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ALBATROS 2705

MOMENTOS PARA EL RECUERDO

Al penetrar entre aquellos árboles, que en su día fueron mi refugio ante cualquier problema, recuperé sin proponérmelo los recuerdos más dulces de mi existencia. Estos se agolpaban en mi mente, mientras transitaba por el camino que conducía hacia la casa.

Un mundo de emociones vividas, salían a mi encuentro en aquellos momentos, recordando escenas familiares que había podido disfrutar. A mis oídos no llegaba sonido alguno, por lo que creí que el silencio se había apoderado del lugar. Sin duda, los pájaros continuaban revoloteando por entre ellos, pero mi alma necesitaba de aquel momento para recuperarse.

No quise avanzar más y me detuve. Tomé asiento sobre una pequeña roca y dejé que mis emociones se apoderaran de mí.

El tiempo transcurrió sin que yo fuera consciente del rato que había permanecido en el lugar. Hasta, que un remolino del viento al agitar las hojas de los árboles me indicó, que ya estaba listo para continuar.

Es verdad que los árboles permanecen en silencio, sin embargo, el agitar de sus hojas con la simple brisa, nos dicen mucho de la vida.

Cuando llegué al final del camino me encontré ante la casa en la que había nacido. Ya no era de la familia, pero permanecía intacta como la recordaba.

Al acercarme ante su puerta y en el momento en el que iba a llamar, apareció en el umbral una anciana. Su sonrisa era franca y me preguntó a quien buscaba.

Después de indicarle que yo había nacido en aquel lugar, la mujer sonrió.

—Ya sé quién eres —me dijo, mientras sus ojillos sonreían.

—¿Quién le ha dicho que vendría?

—Nadie. Pero, tú eres Martín, el pequeño rebelde que no obedecía a nadie. ¿No me recuerdas?

—Lo siento, no.

—Soy Caterina, tu profesora en el colegio de Navia.

Enrojecí de vergüenza, al recordar la cantidad de trastadas que había hecho a la mujer. Por aquella época era de todos conocido como el pequeño satán.

—No te aflijas Martín, pero reconocerás que eras un verdadero demonio

—Si señora, lo reconozco y le pido perdón por las situaciones embarazosas a las que la sometí. No sabe el pesar que ahora siento.

—¡Oh! Tranquilo. Pero ya ves, que aún me acuerdo de ti.       

Invitado a entrar pude ver que algunas cosas habían cambiado al igual que nosotros lo habíamos hecho. Ella, una mujer retirada y yo, aunque más joven, caminaba hacia el mismo objetivo.

Publicado la semana 90. 16/09/2019
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Relatos , En cualquier momento
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