada el comentario, pero como estaba disgustada con Daniel, por el abandono al que le había sometido, calló.

A partir de aquel día, Alejandro no dejó de malmeterse contra un Daniel ausente dedicado a sus logros.

Al llegar la nueva primavera Daniel volvió a ver a Rosalía. Llevaba en una cartera el proyecto ya acabado. Los recursos les permitirían vivir buen tiempo a expensas de estos y con el tiempo fijarían el lugar donde vivir.

Rosalía al comprobar el empeño de Daniel por ofrecerle ser partícipe de su sueño, no pudo por menos que aceptar. Aquella misma tarde le comunicó a Alejandro, que en tres días emprendía el viaje hacia Brasil.

Alejandro fingió aceptar la situación de buen grado, aunque se propuso desbaratarla. Una vez conocidos todos los entresijos del viaje que se proponían, obtuvo un billete en el mismo barco.

Rosalía llegó al barco tal como le dijera Daniel. Subió las escaleras hasta la cubierta. Allí fue atendida por el relaciones públicas de la nave, que la acompañó hasta el camarote de la muchacha.

Rosalía, se fue poniendo nerviosa al ver que Daniel no aparecía. Salió a la cubierta en el preciso momento, en que Alejandro subía por la escala. Este, que era el último viajero, hizo que el capitán ordenara iniciar el viaje.

La joven desde la cubierta contempló la estación de embarque en busca de Daniel. El marinero parecía haber abandonado a su suerte, a una Rosalía confusa y dolorida.

Alejandro la quiso consolar. Pero, sus palabras encerraban un reproche. Él ya  sospechaba, que ocurriría. La muchacha se deshizo en lloros sobre los hombros de Alejandro. Y así estaban, cuando el capitán se acercó a la pareja con un mensaje dirigido a Rosalía.

Esta abrió el mismo y pudo leer:

“Amada mía. No te he abandonado. Alejandro, me ha hecho retener por unos amigos suyos lejos del puerto. Acabo de denunciarlo a la policía. En breve estaré contigo”.

Otro marinero se aproximó al capitán con un segundo mensaje.

“Capitán del Maracaibo. Detenga al viajero Alejandro Cantalapiedra. En breve les alcanzaremos”

—Señor Montes, tengo orden de retenerlo hasta la llegada de la policía.

Cuando al cabo de dos horas, una lancha rápida de la policía llegó a la altura del barco, varios agentes subieron a la nave para hacerse cargo de Alejandro.

—Alejandro de los Montes, queda detenido por el robo cometido en el domicilio de los marqueses de Ayala. Así mismo, por ordenar la detención ilegal de Daniel.

Este, que iba con ellos, se abrazó a Rosalía y se dispusieron hacer efectivo su sueño.

Publicado la semana 99. 18/11/2019
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